viernes, 14 de agosto de 2009

La cacería

- Éstate quieto y no hagas ruido, Troglo, no vayas a espantar las piezas – me dijo mi loro, Puto Bocazas.

- ¿Crees que habrá suerte, Puto Bocazas?

- Seguro, soy un experto en las costumbres de estos animales. Tarde o temprano, pasará por aquí.


¡Es la emoción de la caza! Estamos agazapados, confundiéndonos con el terreno, esperando avistar nuestro objetivo. A mí antes no me gustaba esto de cazar, pero he de reconocer que le estoy cogiendo el gustillo. Y es que esto no es cazar mariposas, aquí hay que utilizar armas de grueso calibre. No os digo más que Puto Bocazas ha tenido que inventar unos rifles que se cargan con sandías, fijaros el calibre.


- ¡Chissst! – dice Puto Bocazas - ¡Oigo algo!


Sí, yo también lo oigo. Al principio, no es más que una sutil vibración del aire. Después, esa vibración se transmite al terreno. Sentimos en el suelo como nuestra presa se va aproximando, ¡bom! ¡bom! ¡bom!, cada vez más fuerte.


- ¡Se está acercando, Puto Bocazas! ¿Qué especie crees que será?

- Por el ruido que hace, yo creo que es un reggaeton.

- ¡Qué suerte! ¡Una pieza de las buenas!

- ¡Calla! ¡Mira!


Y entonces aparece, dando la vuelta a un recodo, majestuoso, un magnífico ejemplar de gilipollas de litoral. Montado en su coche de macarra con pretensiones, con las ventanillas bajadas y el reggaeton (sí, efectivamente, es de la subespecie reggaeton) a todo volumen. Según se acerca, el suelo tiembla, el ruido es ensordecedor, ¡BOOM! ¡BOOM!. ¡Qué emoción! Eso sí, para poder cazarlo, hay que conocer sus costumbres, que por suerte son bastante regulares. El gilipollas de litoral suele tomar siempre la misma senda, pasando varias veces con el coche por el mismo sitio con la música a toda hostia. Esto hace pensar que el animal no va a ningún lugar ni está buscando sitio para aparcar, sino que es una conducta de galanteo ante las hembras y a la vez de transmitir su condición de macho dominante imaginario.


- ¡Apunta bien, Puto Bocazas!

- No me pongas nervioso, Troglo. Lo tengo en el punto de mira. ¡Eso es, acércate un poquito más, un poquito más…!


¡PAM! ¡CATACROC!


- ¡Toma ya! ¡Ja, ja! ¿Has visto que sandiazo, Troglo? ¡En plena cresta!

- ¡Muy buena, Puto Bocazas! ¡El próximo me toca!

- Venga, vamos a arrancarle los altavoces, para colgarlos en la sala de trofeos.


Y es que el gilipollas de litoral no es una especie en peligro de extinción. Pero le estamos poniendo remedio.

9 comentarios:

artal dijo...

si, troglo, a veces apetece dar caza a alguno de esos "sordos" dispuestos a socializar su sordera.

Dr.Krapp dijo...

Lo lleváis crudo, hay fábricas de gilipollas de litoral hasta en el más apartado rincón estival. Ellos no sienten la crisis, se reproducen de forma asombrosa y además tienen hijos putativos -verbigracia, jóvenes adolescentes a los que les han regajado la moto por solo suspender 4 asignaturas en la ESO-. Me temo que dejareis Villaconejos sin melones ni sandías y ellos seguirán en danza y sazón.

Troglo Jones dijo...

Saludos:

Sí, Artal. Hay algunos espectaculares, se les oye casi medio kilómetro antes. Yo les aconsejo que, al menos, cierren las ventanillas. Se quedarán sordos más rápido.

Sí, Doc, esto sí que es una pandemia y no la gripe. Son como los topillos. Es posible que no consigamos acabar con ellos pero, ¿y lo bien que nos lo pasamos?

Abrazos.

Ralph dijo...

Lo mejor de todo es que no importa el ruido que hagas cuando intentes cazarlo, no se va a enterar, eso sí más te vale acertar a la primera porque como llame a los colegas te puedes ver en un lio je je je. Saludos.

Hector Aguilera S. dijo...

Por favor Troglo, cuéntame que brevaje te dió a beber Puto Bocazas, porque por lo que narras debe ser alucinante.
Un gran abrazo, y me encantó esta historia.

solojazz dijo...

No se te ven muchas ganas de volver a casa, Troglo. En todo caso, si el próximo en la mirilla resulta un Eric Burdon trasnochado (que los hay raros también), déjalo pasar, please.

Saludos

Mr Blogger dijo...

Hay tantas especies y subespecies de gilipollas que aunque se extinga una hay material genético más que suficiente como para que la raza perviva...

Troglo Jones dijo...

Saludos:

Sí, Ralph, ni siquiera oye sus propios pensamientos, si es que los tiene. Por ese terruño hay unas sandías como zepelines, la que menos pesa 12 kilos, así que es difícil fallar, con que le pille de refilón, le defenestro, je, je.

Héctor, eso es secreto profesional, una antigua receta de familia de los loros que te hace entrar en un delirio permanente. Así sí que se "desconecta", je, je. Me alegro que te guste, un abrazo.

Armando, yo te hago caso, pero no puedo responder por el loro. Como pase Eric Burdon con la música a tope y las ventanillas bajadas, lo siento, sandiazo al canto, je, je. Avísale para que pase por otra calle.

Saludos per tutti.

Troglo Jones dijo...

Mr.Blogger, te has colado según tu costumbre. Sí, amigo, la cantidad y calidad de la especie es asombrosa. Antes o después, dominarán la tierra. ¿O la dominan ya?

Abrazos.