Cierto día, el poderoso mandarín Ku Ñao solicitó la presencia de su discípulo, Par Di Yo, a través del tradicional procedimiento del viril berrido:
- ¡PAR DI YOOOO! ¡Acude a mi celestial presencia, lagartija de montaña!
- Oigo y obedezco, Maestro – dijo Par Di Yo, que pareció brotar del mismo suelo del despacho del gran mandarín.
- Par Di Yo, jumento de los prados, atiende bien, porque tenemos un nuevo y consultoril proyecto que echarnos a las fauces. Le he vendido al Ban Ko Xo-Ri-Zo que vamos a desarrollar el Ta-Len-To en su compañía.
- ¿El qué, Maestro?
- ¡El Ta-Len-To, zanahoria mongoliana! ¡Espabila tu aletargado cerebro, Par Di Yo!
- Pero, Maestro, ¿cómo vamos a desarrollar algo que no sabemos lo que es? ¿Qué significa Ta-Len-To? Primero habrá que definirlo bien, y luego...
- Tienes menos Se-So que una berza silvestre, Par Di Yo. A este paso, nunca serás un mandarín de provecho, Ka-Pu-Yo de flor de té. ¿No te das cuenta de que hay que hacer todo lo contrario?
- ¿Todo lo contrario, Maestro?
- ¿No te das cuenta, Cen-To-Yo, lo que ocurre cuando defines bien un concepto?
- Bueno, Maestro, si un concepto está bien definido, podrá ser evaluado correctamente y además,...¡Oh! Creo que ya sé por dónde vais, Maestro.
- Evidentemente, Par Di Yo. ¿No ves que a mí eso no me interesa nada? Si algo está bien definido, las cosas están claras. Pero el mandarín debe moverse en la sutilidad y en la indefinición. A mí me conviene utilizar siempre conceptos abstrusos, confusos, teóricos, metafóricos, crípticos y místicos. ¿Adivinas por qué, hongo con patas?
- ¿Porque así puedo hacer lo que me dé la gana, Maestro?
- ¡Albricias, Par Di Yo! Veo que no todo está perdido, almeja de río. Efectivamente, si el concepto no está bien definido, el cliente nunca me podrá pedir cuentas. ¿Cómo podría, si no sabe lo que es el Ta-Len-To? Así, cualquier cosa que hagamos deberá darse por buena. ¡Oh, es tan cómodo navegar en el proceloso océano de la indefinición! Así que recuérdalo bien, Par Di Yo: nada de claridad, todos los conceptos que utilices con un cliente deben ser tan amplios como para poder significar cualquier cosa. De ese modo, siempre significarán lo que a ti te convenga. ¿Lo Pi-Yas, Par Di Yo?
- Lo Pi-Yo, Maestro.
- Pues desfila, codorniz cantonesa. A ver si al próximo le vendemos que le vamos a medir el alma, je, je, je.
- Oigo y obedezco, Maestro.
Y así fue como Par Di Yo aprendió que la vaguedad puede utilizarse como herramienta de gestión. Y los escribas recogieron la enseñanza para la posteridad:
Los conceptos vaporosos
favorecen al taimado
porque lo que es gaseoso
no puede ser sopesado.
Y así cualquier resultado
puede ser justificado
ya sea carne, o sea pescado.






