En un estilo muy distinto a otras, también me gusta esta original portada. Y es que tampoco es habitual encontrar un trio de jazz neozelandés.
Os dejo también un ejemplo de la música de estos tipos de Twinset, que dedican un tema a una ciudad hondureña, “San Pedro Sula”. ¿Cómo? ¿Qué no habéis estado nunca en San Pedro Sula? Pues yo...bueno, otro día lo cuento. No pongo la alineación, que ya sale en la portada.
El dromedario Pérez estaba tumbado a la sombra de una duna, en el desierto que era su hogar, cuando se levantó, desplegando sus patas con esa elegancia innata de los dromedarios, y dijo:
- Joer, llevo todo el día tocándome los huevos.
Así que el dromedario Pérez volvió a tumbarse y meditó durante dos horas sobre esto, ya que era un dromedario muy filosófico. Entonces, se levantó de nuevo y dijo:
- Tendría que hacer algo.
Así que el dromedario Pérez volvió a tumbarse y meditó durante tres horas más sobre esto. Entonces, se levantó una tercera vez, olisqueó el aire, miró al cielo, y dijo:
- Mejor no.
Y volvió a tumbarse sobre la arena del desierto, a la sombra de una duna. Y de esta manera, el dromedario Pérez se libró de lo que el Destino pudiera tenerle deparado, fuera lo que fuera, que suele ser malo. Pero se lo podía haber ahorrado porque, tres dunas más allá, el Destino, que estaba tumbado a la sombra, se rascó un poco el culo y dijo:
- Joer, llevo todo el día tocándome los huevos. Tendría que hacer algo.
Ya véis que su pensamiento era menos secuencial y más directo que el del dromedario Pérez. Meditó sobre ello tres horas largas, se levantó, se estiró, se rascó otra vez el culo, y dijo:
- Mejor no.
Así que ya sabéis, hay Destino, pero es tan vago que como si no. Y así fue como demostré que existe el libre albedrío, que no es que exista, pero como si sí. Y si por esto no me dan el premio Nobel, ya no sé qué hacer.
Una portada curiosa para un grupo muy poco conocido, el cuarteto del pianista Bob Davis. Jazz, como dice el disco, del norte, de un lugar donde nadie sabía que había jazz, Minneapolis.
Os dejo un ejemplito corto de su música en este “Goose”, original del propio Davis, tipo técnicamente potente, acompañado por Bob Crea al saxo, Stu Anderson al bajo y el batería con tendencia a la épica Bill Blakkestad.
Señoras, señores, buenos días a todos. Soy Troglo Jones, y les doy la bienvenida a esta conferencia, que lleva por título “Gane pasta vacilando a la gente”.
(Aplausos)
Gracias, gracias, damas y caballeros. En el día de hoy, pretendo demostrar que es posible dar un truño de conferencia y, aún así, que la gente te dé pasta.
(¡Ooh! ¡Aah! ¡Imposible! – murmura el público).
Nada hay imposible para el gran Troglo, damas y caballeros. Es una cuestión de estricta planificación. Observen, por favor, la gráfica siguiente, diseñada por mi colaborador, el loro Puto Bocazas. En ella se definen los 4 cuadrantes del desarrollo humano, en función de 2 variables, fealdad e idiotez.
¡Observo que todos los presentes en esta sala se encuentran en el cuadrante 1, je, je, je!
(¡Je, je, je! – los asistentes rien el chascarrillo, sin sospechar que lo digo en serio).
Bien, bien, como les decía, ganar pasta con un truño de conferencia sólo depende de la adecuada planificación. Es muy sencillo, la estrategia comercial consiste en segmentar nuestro producto, en este caso, la conferencia-truño, y dirigirla a nuestro mercado objetivo, los cuadrantes 1 y 2, que están compuestos por idiotas.
(¡Ooh! ¡Aah! ¡Caramba! – murmura el público).
Porque, damas y caballeros, reflexionemos un momento, aunque no tengan costumbre. Si nos dirigimos al mercado de personas inteligentes con un producto tan truñesco como esta conferencia, su reacción natural será huir o darnos una paliza, ¿correcto?
(¡Sí, sí! – dice el público).
Y eso dificultaría nuestros objetivos de ganar pasta por la cara. Si, señoras y señores, háganme caso: ¡el secreto del éxito está en los idiotas! Realmente, la variable fealdad no importa mucho, aunque yo prefiero dar conferencias a personal de buen ver, preferiblemente femenino, que a gente horrenda. Pero este es un factor secundario, concentrémonos en lo que importa: ¡los idiotas, porque pueden hacernos ricos!
(¡Sí, sí, sí! – grita el público).
Es el secreto, damas y caballeros. Si no son capaces de diseñar más que conferencias mierdosas, intenten llenarlas con idiotas. De este modo, su éxito estará asegurado, ya que ningún idiota estará en posición de darse cuenta de que su conferencia es un truño. ¡Incluso dirán que ha sido muy buena!
(¡Sí! ¡Bravo, bravo! ¡Qué buena conferencia!– vocifera el público).
Gracias, señoras y señores, muchas gracias. Ha sido para mí un placer estar hoy con ustedes y compartir los secretos del éxito. No olviden al salir apoquinarle a mi loro, Puto Bocazas, los 300 eurazos por cabeza que costaba esta conferencia, para convertir la teoría en práctica. De nuevo, muchas gracias.
Una de las portadas más delirantemente alucinantes de la historia del jazz. Y yo creo que la foto es de verdad de la casa de Thelonius Monk o, al menos, así me la imagino yo, je, je.
Si ampliáis la foto y buscáis bien, veréis que hay un loro escondido en algún sitio. Es normal en los ecosistemas en los que hay abundancia de güisqui de garrafa, como aquí.
¿Cómo? ¿Nunca habéis estado en Puerto Rico? Pues no sé a qué esperáis, la verdad. Sois una panda de baldaos, coño, sólo vais al Carrefur. Mi loro Puto Bocazas y yo, tras una más que generosa ración de whisky de garrafa nos hemos trasladado mágicamente allí. Y aquí estamos, sorbiendo unos cubatitas para que nos quite el efecto del whisky, je, je.
Calorcito casi de noche tropical en los madriles (ya sé que exagero, pero estoy trompa, ¿qué pasa?). Para ambientar, vamos con el saxofonista boricua David Sánchez, que tocó en su día con la United Nations Orchestra de Dizzy Gillespie, y luego ha grabado bastante. Así como hay latin jazz con más latin que jazz, la mezcla del tío Sánchez es bastante equilibrada, con una tendencia muy jazzy. A mí me mola.
Y el tema, nada menos que el “Lamento borincano”, superclásico de la tierra. Como no váis a Puerto Rico ni nada, pues no sabéis que los ritmos típicos son la “bomba” y la “plena”, y este “Lamento” es una plena, canción del pueblo y sus desdichas. Pero no suena como cuando la canta Caetano Veloso, no.
Acompañan a David su pianista de cabecera, Edsel Gómez, John Benitez al bajo, Adam Cruz a la batería, y los percusionistas Pernell Saturnino, Richie Flores, Juan Gutiérrez y Tito Matos.
Por cierto, ¿a qué no sabéis dónde me compré yo este disco? Pues sí, en San Juan de Puerto Rico. Porque yo lo valgo, ja, ja. "Boorinquéen, la tierra del edén,..."
¡Aarghff! ¡Vaya semana de tanto currar! No puedo ni vigilar al loro, y se ha hecho ministro. Ya sabía yo que acabaría mal.
Hablando de otra cosa, me gusta esta portada de la odisea jazzistica del señor James Rushing, visitando sitios tan emblemáticos para el jazz como Nueva Orleans, Chicago, New York o Kansas City.