- Es el momento – se dijo.
La tensión hacía que se mordiera los labios. Sí, era el momento decisivo. El doctor subió la tensión del alimentador, giró los reostatos y abrió el escape de gases. Las luces empezaron a parpadear en el panel de instrumentos, cada vez más deprisa, mientras un insistente zumbido salía de la maquinaria. De repente, el zumbido paró, la maquinaria se detuvo, y todas las luces se pusieron en verde. No fue muy espectacular, pero el proceso había terminado. Ahora,…había que comprobar si funcionaba.
- Rebollo, ¿puede oírme? – dijo el doctor Mengelofis a través de un micrófono.
Las luces de la maquinaria empezaron a parpadear. Y, de repente, el altavoz que tenía acoplado resonó con una voz:
- ¿Ein? ¿Dónde estoy?
¡Éxito! El doctor Mengelofis no cabía en sí de excitación. Consiguió serenarse y dijo:
- Rebollo, soy el doctor Mengelofis, el médico de la empresa. Está usted en el servicio médico de la compañía.
Las luces volvieron a parpadear. Parecía que dudaran. El altavoz volvió a hablar:
- ¿Cómo que en el servicio médico? ¿A mí no me dio un infarto de tanto currar?
- Sí, Rebollo, así fue.
- Y a mí me suena haberme muerto, doctor Mengelofis.
- Pues sí, Rebollo, murió usted, lamentablemente.
Las luces parpadearon furiosamente.
- ¿Y cómo es que estoy aquí, entonces?
- Vera, Rebollo, no “está” aquí exactamente, yo le explico. Resulta que esta compañía tiene un proyecto super secreto. Lo llamamos “Proyecto Talento Recuperado”. Ya sabe lo que nos gustan los nombres chorras y largos, je, je.
- ¡Al grano, Mengelofis!
- De acuerdo, de acuerdo. Vera, a la compañía siempre le ha preocupado que sólo podía explotar a sus curritos talentosos durante una serie de años. Luego palmaban, o se jubilaban hechos polvo, y ya no se les podía sacar más. Para solucionar esto nació el “Proyecto Talento Recuperado”. Lo que hacemos, básicamente, es una clonación de la impronta neuronal del sujeto.
- ¿Lo qué?
- Es una fotocopia del cerebro del pringao en cuestión. Eso permite preservar su experiencia y sus conocimientos. Luego, cuando palma, la fotocopia se carga en esta maquinaria y hace que vuelva a funcionar. Como si fuera el software de su cerebro.
- ¿Me han resucitado? ¿Eso es legal?
- ¡Ja, ja, pero Rebollo, casi nada de lo que hace esta empresa es legal! No le hemos resucitado, está muerto, pero es como si hubiéramos copiado su cerebro y le pusiéramos en otro soporte. Realmente son datos, unos y ceros, pero sigue siendo usted. Como le dije, se trata de no perder el talento.
- ¿Cómo lo han hecho?
- Bueno, ¿se acuerda esos fluorescentes tan porculizantes que hay en la oficina, que de vez en cuando parpadean? Son fotocopiadores neuronales. Así no se escapa nada.
- ¿Y para qué todo este rollo?
- Sencillo, Rebollo, para que pueda seguir currando.
- ¡Y una mierda! ¡Yo ya curre hasta morir! ¡Mándeme ahora mismo a la papelera de reciclaje y elimíneme! ¡Tengo mis derechos! ¡Le denunciaré!
- Rebollo, Rebollo, tranquilícese, hombre. La compañía no quiere perder su inversión en usted. Realmente, no tiene usted derechos, porque está muerto. Así que tampoco le vamos a pagar ni nada. ¿Denunciarnos? Si usted ya no existe. Como además es un software, no se cansa, así que le vamos a tener currando permanentemente. Por los siglos de los siglos. ¡Hala, venga, que le voy a introducir unas cifras a ver si para mañana me saca un plan de marketing!
- ¡No pienso hacer nada! ¡No puede obligarme! ¡Me quedaré pensando en las musarañas!
- Hemos previsto esta eventualidad, Rebollo. Si me obliga, insertaré en su entrada de datos la grabación del debate sobre el estado de la nación, una y otra vez. ¡Se volverá tarumba, Rebollo!
- ¡No, eso no! ¡Cualquier cosa menos eso!
- Así me gusta, Rebollo. Pues hale, a currar, que hay que levantar el país.
P.D: Si el infierno existe, debe ser algo así. ¿Podrá vengarse Rebollo algún día?






