
El mandarín Ku Ñao, sentado en el trono de jade de su celestial despacho, abrió su boca, pozo de sabiduría, y berreó:
- ¡Par Di Yoo! ¡PAR DI YOOO!
De inmediato hizo su aparición el acólito Par Di Yo:
- Oigo y obedezco, Maestro.
- Par Di Yo, pon la Te-Le, que va a empezar la inauguración de los Juegos Olímpicos. Oh, el orgullo me embarga, como a todos los chinos, aunque seamos de pega.
- Ahí está, Maestro. ¡Ah, qué espectáculo!
- ¡Majestuoso, Par Di Yo! ¡Qué belleza y coordinación! ¡Qué esfuerzo! Esto pasará a la historia. Siento como los lagrimones de emoción asoman a mis oblicuos ojos.
- Es muy emocionante, Maestro.
- Y ya ves que en mi generosidad te dejo verlo conmigo en lugar de mandarte a currar, Par Di Yo.
- Er, Maestro, hace rato que dio la hora de salida.
- Silencio, camarón revolucionario, y sube el volumen.
- Sí, Maestro.
- ....señoras y señores. Representan las anacletas de Confucio que.... – dijo la Te-Le.
- ¿Eh? – dijo Ku Ñao.
- ¿Uh? – dijo Par Di Yo.
- Par Di Yo, jerbo de orejas largas, ¿tú has oído lo mismo que yo?
- Sí, Maestro. Creo que ha dicho “anacletas”.
- No es posible, Par Di Yo, no....
- .....las anacletas son la obra cumbre de Confucio...- dijo la Te-Le.
- ¿Será posible? ¡Ahora sí que no hay duda! Ha vuelto a decir “anacletas”. ¿Cómo se puede proferir tal blasfemia? ¡Analectas, asnos de las nieves, lo que recoge las enseñanzas de Confucio son las Analectas, no las “anacletas”!
- Calmaros, Maestro, que os estáis poniendo más amarillo de lo normal.
- ¡Ka-Gon las tres delicias! ¡Toda mi sabiduría oriental no basta para contener mi ira, Par Di Yo!
- ....la importancia de las anacletas...- dijo la Te-Le.
- ¡Aaargh! ¡Otra vez! ¡Suéltame, Par Di Yo, que le voy a dar a la Te-Le tal patada de kung-fu que le va a ir a vacilar a los dragones del aire!
- ¡Calmaros, Maestro, hay una solución mejor! Cambiemos de canal hasta que encontremos uno que emita en un idioma que no conozcamos, y así no tendremos que oír idioteces. ¿Lo veis? Ya está.
- ....ochichorn janduker estron...- dijo la Te-Le mientras se seguía viendo la ceremonia inaugural de los Juegos.
- ¡Yaaaaiiii! – gritó Ku Ñao, mientras, de un certero golpe con el canto de la mano se cargaba un jarrón Ming - ¡Si no rompo algo, reviento! ¡Anacletas, habrase visto! ¿Qué Te-Le era esa, Par Di Yo?
- Televisión Española, Maestro.
- ¿Y por qué nosotros entendemos tan bien el español, si puede saberse?
- Cosas de Troglo Jones, Maestro.
- ¡Televisión Española! ¡Grrr! ¡Anacletas! ¿Qué les parecería si yo dijera “Don Cipote de la Mancha”?
- O “El Carajillo de Tormes” – dijo Par Di Yo.
- Este disgusto no me lo quito yo ni con veinte Ku-Ba-Tas, Par Di Yo. Pero mi retorcida y oriental mente va a maquinar una venganza contra España, porque esto no puede quedar así.
- Bueno, Maestro, seguro que Confucio se reiría de esto. Como dice el proverbio, si siembras melones, recogerás melones.
- ¿Y ese proverbio que tiene que ver, Par Di Yo?
- Pues no sé. ¿Hace una pipita de opio, Maestro?
- Hace, Par Di Yo, a ver si me relajo. ¡Oh, y qué fuegos artificiales tan sublimes, se nota que inventamos la pólvora!
Y esto fue lo que pasó en la inauguración de los Juegos Olímpicos. Y los escribas lo recogieron en sus versos, para que sirviera de aviso a las generaciones futuras:
Si hablas en televisiones
documéntate, cojones.
P.D.: Esto fue un hecho real y comprobable. Brutal. Se me había pasado ponerlo antes porque estaba fuera y eso, pero tenía que hacerlo, ya que además soy un mandarín y me sentí ofendido.
- ¡Par Di Yoo! ¡PAR DI YOOO!
De inmediato hizo su aparición el acólito Par Di Yo:
- Oigo y obedezco, Maestro.
- Par Di Yo, pon la Te-Le, que va a empezar la inauguración de los Juegos Olímpicos. Oh, el orgullo me embarga, como a todos los chinos, aunque seamos de pega.
- Ahí está, Maestro. ¡Ah, qué espectáculo!
- ¡Majestuoso, Par Di Yo! ¡Qué belleza y coordinación! ¡Qué esfuerzo! Esto pasará a la historia. Siento como los lagrimones de emoción asoman a mis oblicuos ojos.
- Es muy emocionante, Maestro.
- Y ya ves que en mi generosidad te dejo verlo conmigo en lugar de mandarte a currar, Par Di Yo.
- Er, Maestro, hace rato que dio la hora de salida.
- Silencio, camarón revolucionario, y sube el volumen.
- Sí, Maestro.
- ....señoras y señores. Representan las anacletas de Confucio que.... – dijo la Te-Le.
- ¿Eh? – dijo Ku Ñao.
- ¿Uh? – dijo Par Di Yo.
- Par Di Yo, jerbo de orejas largas, ¿tú has oído lo mismo que yo?
- Sí, Maestro. Creo que ha dicho “anacletas”.
- No es posible, Par Di Yo, no....
- .....las anacletas son la obra cumbre de Confucio...- dijo la Te-Le.
- ¿Será posible? ¡Ahora sí que no hay duda! Ha vuelto a decir “anacletas”. ¿Cómo se puede proferir tal blasfemia? ¡Analectas, asnos de las nieves, lo que recoge las enseñanzas de Confucio son las Analectas, no las “anacletas”!
- Calmaros, Maestro, que os estáis poniendo más amarillo de lo normal.
- ¡Ka-Gon las tres delicias! ¡Toda mi sabiduría oriental no basta para contener mi ira, Par Di Yo!
- ....la importancia de las anacletas...- dijo la Te-Le.
- ¡Aaargh! ¡Otra vez! ¡Suéltame, Par Di Yo, que le voy a dar a la Te-Le tal patada de kung-fu que le va a ir a vacilar a los dragones del aire!
- ¡Calmaros, Maestro, hay una solución mejor! Cambiemos de canal hasta que encontremos uno que emita en un idioma que no conozcamos, y así no tendremos que oír idioteces. ¿Lo veis? Ya está.
- ....ochichorn janduker estron...- dijo la Te-Le mientras se seguía viendo la ceremonia inaugural de los Juegos.
- ¡Yaaaaiiii! – gritó Ku Ñao, mientras, de un certero golpe con el canto de la mano se cargaba un jarrón Ming - ¡Si no rompo algo, reviento! ¡Anacletas, habrase visto! ¿Qué Te-Le era esa, Par Di Yo?
- Televisión Española, Maestro.
- ¿Y por qué nosotros entendemos tan bien el español, si puede saberse?
- Cosas de Troglo Jones, Maestro.
- ¡Televisión Española! ¡Grrr! ¡Anacletas! ¿Qué les parecería si yo dijera “Don Cipote de la Mancha”?
- O “El Carajillo de Tormes” – dijo Par Di Yo.
- Este disgusto no me lo quito yo ni con veinte Ku-Ba-Tas, Par Di Yo. Pero mi retorcida y oriental mente va a maquinar una venganza contra España, porque esto no puede quedar así.
- Bueno, Maestro, seguro que Confucio se reiría de esto. Como dice el proverbio, si siembras melones, recogerás melones.
- ¿Y ese proverbio que tiene que ver, Par Di Yo?
- Pues no sé. ¿Hace una pipita de opio, Maestro?
- Hace, Par Di Yo, a ver si me relajo. ¡Oh, y qué fuegos artificiales tan sublimes, se nota que inventamos la pólvora!
Y esto fue lo que pasó en la inauguración de los Juegos Olímpicos. Y los escribas lo recogieron en sus versos, para que sirviera de aviso a las generaciones futuras:
Si hablas en televisiones
documéntate, cojones.
P.D.: Esto fue un hecho real y comprobable. Brutal. Se me había pasado ponerlo antes porque estaba fuera y eso, pero tenía que hacerlo, ya que además soy un mandarín y me sentí ofendido.
