Yogijindarna Kamasutro, más conocido como el maestro Kamasutro, nació en la región hindú de Milikilanka en el año sabediós, porque en esas épocas no se preocupaban mucho de la fecha, total, un año como otro cualquiera.Kamasutro era el menor de 43 hermanos. Se cuenta que iba prácticamente en bolas, como los fakires, no porque fuera fakir, sino porque los hermanos, como en todas partes, heredaban la ropa unos de otros, así que imaginaros como estaba cuando llegaba a él. Así que se liaba un periódico a la cintura, y ya está.
Interesado por la música desde temprana edad, pronto llego a la conclusión de que a la música india le faltaba algo de dulzura, así que se puso a buscar incansablemente la forma de dársela. Hete aquí que en Milikilanka abundaban por aquel entonces los caparazones de tortuga gigante, y Kamasutro observó que, según donde golpearas el caparazón de la tortuga, el sonido que obtenías era diferente. Así que cogió dos cucharones de la comida, que en su casa no se usaban porque no comían, imaginar 43 hermanos y la hipoteca, la hostia. Pues eso, con los dos cucharones le arreaba al caparazón y hacía una dulce musiquilla. ¡Había inventado una rudimentaria marimba!
Pero las proezas de Kamasutro no acabaron aquí. Hemos dicho que se interesó por la música, pero era tan bruto, de hecho era el más bruto de los 43, que no había manera de que aprendiera, y confundía la parte fuerte del compás con la débil, fijaros si era bruto, y tocaba la nota cuando no debía y, de repente, por casualidad, tocando la nota en la parte débil, ¡inventó la síncopa! ¡Lo que es la vida! Y Kamasutro se dijo: “Anda, pues está bien”.
Y se puso a sincopar en sus caparazones de tortuga. Y así consiguió su más famosa composición, “Ipanemapiba” que, evidentemente, fue la base para la composición posterior de la hiperfamosa y sincoposa “Chica de Ipanema”. ¡El mundo es un pañuelo!
Un día, Kamasutro encontró un caparazón enorme de verdad. Entusiasmado con su descubrimiento y con las notas que podría sacar de allí, se sacó los cucharones de debajo del periódico y se puso a arrearle al caparazón. Pero Kamasutro no se dio cuenta de que aquel caparazón, precisamente aquel, estaba lleno de tortuga. Hay que decir que estas tortugas también se llaman “tortugas de pico de loro”, por el pico, evidentemente, y por sus reconocidas malas pulgas. Así que, al verse despertada por los cucharonazos, la tortuga asomó la cabeza. Kamasutro, que estaba extasiado sacando notas, ni se coscó. Y la tortuga le propinó en aquel momento un bocao de tercer grado en el muslo, cortándole el rollo a Kamasutro de una forma radical. La tortuga escapó lentamente, y Kamasutro no pudo seguirla para vengarse, como era su intención, porque tenía el muslo hecho migas.
Kamasutro se enfadó tanto por lo del muslo que, como los niños pequeños, se sentó en el suelo, se cruzó de brazos, y se negó a hablar con nadie. Y así se tiró 40 años. Y así la gente le empezó a llamar maestro Kamasutro, y a venerarle como si fuera un santo, y a traerle ofrendas. Pero de santo y de místico nada, lo que era un rencoroso y un chinao.
¡Ay! ¡Quién sabe qué maravillas hubiera dado a la música si se hubiera movido!
