domingo, 8 de febrero de 2009

Un sabio


El desierto. El calor abrasador, la inmensidad, la monotonía. Bajo un sol de hierro, demasiado vago para volar, el loro Puto Bocazas caminaba, caminaba buscando...


- ¡Grrr! No podías hacer una historia donde estuviera en una playa del Caribe, Troglo. Tenía que ser el desierto. ¡Ponme por lo menos una gorra, que se me están friendo las plumas de la sesera!

- Puto Bocazas, ¿te quieres callar ya y meterte en el personaje? Pero tienes razón, te voy a poner un gorrito, para que parezcas Thelonius Monk, je, je.


...el loro caminaba, con esos andares que tienen los loros, que parece que van pisándose los pies. Llevaba en la cabeza un pañuelo como los de los obreretes, anudado en cuatro puntas...


- ¡Grrrr!


...sin una gota de whisky de garrafa que llevarse al pico, el loro caminaba con un objetivo. Porque en aquel desierto vivia el sabio Jans, el legendario sabio Jans, poseedor de la más grande de las sabidurías. Nunca nadie lo había encontrado, ni siquiera se sabía si era una leyenda o existía en realidad, pero el loro Puto Bocazas estaba decidido a encontrarlo...


- ¡Como no lo encuentre rápido, yo dimito!


¡Grrr! ¡Está bien! Ejem, ejem. De repente, el loro vió aparecer ante él un oasis. Pero era un oasis tan pequeño que casi se lo pasa, porque sólo tenía una palmera y un charquito de agua. Pero, sentado bajo aquella palmera, había un hombre, un hombre viejo, con un largo pelo blanco, y una larga barba blanca, y...


- ¡Troglo, que hace un calor de la hostia, abrevia!


...y esa pinta que tienen los sabios ermitaños. Entonces, el loro Puto Bocazas dijo:


- El sabio Jans, supongo.


Y el sabio Jans contestó:


- ¡Anda, un loro que habla!

- Ejem, sabio Jans, los loros suelen hablar. Tienes que salir más y eso.

- ¿Qué deseas, loro?

- Vengo de muy lejos a que compartas el tesoro de tu sabiduría conmigo, sabio Jans. Quería preguntarte un par de cosas.

- Adelante.

- ¿Cuál es el sentido de la vida?

- No lo sé.

- ¿Y eso?

- El sentido de la vida depende de cómo se mire.

- Ya. Bueno, pues, ¿tenemos libre albedrío?

- No lo sé.

- ¿Y eso?

- El libre albedrío es un según.

- ¡Pues vaya! ¿Podemos percibir el mundo tal y como realmente es?

- No lo sé.

- ¿Y eso? Ya, ya, no me lo digas. ¿Qué es el tiempo?

- No lo sé.

- ¿Existe una forma correcta de vivir?

- No lo sé.

- ¿Qué soy yo?

- No lo sé.


El loro enarco una de sus plumiferas cejas y miró al sabio con suspicacia. Entonces, preguntó:


- Sabio Jans, ¿cuál es la capital de Pontevedra?

- No lo sé.

- ¿Es que no sabes nada? ¡No me dirás que eso es un misterio, o que según!

- Bueno, no hay mayor sabiduría que admitir la propia ignorancia. Sólo sé que no sé nada.

- ¡Tendrá jeta el tío! A los humanos se la darás con queso, pero yo soy un loro y no cuela. Así que la ignorancia es sabiduría, ¿no? ¡Troglo! ¿Me has hecho cruzar el desierto para hablar con este papanatas?

- Hombre, yo...- empezó a decir el sabio Jans.

- ¡Ni yo ni nada! Si uno es sabio se supone que sabe algo, no pone cara de interesante, suelta frases misteriosas y se deja la barba. Oye, una curiosidad. ¿Cómo llegaste aquí?

- Bueno, la verdad es que yo trabajaba en una noria, pero un día me despidieron por vago. Entonces me cogí una cogorza tal que me perdí y aparecí aquí. Y desde entonces.

- ¡Grrrr! ¡Troglo, quítame de delante a este cantamañanas! A ver como te las apañas para cerrar la historia pero, como dentro de diez segundos no esté en mi sofá con un cubata talla diplodocus, te vas a enterar.


Así, el loro Puto Bocazas se dio media vuelta. El cretinazo Jans le vió alejarse caminando, con esos andares que tienen los loros, que parece que se pisan los pies. Y, ante su vista, como un espejismo con plumas, el loro se fue difuminando en el aire, hasta que desapareció por completo. Y, desde su sofá, con un cubata talla diplodocus, el loro ya no supo si esto fue realidad o fue sueño.


- ¡Un huevo de loro, sueño! ¡Todavía tengo arena en las patas!


Y yo me pregunto, ¿y tú? ¿Sabes cuál es la capital de Pontevedra sin mirarlo en la whiskypedia?

10 comentarios:

Ralph dijo...

Troglo esto es lo que tiene hacer historias con estrellas consagradas, todo exigencias, vas a tenerte que buscar un ayudante de andar por casa para que no sea tan quisquilloso y no quiera un guión adaptado a sus necesidades. Saludos.

Troglo Jones dijo...

Tienes razón, Ralph, es que se ha vuelto un divo últimamente. Con eso de que sabe cual es la capital de Pontevedra, está crecido.

Abrazo.

Mamen dijo...

Curioso, acabo de usar la frase "Sólo sé que no sé nada" para otro comentario, jejeje. Una es así de culta. O de ignorante, según se mire. Con esa frase nunca sabe uno qué pensar y ¡queda de un bien!.

Me ha encantado la historia, jaja.

Bsotes!

Mamen dijo...

Me quite el punto de detrás de la exclamación por favor(cosa que me enseñó Esther hace muuuucho y que siempre se me olvida.) ;-)

Dr.Krapp dijo...

Buen puesto el nombre, habla demasiado tu loro.
Siempre es más sabio quien reconoce lo que ignora que él que presume de lo que ya sabe y se siente satisfecho.
Yo tampoco sé cual es la capital de Pontevedra y no tengo mucha esperanza de saberlo algún día, pero contemplo la posibilidad de conseguirlo.

Troglo Jones dijo...

Saludos:

Es que es una frase muy socorrida, Mamen, je, je. Te quitamos el punto.

Doc, lo malo es que los hay que se creen sabios por ser ignorantes. O que están orgunllosos de no saber, que los hay. La ignorancia merece respeto si pretende superarse, si no, no.

En su caso, lo de Pontevedra tiene más delito, que anda por allí.

Salud.

ESTHER dijo...

¿La ciudad de Pontevedra? je je je He tenido que mirarlo en la whiskypedia. Y es que sin la whiskypedia no soy nadie. je je

El otro día reconocí a tu loro bebiendo en Kloster. Se pidió la jarra de 3 litros de cerveza y no paró hasta que se la bebió toda. En cuanto vi a un loro bebiendo y ligando con las camareras me imaginé que era Puto Bocazas. Se armó revuelo cuando pidió la tercera jarra de cerveza... Y es que tu loro sabe vivir bien. Eso sí, luego estuvimos charlando sobre Eric Dolphy y su época con Coltrane. Me lo pasé pipa.

Bonita historia en el desierto. Y bonita foto. UN BESOTE ENORME.

Troglo Jones dijo...

Esther, es que ya nos hemos hecho adictos de la whiskypedia. Veo que sigues manteniendo buenas costumbres, je, je. No te fies de nada de lo que te diga el loro, que es todo mentira. Y sí, su capacidad de ingesta alcohólica es superlativa, así que tenía que ser él. Todo cuadra.

Me alegro que te guste. Un beso.

Mr Blogger dijo...

Y el sabio Jans observó como desaparecían como granos de arena en una tormenta, como eran tragados por la profundidad del desierto, como se hacían uno con el paisaje y convertían el movimiento dinámico del ser humano que transforma todo aquello por donde pasa en el movimiento suave y pausado de la eternidad del desierto, de la vida latente y anhelante, en el misterio del universo infinito. Y contemplando esto el sabio dijo para si que la mayor sabiduría es saber que no importa lo que tengas o lo que sepas, sino saber usar esos conocimientos y preveer los efectos que tendrán en el futuro tus acciones...

Luego de estas profundas reflexiones y pensamientos, cuando se cercioró que ya no había nadie, desenterró una botella de wisky de las muchas que había cerca de la palmera, a cierta profundidad para evitar que se calentara en exceso y -que demonios- se lo bebió sin paladearlo demasiado, riéndose de la cara que había puesto el loro...

Troglo Jones dijo...

Mr. Blogger, te mueres de ganas de postear, y lo haces en los comentarios, ja, ja. Esto que cuentas sólo podría haberse dado si el sabio Jans hubiera sido sabio de verdad. Y si había botellas escondidas, el loro las hubiera localizado, es como un contador geiger del whisky.

Abrazos.