martes 30 de diciembre de 2008

In Memoriam: Freddie Hubbard


Ayer se nos fue uno de los grandes, Freddie Hubbard. Trompetista en la tradición Clifford Brown-Lee Morgan, para mí ha sido uno de los gigantes del jazz. Siempre me gustó especialmente.


Creo que no exagero si digo que Freddie ha tocado con todo el mundo. Y su trompeta, además de en sus propios discos, está en algunas de las grabaciones más importantes que se han hecho en el jazz, como “The blues and the abstract truth”, de Oliver Nelson, “Out to lunch” de Dolphy, “Maiden Voyage” de Herbie Hancock, “Speak no evil”, de Wayne Shorter...y tantos otros.


Freddie compuso este “Lament for Booker” en memoria de su amigo el también trompetista Booker Little, fallecido a los 23 años. Que nos sirva hoy como un “Lament for Freddie”, y como un homenaje a toda su música. Le acompañan James Spaulding, flauta, Herbie Hancock al piano, Reginald Workman al bajo y Clifford Jarvis, batería. La foto es de Francis Wolff.



lunes 29 de diciembre de 2008

El Antisistema


Erase una vez, en el mundo de Oz, en un mundo de princesas, unicornios y arco iris radiantes, que había un malvado antisistema. Fijaros si era malo el antisistema que decía que las cosas eran injustas, que estaban mal hechas, y que había que cambiarlas. La sola aparición del antisistema hacia que los animalitos se escondiesen, y que los bebés se pusieran a llorar en sus cunitas. Hasta la bolsa bajaba por culpa del antisistema.


Hasta que llegó un día que el antisistema quemó su último contenedor y se comió su último niño. Pese al peligro de sus palabrotas, setecientos valientes policias lo rodearon y consiguieron reducirle. Y el malvado antisistema fue condenado a callarse y no joder la pava más, que aquí todo va dabuten. Y si no, que se fuera a Cuba, a ver si le gustaba más.


Niños y niñas, siempre que veáis un antisistema, correr y gritad muy fuerte, y llamar a papa y a mama y a la policia. Para que no os equivoquéis, os dejamos este dibujo del malvado antisistema.


Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.


Moraleja: Antisistema no sé, pero yo hay días que me liaba a hostias y me quedaba solo.

sábado 27 de diciembre de 2008

El Gran Brun

Durante muchos años existió en Venice, California, en el 711 de Venice Boulevard, una barbería. Aunque uno no necesitara un corte de pelo, podía entrar en aquel lugar, aspirar esos olores de barbería de antaño, y decirle al vejete arrugado que la regentaba, “Buenos días, ¿el señor Brun Campbell?”.


“¿Desea el señor cortarse el pelo?”, os diría aquel tipo con aire socarrón. “No, señor. He venido a por algunas historias de Scott Joplin y los tiempos del ragtime”. Porque lo cierto es que aquel tipo no cortaba demasiado bien el pelo, pero era Brun Campbell, y sabía contar historias. Sonriendo, se levantaría de su silla, dejaría su periódico, daría la vuelta al cartel de la puerta, colocando el “CLOSED”, se sentaría, encendería un puro, y os contaría una historia increíble, su historia. La historia de un muchacho de 14 años que tocaba el piano, y al que en una ocasión, tocando en una tienda de instrumentos musicales en Oklahoma, se le acercó un mulato impecablemente vestido, le entregó una partitura, y le preguntó: “¿Puedes tocar esto para mí?”. Aquello se llamaba “Maple Leaf Rag”. El año era 1898, y la vida de Brun Campbell nunca volvió a ser la misma. “¿Quién ha escrito esto?” le preguntó al elegante desconocido. Y supo entonces que existía un tal Scott Joplin, y que vivía en Sedalia, Missouri. En aquellos tiempos, las cosas eran más simples. Así que Brun, simplemente, se fue a Sedalia a buscar a Scott Joplin para que le enseñara. Lo encontró. Y fue su primer y único alumno blanco.


Brun os contaría también como conoció a otros grandes del ragtime, Otis Saunders, aquel elegante desconocido, o Scott Hayden, o los hermanos Turpin. Y luego os haría partiros de risa y abrir la boca de asombro con sus aventuras tocando en saloons y teatros, o de cómo tocó para Buffalo Bill, o Bat Masterson, o forajidos como Emmett Dalton. Bueno, hay que reconocer que, con Brun, uno no sabía muy bien donde acababa la realidad y empezaban sus fantasias, pero no importaba demasiado. Después, con una cierta nostalgia en la voz, Brun os contaría que se retiró de la música en 1908, cuando se casó y tuvo que buscar un trabajo serio. Abrió esta barbería en 1928.


Entonces os dariais cuenta de que en la barbería hay un piano vertical, bastante vetusto. Puede que Brun no os contara la historia del piano, pero el piano tenía su historia, la historia más importante, pues es la que convirtió a Brun Campbell en el Gran Brun. Tras varios años alejado del mundo de la música y dedicado a su barbería, Brun se enteró de que Lisotte, la viuda de Scott Joplin, estaba en una situación económica desesperada. Lo que hizo Brun fue comprar ese piano y llevárselo a la barbería. Luego, creó una editora de discos, “Brun”. Y grababa en la barbería. Cosas como “Maple Leaf Rag”. Y otras piezas de Joplin, todo de Joplin. Porque sólo grababa con un objetivo: poder pagar derechos de autor a su viuda, y ayudarla de aquella manera.


¿Veis ahora por qué le llamo el Gran Brun, aunque nadie le conozca ni le recuerde? Porque, a veces, en un mundo desbocado y egoísta, un barbero de Venice nos recuerda lo que seguimos siendo: humanos.


En fin. Si estaba de buen humor, Brun Campbell se despediría de vosotros con este “Barber Shop Rag”. Que tenga un buen día, señor.



viernes 26 de diciembre de 2008

Carta de reclamación de un loro a Papa Noel


Estimado Señor Noel:


Mi nombre es Puto Bocazas, de profesión, loro. Mi autoproclamado propietario, al que usted seguramente conocerá, es un chiflado tacaño y rastrero llamado Troglo Jones, exdirector de operaciones.


Me pongo en contacto con usted para hacerle constar mi malestar respecto a la calidad de los regalos entregados por su compañía este año.


En primer lugar, la caja de pienso para loros que he recibido puede calificarse como de calidad inferior. Aunque yo prefiero, y creo que es más ajustado a la realidad, calificarla como mierdosa. En lugar de enviarme el “Loro´s Delicatessen” elaborado por Ferrán Adriá que solicité, me entregan una bazofia que no se tragaría ni un avestruz drogada.


En segundo lugar, la piedra de afilar picos “Gilito Mach-3” que me han traído se parece sospechosamente a un ladrillo mangado de una obra.


En tercer lugar, no he encontrado en los paquetes recibidos rastro del Rolex de oro y diamantes que constaba claramente en mi pedido. Parece que ha habido cierta confusión. En su lugar he encontrado un teléfono de plástico lleno de gominolas.


Ante una falta de seriedad semejante por su parte, me veo en la obligación de comunicarle que, a menos que estos errores se subsanen de inmediato, iniciaré acciones contra su compañía. Resumiendo, se va a cagar.


Por último, dígale de mi parte a Troglo que es un rata miserable porque, aunque estoy acostumbrado a vivir en los árboles, no me he caído de un guindo, y lo de “Papa Noel” no cuela.


Quedando a la espera de sus noticias y planeando mi venganza, reciba un cordial insulto de


Puto Bocazas

jueves 25 de diciembre de 2008

Navidad...¿para todos?

El amigo Ralph me recordó hace unos días que hay NAVIDADES y navidades, y me trajo a la cabeza un viejo villancico de Carlos Mejía Godoy, que tenía toda la mala leche del mundo encerrada en una amable musiquilla. Aunque podamos cambiar algunos nombres, desgraciadamente las cosas no han cambiado demasiado.


Feliz Navidad...para todos.



martes 23 de diciembre de 2008

Filosofía alienígena


La esbelta nave extraterrestre orbitaba la Tierra. Era indetectable para la tecnología humana. Dentro, el comandante alienígena Garrafaxx y el oficial alienígena Kubataxx, moviendo sus múltiples tentáculos entre decenas de controles y botones, se preparaban para realizar sus observaciones diarias del cada vez menos azul planeta.


- ¡Preparados para muestreo aleatorio de sujeto humano, comandante!

- Bien, oficial. Active el Porterascopio.


El sensible Porterascopio era capaz de seleccionar cualquier terráqueo al azar y registrar todas sus acciones durante el tiempo que se considerara necesario. Esto proporcionaba valiosos datos para las investigaciones de los extraterrestres. El cacharro hizo: ¡Pi! ¡Po! ¡Pi! y en las pantallas de observación apareció un humano con corbata de aspecto no demasiado espabilado.


- ¿Cuál es el nombre que designa al sujeto, oficial Kubataxx?

- Según los datos, el sujeto es designado como “Genuino Menganizo”, comandante.

- Curiosos nombres los de los terráqueos. ¿En qué lugar se encuentra, Kubataxx? La contaminación sonora registrada por el Porterascopio es elevadísima.

- Comandante, la computadora informa de que el sujeto se encuentra en un recinto conocido como “BAR”. Parece que los humanos son muy aficionados a reunirse en estos lugares por manadas y berrear, como ciervos del espacio.

- Ya veo. Anotemos, Kubataxx: “conducta gregaria”. Ahora, el sujeto introduce objetos de metal en una especie de máquina, que posteriormente acciona con una palanca. Sin embargo, la máquina no parece tener ninguna función, más allá de la de hacer extraños ruidos y combinaciones de luces.

- Según la computadora, el objeto se llama “tragaperras”, comandante Garrafaxx. No está claro, pero parece que su única función es recoger esos trocitos de metal. Debe ser algún tipo de planta de reciclaje.

- Hum, no sé. Es demasiado ineficaz, hasta para la escala humana. ¿Qué hace ahora el sujeto, Kubataxx? Active audio.

- ...prtt...¡cagonlospecesdecolores!...prttz...¡madrequeparió!...

- ¿Esta el sujeto dando instrucciones verbales a la máquina, Kubataxx?

- Comandante Garrafaxx, sé que es difícil de creer, pero la computadora identifica las verbalizaciones del sujeto como “maldiciones”. Parece que el sujeto insulta a la máquina por algún motivo.

- ¿Insultarla? ¿Y qué puede conseguir insultando a una máquina? ¿Por qué lo hace?

- Humm, la computadora deduce que el terráqueo quería que la máquina le diera trocitos de metal, comandante.

- Si quería los trocitos, ¿para qué los metió en la máquina, entonces? Y luego la insulta, como si pudiera entenderle. ¡Estas observaciones son absurdas, Kubataxx! ¡Menuda especie! ¿Qué hace ahora?

- ....¡PACOOO! ¡Dime qué te debo, y dame un decimito para Navidad, salao!...

- ¡Traduzca, oficial Kubataxx!

- Comandante, parece que el berrido troglodítico registrado como “¡PACOOO!” designa al sujeto con camisa blanca situado detrás de esa especie de mostrador, y que los humanos catalogan también como “¡CAMAREROOO!”.

- ¿Y qué intercambian ahora, Kubataxx? El sujeto le da unos papeles con dibujos, y “¡PACOOO!” le entrega otros parecidos.

- Ampliemos imagen, comandante. Parece que lo que el sujeto entrega a “¡PACOOO!” es “dinero”, el artificio que usan los humanos para conseguir cosas. “¡PACOOO!” le entrega lo que la computadora identifica como un “décimo de lotería”.

- ¿Cuál es la utilidad del “décimo de lotería”, Kubataxx?

- Parece que el "décimo de lotería" proporciona al sujeto la probabilidad de obtener más "dinero", comandante.

- ¿Qué probabilidad?

- La computadora está calculando, comandante Garrafaxx. Aquí está. Parece que la probabilidad de que se dé la situación que el sujeto desea es de una entre catorce millones, millón arriba o abajo.

- ¡Qué absurdo! Esa probabilidad es despreciable en cualquier torcedura del Universo. Es equivalente a cero.

- ....¿QUÉ PASA, KUÑAOOO?...

- ¡Aarggh! ¡Por los agujeros de gusano, qué gritos! ¿Qué hace ahora el sujeto, Kubataxx?

- Comandante, parece que el espécimen designado como “KUÑAOOO”, tiene algún tipo de relación indefinible con el sujeto.

- ¡Y de nuevo se repite la conducta de intercambio de "dinero" por “décimos de lotería”!

- La computadora deduce que el sujeto trata de incrementar sus posibilidades. Ahora tiene dos entre catorce millones, más o menos.

- ¡En toda mi carrera he visto una conducta semejante, Kubataxx! ¿Cuánto “dinero“ está empleando el sujeto en “décimos de lotería”?

- Veamos, tras el análisis espectroscópico del artilugio conocido como “cartera” del sujeto, parece que se ha gastado unos "300 euros" en "décimos de lotería".

- Entonces, sus probabilidades de obtener más “dinero” siguen siendo infinitesimales.

- Así es, comandante. Sin embargo, es una cantidad de "dinero" alta para el estándar terráqueo, lo que designan como "una pasta".

- ¿No se da cuenta el sujeto de que, si lo que desea es tener “dinero” sería más inteligente conservarlo en lugar de hacer una inversión tan ruinosa? ¿Tiene algún tipo de anomalia mental?

- Los sensores no lo detectan, comandante. Parece ser un comportamiento normal en la especie.

- ¡No puedo creerlo! ¿Cómo sabe el sujeto el resultado de su inversión?

- La computadora informa que se celebra un acto conocido como “sorteo”, en el que se designan los “décimos de lotería” que obtienen "dinero". Se celebrará en unas horas terrestres, comandante.

- Bien, avance cuarto y mitad hacia el futuro, Kubataxx. Quiero ver la reacción del sujeto.

- Allá vamos, comandante. Aja, aquí está. Parece que el sujeto debería estar lo que los humanos conocen como “trabajando”, pero está pendiente de ese primitivo aparato de radio...

-.....¡TREINTA MIL QUINIENTOS CATORCEEEE!.....¡TRES MILLONEES.....!

- ,,,prfff...¡MECAGONMICALAVERA!...

- ¿Qué pasa, Kubataxx?

- Comandante, parece que el sujeto recurre de nuevo a las “maldiciones” para demostrar su disconformidad con la no ocurrencia del suceso esperado.

- ¡Y ahora destruye furiosamente los “décimos de lotería”! ¡Qué conducta tan primitiva! Pero, ¿de verdad esperaba la ocurrencia con esas probabilidades en contra? ¡Asombroso! ¿No tienen los humanos otra posibilidad de obtener "dinero"?

- Lo curioso del caso es que parece que pueden obtenerlo “trabajando”.

- ¿Es posible? ¿Con qué probabilidades?

- Comandante, parece que “trabajando” las probabilidades de obtener “dinero” son del 100%, aunque en cantidades limitadas.

- ¿Se esfuerzan para tener cantidades limitadas de “dinero” y luego lo invierten en algo como “décimos de lotería”? ¡La nebulosa que los parió! ¿No sería mejor que pensaran formas más racionales de obtenerlo? ¡Por mis tentáculos, qué especie más rara!

- Comandante, la base de datos de la computadora muestra que una filósofa terráquea, Amparo Ochoa, se ocupó de este asunto y otros similares en un documento de audio que los humanos llaman “canción”. ¿Desea que lo escuchemos?

- Escuchémoslo, a ver si nos sirve para entender algo. Ah, y Feliz Navidaxxx, oficial Kubataxx.

- Feliz Navidaxxx, comandante Garrafaxx.



domingo 21 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

Sí, ya sé que no me he escoñao con el título del post. Pero a ver, que al final se me echa la Nochebuena encima y no he puesto ningún villancico. A ritmo de jazz, claro está Así que aquí va, Dianne Reeves y el hiperfamoso “Jingle Bells”. Disfrútenlo.


No os paséis comiendo y bebiendo, que nos conocemos. En estas fechas en las que hasta a mi loro, el malvado Puto Bocazas, se le suaviza un poco la mala leche, desear a todos una muy Feliz Navidad. Muchas gracias.



viernes 19 de diciembre de 2008

Teoría de la Deshuevación Cuántica

Cuando se despertó aquella mañana, Blumental Primero se notó raro. Entonces se dio cuenta de que estaba al revés. Donde debería tener la cabeza, tenía los pies, y la cabeza donde los pies. Así que se levantó, lanzándose de cabeza al suelo y, en vez de vestirse como las personas de bien, por los pies, empezó a vestirse por la cabeza. Claro que al estar la cabeza en el sitio de los pies, ¿no significaba esto que se estaba vistiendo como las personas de bien? Blumental Primero anotó esta paradoja con la mano izquierda, que estaba donde debía estar la derecha, en la última página de su cuaderno, que estaba en el lugar donde debería estar la primera, y se propuso revisarla cuando tuviera tiempo.


Blumental Primero se sentó sobre sus hombros en la silla, concretamente en las patas, que estaban donde debía estar el asiento, y en esta incómoda posición se puso a reflexionar con los pies. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?, preguntose. Así que recapituló, a ver si encontraba alguna explicación. Y pensando, pensando...


“Sube la cotización en Bolsa de las empresas que despiden gente”, pensó Blumental. “Los honestos son considerados imbéciles, y se premia a quien no tiene escrúpulos”, se dijo después. “En vez de ayudar a los pobres, ayudamos a los bancos”. “Los gobiernos, que deberían servirnos, son nuestros amos”. ¡Ya sé que ha pasado!, dijo Blumental Primero, dándose una palmada en el empeine. ¡Esto es una variante de la teoría de la evolución! Como sucedían todos estos disparates y viviamos en el mundo al revés, la naturaleza, que es sabia, se ha adaptado para evitar un colapso cósmico, y lo ha puesto todo patas arriba para que cuadre con la realidad. Pero esto tiene arreglo, sólo hay que empezar a hacer las cosas bien para que todo vuelva a ser como debería ser.


Y allá que se fue Blumental Primero a pregonar su descubrimiento. Pero sucedió que, al ponerse los calcetines para no tener frío en la cabeza, no veía ni jota, así que se cayó de pies escaleras arriba, partiéndose la crisma al llegar al ático. Y así estamos desde entonces.

miércoles 17 de diciembre de 2008


Hay que reconocer que, para dedicarse al jazz, es un buen comienzo haber nacido en Nueva Orleans, de padre saxofonista y madre pianista. ¡Así cualquiera! Eso sí, también hay que reconocer que, para destacar en cualquier cosa, llamarse John Johnson es un palo, porque es un nombre bastante soso. Por eso, un apodo como “Plas” ayuda lo suyo.


Así que hoy os presento al saxofonista Plas Johnson, que es un músico al que casi nadie conoce y al que, sin embargo, todos hemos oído tocar en múltiples ocasiones. ¿Que cómo es esto posible? Pues resulta que el amigo Plas trabajó sobre todo como músico de estudio, en Hollywood y esas cosas. Y perteneció durante años a la banda del hiperfamoso Henry Mancini (cuatro Oscars le contemplan). Y resulta que la orquesta de Mancini grabó la banda sonora de...¡tachán!, “La Pantera Rosa”. Así que cada vez que oigáis la introducción de “La Pantera Rosa”, recordar que ese saxo sugerente que escucháis es el de Plas Johnson, inmortalizado ya para siempre.


El amigo Plas tiene un sonido muy peculiar, muy suyo, muy calido, ese sonido que los americanos suelen llamar “furry” (algo así como “afelpado”, “aterciopelado”), también con cierto toque a lo Ben Webster, y que le hace casi instantáneamente reconocible. Cuando salía de los estudios, su música está bastante influida por el gospel, y tiene cierta tendencia al R&B, como uno de sus saxofonistas favoritos, Illinois Jacquet. Aunque era (aún es, ojo) un músico muy versátil.


Con ese sonido, es el músico ideal para cuando tenéis planes románticos. Aunque no tanto este standard, que se llama “Just friends”, y puede confundir sobre vuestras intenciones, je, je. Le acompañan una serie de grandes músicos de estudio, Emil Richards al vibráfono (que tocó con gente como Don Ellis, Kenton, Sinatra o hasta Frank Zappa), Burkley Kendrix al órgano (compañero en varias ocasiones del guitarrista Howard Roberts), Jimmy Bond al bajo (tiene miga llamarse James Bond, podéis oirle en muchos discos de Chet Baker, aunque ha tocado con mucha gente), y se supone que es Earl Palmer a la batería (muy asociado al R&B, tiene incontables grabaciones con gente como Little Richard, Tom Waits, Peggy Lee o Gillespie). Ahí vamos, simple, sencillo y directo. Porque el jazz también es así.



martes 16 de diciembre de 2008

Qué vagas son las hojas

Que digo yo que qué vagas son las hojas. No hacen más que ponerse ahí, en blanco, y, hala, uno tiene que llenarlas de cosas, de letras. Y no te ayudan nada, las jodías. Se quedan ahí, esperando, diciendo, a ver, pringao, a ver qué se te ocurre. Y si no se te ocurre nada, te miran raro, encima, como que se cachondean. O te crees que se te ha ocurrido algo interesante, y cuando lo pones sobre la hoja, no sé qué hace la hoja, lo modifica o algo, pero escrito te parece una idiotez, y dices, soy subnormal. Y antes te vengabas arrugando la hoja, todo iracundo, y la hacías una pelota, y se la tirabas al loro. Pero ahora, con el ordenador, ni eso te queda.


Pero ya paso de todo. Que se las apañe la hoja, hombre, que ya estoy harto de currar sólo yo. ¿No es tan lista? Pues, hala, aquí la dejo, en blanco, y a ver qué hace, y cuando acabe, que me llame para firmar, como a los directores de operaciones. Ya que es tan fácil inventar, hala, hala. Que aquí mucho sabemos criticar, pues a ver qué sabemos hacer.


Y esto se lo dedico a Mario Benedetti, que se fastidie, en venganza por escribir él tan bien y yo tan mal.

domingo 14 de diciembre de 2008

Sorteo de Navidad

Si hay algo que no me gusta de estas entrañables fechas navideñas es que vienen a mi casa, cual plaga de langosta, mis 25 hijos, pretendiendo comerse mi jamón especial para las depresiones y encima que les dé aguinaldo.

- ¿Y de dónde has sacado tú 25 hijos, Julio Iglesias? - me pregunta mi sarcástico loro, Puto Bocazas.

Pues no sé, la verdad. Yo creo que, en realidad, son gorrones que se hacen pasar por hijos. No es que sea mal pensado, es que hay uno que tiene como 20 años más que yo, y yo tan precoz no he sido en mis relaciones como para tener hijos antes de haber nacido. Y otro es un bisonte, y yo creo que de una relación con una bisonta me acordaría, ¿no?

Así que este año he decidido sortear los hijos, en la campaña "Siente un hijo a su mesa". Los que leáis esto tenéis que elegir un número del 1 al 25, todos tienen premio, a ver que hijo de Troglo os toca. Si no elegís, los sortearé yo mismo, al azar. Qué emoción. Suerte.

martes 9 de diciembre de 2008

Flip

Recuperamos hoy a un saxofonista que, a pesar de pasarse 50 años dando guerra, la mayoría de la gente no recuerda, o recuerda muy poco, Flip Phillips. El bueno de Flip, Joseph Edward Filipelli de nacimiento, trabajó en bandas como la de Benny Goodman, Red Norvo, o incluso con la de uno de los músicos de jazz más peculiares que en el mundo han sido, el trompetista Wingy Manone, al que faltaba el brazo derecho (llamándose Manone, parece cachondeo). El más importante de todos, sin embargo, fue su trabajo con Woody Hermann, donde formó parte del famoso First Herd, o “primera manada” del amigo Woody.


Flip fue un músico activisimo en el famoso “Jazz at the Philarmonic”, aquellos conciertos organizados por el empresario Norman Granz, que unían a músicos swing con músicos bop en una especie de grandes jam sessions. Aquí traemos uno de estos, el de septiembre del 47, en el Carnegie Hall de Nueva York. Siempre se asocia a Flip Phillips con este tema, “Perdido”, de Juan Tizol. A Flip le encantaban esas “batallas”, en las que los músicos se medían entre sí, y aquí está especialmente eléctrico, haciendo quizá la interpretación más recordada de toda su carrera. Os recordará un poco a su gran influencia, “Big” Ben Webster. Con 80 años, Flip todavía hacia estas cosas, pegándose con saxofonistas decadas más jóvenes.


Para que no os volváis tarumba, os dejo el orden de los solos: empieza Flip, como no podía ser menos; sigue la trompeta de Howard McGhee, el eslabón perdido entre Roy Eldridge y Fats Navarro, otro olvidado de campanillas; después, otro saxo feroz, el de Illinois Jacquet (y no es un apodo, se llamaba así), definidor de esa escuela “texas tenor”, y que más adelante se atrevió también con...¡el fagot!; solo de piano a cargo del gran Hank Jones, más información sobre este monstruo en el blog de nuestra amiga Esther; y cierra la cosa el trombón de Bill Harris, otro de los buenos del rebaño de Hermann. Aunque no tengan solo, no me olvido del bajista, Ray Brown, y el batería, Jo Jones. Casi nadie al aparato.


16 minutos de puro espectáculo. Escuchar a la gente dar gritos. Da gusto.



domingo 7 de diciembre de 2008

Cuentos de los mandarines: las Seis Verdades

Cierto día del año del Cerdo (con Per-Dón), el mandarín Ku Ñao relajaba su espíritu jugando al ancestral juego de los chinos con su discípulo, Par Di Yo:


- ¡Tres! – dijo Par Di Yo.

- ¡Cuatro! A ver. ¡Je, je, je! Siempre te Pi-Yo, Par Di Yo. Eres ingenuo cual Te-Lé Tu-Bi. Bien, es hora de que dejemos nuestro oriental esparcimiento y nos dediquemos al trabajo.

- Maestro – dijo Par Di Yo – Ya que, con esta crisis, nos tocamos la barriga más de lo normal, quería aprovechar para plantearos la...la Gran Pregunta.

- ¿La Gran Pregunta, Par Di Yo? ¿La Pregunta del Mi-Yón?

- La misma, Maestro.

- Par Di Yo, ¿estás seguro, batracio imprudente? Mira que, una vez planteada la pregunta, ya no hay marcha atrás.

- Estoy seguro, Maestro.

- Plantea pues la pregunta, Par Di Yo.

- Maestro – dijo Par Di Yo, tembloroso cual flan chino - ¿Qué Ko-Ño es eso de ser consultor?

- ¡Los dioses nos asistan, Par Di Yo! ¡Has planteado la Gran Pregunta! Pero me temo, escarabajo de la Pa-Ta-Ta, que es una pregunta imposible de contestar, incluso para un mandarín.

- Maestro, yo pensé que los tipos que son consultores y que cobran un pastón por perpetrar informes ridículos, serían capaces de responder con facilidad a esta sencilla pregunta.

- ¿Qué insinúas, serpiente de las rocas?

- Nada, Maestro, nada.

- Está bien, Par Di Yo, tú lo has querido. Hora es ya de que escuches las Seis Verdades, aquellas que definen en qué consiste el trabajo del consultor.

- ¿Las Seis Verdades, Maestro?

- Las Seis Verdades, Par Di Yo. Son estas tan importantes y tan solemnes que, cada vez que diga una de ellas, debes hacer sonar el gong de ceremonias. ¡Arréale al gong de una vez, tortuga artrítica!


¡GOOONGG!


- Esta es la Primera Verdad, Par Di Yo. El trabajo de consultor consiste en dar nombres esotéricos a cosas evidentes.

- ¿Cómo es eso, Maestro?

- Cuando yo te digo que eres más lento de entendederas que un gusano de seda adicto al A-Nís, esto se llama, por ejemplo “feedback negativo”.

- ¡Vaya!

- O cuando pido opinión a otros sobre como hago mi Ku-Rro, también se llama “feedback”.

- ¿Y por qué no lo llamamos pedir opinión?

- Porque entonces nadie tomaría en serio a nuestra casta. Hay que darle un nombre lo más hermético posible. ¡Arréale al gong, legumbre con patas!


¡GOOONGG!


- Esta es la Segunda Verdad, Par Di Yo. Debemos copiar cosas que otros copiaron antes que nosotros y cambiarles de nombre para que parezcan nuevas.

- ¿Qué decís, Maestro?

- Coge ese pergamino del Imperio Vie-Ju-No, Par Di Yo. Léelo, ¿qué dice?

- ¡Glub! Maestro, esto se parece sospechosamente a lo que vendemos ahora.

- Cierto, Par Di Yo. ¿Por qué esforzarse? Lo único que hay que hacer es coger el Pa-Lé y llamarle Mo-No-Po-Ly. ¡Arréale al gong, marmota de la pradera!


¡GOOONGG!


- Esta es la Tercera Verdad, Par Di Yo. Debemos cobrar un pastón por informes que no dicen absolutamente nada, y que podría realizar un gorila borracho.

- De hecho, Maestro, son realizados por un gorila borracho cuando tenemos suficiente presupuesto.

- Cierto es, Par Di Yo, que ya te instruí suficientemente sobre los informes. ¡Arréale al gong, gamba alucinada!


¡GOOONGG!


- Esta es la Cuarta Verdad, Par Di Yo. Debes considerar a tus clientes como imbéciles a los que es necesario decir que “la comunicación es fundamental” o que “el capital humano es el valor diferenciador de las empresas”. Y este tipo de cosas debes decirlas cada vez que hables. Especialmente en conferencias, debes encadenar frases como estas, una detrás de otra, cual ejercito imperial.

- ¡Qué crueldad, Maestro!

- Así somos los mandarines, duros como la roca. ¡Arreale al gong, bestezuela disoluta!


¡GOOONGG!


- Esta es la Quinta Verdad, Par Di Yo, y es fundamental. En tu trabajo, siempre, debes convertir lo sencillo en algo tan complejo que al honorable cliente se le cambien de sitio los hemisferios cerebrales al leerlo o escucharlo. Bien es cierto que con algunos clientes se notaría poca diferencia, excepto que se rascarían el Ku-Lo con la otra mano.

- Maestro, yo creí que el trabajo de consultor consistía en simplificar lo complejo y...

- Par Di Yo, ¿puedes acercarme un momento aquel Ma-Zo de grandes dimensiones?

- Mejor no, Maestro.

- ¡Arréale al gong, Cen-To-Yo perezoso!


¡GOOONGG!


- Esta es la Sexta Verdad, Par Di Yo. Debes ser capaz de impartir formación sobre cualquier tema, conocido o desconocido, y conseguir que sea inútil siempre. El colmo de la perfección consiste en tener un solo curso para todo, e irle cambiando de nombre según el tema.

- Pero, ¿qué decís, Maestro?

- Esta es la cruel verdad, Par Di Yo, ciervo cornudo. Has abierto la caja de Pan-Do-Ra, y ahora tienes que apechugar. Ya sabes la verdad, Par Di Yo. Trae ahora un cargamento de licor de flores, que tengo la garganta seca cual piedra pómez, y quiero beber para olvidar.

- Oigo y obedezco, Maestro.


Y así fue como Par Di Yo conoció las terribles Seis Verdades. Y los escribas recogieron estas enseñanzas para las próximas generaciones en los versos de rigor:


Qué las hamburguesas son

o al consultor la verdad

créeme, amigo preguntón

es mejor no preguntar.

sábado 6 de diciembre de 2008

Buddy Childers

De vez en cuando, además de grandes monstruos, me gusta hacer entradas con los “pequeños” del jazz, con esa mayoría de semidesconocidos pero extraordinarios profesionales, que también han contribuido, y mucho, a crear esta música y a darle forma a lo largo del tiempo. Para mí, y para muchos aficionados, no hay mayor felicidad que encontrar un disco oscuro, desconocido, de gente que pensabas que nunca había grabado como líder.


No es tanto el caso de mi invitado de hoy, el trompetista Buddy Childers, que a la mayoría sonará poco o nada. Buddy, que murió el año pasado, no era un desconocido. Tocó en la banda de Stan Kenton (¡11 años!), donde llegó a los 16, niño prodigio autodidacta. Por cierto, qué trompetas tenía Kenton, además de Buddy estaban el fenomenal Ernie Royal, o Conte Candoli...pero esta es otra historia. Buddy también tocó con las bandas de Woody Hermann, Benny Carter, Tommy Dorsey o Charlie Barnett. Y también grabó algunos discos como líder, aunque pocos. No está mal el curriculum. Pero era polifacético, así que fue también piloto de avión, y un fotógrafo bastante competente.


Veréis que Buddy tiene un toquecillo west coast (vivió muchos años en L.A.), un tono muy bonito, muy calido, delicado pero con swing, con mucho sentimiento. Y es que las Big Bands eran una gran escuela. Aquí oímos a Buddy con su cuarteto, consistente en Arnold Ross (sofisticado pianista que también tocaba la trompeta, el clarinete y el violín), Harry “Oso” Babasin (gran bajista y cellista, decía que había participado en más de 1.500 grabaciones) y Boone Stines (batería en la línea Shelly Manne). Este arreglo de “Bernie’s tune” lo hicieron durante una gira con Charlie Barnett en la que tocaron en el hotel Holiday House, de Nassau, Bahamas (¡qué mamones!). Así que podéis cerrar los ojitos, olvidar el frío, y pensar que estáis en un hotel de y pico de estrellas de las Bahamas, con un colocotroco de piña colada, y escuchando a Buddy y sus colegas.


¿No es esto felicidad?



viernes 5 de diciembre de 2008

De cómo Kinkón, el gorila llorón, inventó el Renól Cinco

Vale, el título me ha quedado bien. Eso sí, no tengo la más remota idea de qué escribir para rellenarlo.


Y es que, realmente, el mundo del marketing es así. Primero, se te ocurre un título o un nombre muy bueno como, yo qué sé, Renól Cinco, y luego te inventas el producto. Por ejemplo, para el nombre de Renól Cinco, Kinkón, el gorila llorón, pensó en una colonia, una cuchilla de afeitar, y también le gustó mucho para un grupo pop, aunque al final dijo, pues venga, un coche.


Y así fue como Kinkón, el gorila llorón, inventó el famoso Renól Cinco. Y me quedo tan ancho.

miércoles 3 de diciembre de 2008

El fugitivo

¡Tap! ¡Tap! ¡Tap! Mis pasos resonaban en la calle, desierta aquella noche. El frío era helador, y tenía unas ganas enormes de llegar a casa y meterme en la piltra. Llegaba a mi portal, cuando mis ágiles ojillos detectaron un bulto sospechoso. Alguien se ocultaba en el hueco del portal. ¿Sería un mangante?


Cuando uno ha sido director de operaciones y socio de compañía, se está acostumbrado a tratar con delincuentes variados. Así que, silbando una cancioncilla, me acerqué disimuladamente y, cuando estaba al lado del bulto, me abalancé y agarré por el cuello al tipo, porque era un tipo, que se escondía.


- ¿Qué hace ahí acechando, qué quiere? – le dije.

- ¡Por favor, señor, no me pegue! ¡Estoy asustado, por eso me escondo!


Me fije mejor en él, y encontré que era un hombre elegantemente vestido, aunque sin ostentación. Hablaba con educación, aunque se le notaba muy asustado.


- ¿Qué le pasa, hombre? ¿De qué tiene miedo? – le pregunté mientras le soltaba.

- De...de ellos, señor. Me persiguen, intentan acabar conmigo. ¡Todos ellos!

- ¿Quiénes son “todos ellos”? – aquello me sonaba un poco paranoide – Y, ¿quién es usted, a todo esto?

- Discúlpeme, caballero, me llamo Gusto. Buen Gusto.

- ¿Buen Gusto? ¿El famoso Buen Gusto?

- Sí, señor.

- Pero, ¿usted no había muerto?

- No, no, señor, sigo vivo, aunque por los pelos. Como le decía, me persiguen, ¡quieren eliminarme! Cada vez me quedan menos sitios en los que ocultarme.

- Cálmese, hombre. ¿Quién quiere eliminarle?

- ¡Oh, señor, tengo tantos enemigos! ¿Ha puesto usted la tele últimamente? ¿Oye la radio? ¿Ha oído los temas del top 40? ¿Lee los periódicos? ¿Ha visto los libros más vendidos? ¿Los tonos que se ponen en los móviles? ¿Las...?

- ¡Calle, calle, que me están dando escalofríos!

- ¿Lo ve, señor? Estoy sentenciado, vienen a por mí. Creo...¡creo que se acercan! ¡Tengo que irme!

- ¡Espere! ¿No quiere ocultarse en casa unos días?

- Disculpe, señor, pero sé que tiene usted de adorno una figurita de esas de una sevillana que en realidad es una botella, y no creo que pudiera resistir su visión.

- ¡Eh, que eso ya estaba ahí cuando compré la casa!

- No se enfade, caballero. ¡Tengo que irme, se acercan! ¡Adiós, señor! ¡Gracias por todo!

- ¡Adiós!


Y se fue, con un correr elástico y elegante. Apenas le había perdido de vista cuando un coche giró en la esquina y entró en la calle. Pese a las ventanillas subidas, el “chunda, chunda, chunda” atronaba la noche. Sí, le perseguían.


“Pobre hombre” pensé. Debe ser horrible ser un fugitivo. Así que subí a casa y tiré la figurita por la ventana.

martes 2 de diciembre de 2008

No le ocurre nada a su ordenador

No intente cambiar de blog. Ahora somos nosotros quienes controlamos la transmisión. Controlamos lo horizontal y lo vertical. Podemos abrumarle con miles de chorradas o hacer que una simple sandez alcance una claridad cristalina, y aún más. Podemos hacer que vea cualquier cosa que conciba nuestra imaginación. Durante los próximos momentos controlaremos todo lo que vea y oiga. Está usted a punto de experimentar el asombro y el misterio que se extiende desde lo más profundo de la mente, hasta más allá del límite...


- ¡Troglooooo! ¡A cenaaar, que se enfría, coño!


¡Vaya, hombre! Ahora que habíamos conseguido crear clima. Perdonar, pero es que mi loro ha hecho tortilla de whisky, y eso sí que es canela fina de más allá del límite. No os vayáis, que enseguida vuelvo.

lunes 1 de diciembre de 2008

Bix

Bix. Palabra corta, contundente, que suena a jazz. Como Monk. Como Bud. Como Bird. No hace falta añadir más.


Una palabra que llega desde la noche de los tiempos. Bix. El fantasma de un cornetista muerto hace más de tres cuartos de siglo. Recuerdo algunas entrevistas, conversaciones con músicos de jazz en las que, de repente, alguno, muy mayor ya, decía:


- Yo llegué a tocar una vez con Bix Beiderbecke.


Y lo decían con un tono como de estar en misa, casi de susto, como si dijeran:


- Un respeto, que yo he comido con la reina de Inglaterra.


¿Qué tenía este hombre, que pasó como un meteoro por el mundo del jazz, para que se le siga recordando con ese respeto? Bix, la gran esperanza blanca. Como tantos otros, una personalidad compleja con una amiga peligrosa: la botella. Los locos años veinte. La Ley Seca. Y Bix bebía, bebía y bebía. No sólo fue un músico legendario. Fue un bebedor legendario.


Bix. Siempre me gusta recordar esta anécdota. Cuentan que, en una de sus “malas rachas”, sin un duro, acosado por la depresión, se refugió en casa de un amigo. Cuando este amigo regresó a su casa después de un corto viaje, se encontró a un vecino en el portal. Éste le dijo: “Su amigo lleva varios días tocando hasta las cinco de la mañana”. El amigo de Bix, horrorizado, contestó: “¡No sabe cuánto lo siento! Está pasando un momento difícil, pero ahora mismo voy a hablar con él seriamente, no volverá a ocurrir, se lo aseguro”. El vecino, sorprendido, exclamó: “¡No, no, no me ha entendido! Por favor, no le diga nada. Deje que siga tocando”.


Y es que, fijaros, Bix era tan bueno que los vecinos preferían oirle tocar en vez de dormir. El flautista de Hamelin del Chicago, años 20. ¿Será verdad esta hermosísima leyenda urbana? Ojalá. Ojalá lo sea.


1927 fue el gran año de Bix. Aquí os lo dejamos, con el grupo de su amigo Frankie Trumbauer. La banda es buena, aunque me parece que Bix, aún contenido, va por delante años. Decadas. Siglos. O así me lo parece a mí. Esto es “I’m coming Virginia”, y el breve toque mágico de Bix comienza en 1:28, más o menos.


Leon Bismarck “Bix” Beiderbecke murió en agosto de 1931. La causa oficial de la muerte fue neumonía y edema cerebral. Lo que le mató fue la bebida, especialmente el alcohol ilegal trasegado durante la Prohibición. Tenía 28 años.