En cierta ocasión en que el insigne mandarín Ku-Ñao se rascaba el interior de las orejas con sus largas uñas, le visitó en su despacho su inefable discípulo, Par Di Yo:
- Maestro – dijo Par Di Yo – disculpad mi osadía al interrumpir vuestras vitales actividades, pero os traigo las noticias mercantiles que me pedisteis.
- Trae acá, Par Di Yo, mosca aletargada, date prisa. ¿No ves cómo está de volátil la Bol-sa, merluzo oriental? Se ganan y se pierden mandarinatos en cuestión de horas, así que necesito información al segundo. ¡Um, ya veo! Ching más Xuan son cuatro, y me llevo Chou. Me cuadra, me cuadra. Veamos ahora las Bu-Rra-Das que dicen los informes de las agencias de calificación. ¡Je, je, perfecto, me veo comprándome otro yate!
- Maestro, me pregunto cuan sabias deben ser las agencias de calificación al ser capaces de separar el ying y el yang de los negocios.
- ¿Sabias dices, Par Di Yo? Así es, siempre que entendamos por sabiduría la capacidad de engañar a gorilas incautos como tú.
- ¿Cómo decís, Maestro? ¿No se basan los informes de esas agencias en millones de datos escrutados y analizados por algunos de los mejores cerebros de la tierra?
- Par Di Yo, eres más ingenuo que la abeja Ma-Ya. ¿Datos, bestezuela de río? El producto de las agencias de calificación no es otro que el rumor.
- ¿El rumor, Maestro?
- Exacto, ciervo con tres patas. Realmente, las agencias de calificación son una especie de reunión de Ma-Ru-Jas locas con nombres pomposos. Lo que hacen es propalar rumores que tienen el efecto de producir efectos beneficiosos para algunos avispados, como yo.
- ¡Vaya, Maestro! Pero aquellos contra los que va dirigido el rumor se defenderán.
- Par Di Yo, contra un rumor no hay defensa. Si no te defiendes, malo, y si te defiendes, peor. En ambos casos la gente asumirá que el rumor es cierto, por activa o por pasiva.
- ¡Cierto, Maestro, gran astucia! Pero, ¿cuál es el interés de las agencias en soltar esos rumores?
- ¡Jo, jo, jo! El interés es obvio, Par Di Yo, gamba obtusa: la Pas-Tá.
- No lo Pi-Yo, Maestro.
- Escucha bien, cenutrio con coleta. ¿Quién gana dinero especulando con bonos de compañías o con la deuda de países?
- Los mandarines financieros, Maestro.
- Exacto. Ahora dime el nombre de un mandarín financiero de los gordos.
- El Gu-Rú de O-Ma-Ha.
- ¡Bravo, Par Di Yo! El ejemplo viene al pelo de mis bigotes. Porque el Gu-Rú, que es uno de los grandes mandarines especuladores es, a su vez, accionista mayoritario de una de las más gordas de esas agencias. ¿Lo vas pillando, Par Di Yo? Y es sólo un ejemplo.
- ¡Glubs! Ya lo creo, Maestro. Huele a Cha-Mus-Qui-Na de la buena. Eso puede significar que gente como el Gu-Rú pueden influir en lo que la agencia va a decir. O que conoce por anticipado qué dirá, con lo cuál puede forrarse aún más.
- Así es, Par Di Yo. Eso sí, interesa que se crea que estas decisiones se basan en su gran sabiduría, en lugar de ser rumores intencionados.
- Pero, Maestro, algo me intriga con respecto a esa sabiduría. Si esas agencias ya metieron la Pa- Ta, o algo peor, cuando calificaron como Incienso Celestial lo que era Mierda De Dragón, ¿por qué no asumen ninguna responsabilidad ni pierden su crédito?
- ¿Asume responsabilidades la portera de tu casa cuando uno de sus rumores es falso, Par Di Yo, tarugo de bambú? Cuando esto ocurrió, se limitaron a decir que sus sesudos análisis eran tan sólo opiniones, por lo cual no se les podía pedir responsabilidad. Y aquí Zen, y después, gloria.
- ¿Opiniones, Maestro? ¿Cómo podría ser la opinión de cualquiera? ¿Daba lo mismo que lo hubiera dicho el loro? Entonces, ¿por qué les pagan si su opinión no es más fiable que la de nadie?
- De hecho, Par Di Yo, la opinión de un loro suele ser más fiable. Y no seas Ko-Ña-Zo, que ya te he dicho por qué les pagan: son un instrumento de rumorología al servicio de unos pocos listos, como yo, je, je. Ahora, desfila y traeme unos litros de licor de arroz fresquito, que el calor derrite mis mandarínicas meninges.
- Oigo y obedezco, Maestro.
Y así fue como Par Di Yo aprendió la realidad de la cosa. Y los escribas lo recogieron en los versos de rigor, ya se sabe:
Un rumor bien colocado
puede hacer un país crujir
y un pastizal conducir
a manos de espabilados.
Pues como dijo el anciano
y gran sabio Fu- Manchú:
si sale cara, yo gano,
si sale cruz, pierdes tú.







