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lunes, 18 de mayo de 2009

Hasta luego

Pues se murió Mario Benedetti. El loro y yo nos vamos a tomar unos cubatas brindando por él. Y que le den por saco a la mandarinada de mañana.


EMBARAZOSO PANEGÍRICO DE LA MUERTE


La periodista me preguntó

si yo creía en el más allá

y le dije que no

entonces me preguntó

si eso no me angustiaba

y le dije que sí


pero también es cierto

que a veces la vida

provoca más angustias

que la muerte


porque las vejaciones

o simplemente los caprichos

nos van colocando en compartimientos

estancos


nos separan los odios

las discriminaciones

las cuentas bancarias

el color de la piel

la afirmación o el rechazo

de dios


en cambio la muerte

no hace distingos

nos mete a todos en el mismo saco

ricos y pobres

súbditos y reyes

miserables y poderosos

indios y caras pálidas

ibéricos y sudacas

feligreses y agnósticos


reconozcamos que la muerte hace siempre

una justa distribución de la nada

sin plusvalías ni ofertas ni demandas

igualitaria y ecuánime

atiende a cada gusanito

según sus necesidades


neutra y equitativa

acoge con igual disposición y celo

a los cadáveres suntuosos de extrema derecha

que a los interfectos de extrema necesidad


la muerte es ecléctica pluralista social

distributiva insobornable

y lo seguirá siendo

a menos a alguien

se le ocurra

privatizarla

viernes, 28 de noviembre de 2008

Qué cosa es la vida

Estaba yo el otro día tomando un café (irlandés, claro) con mi amigo Mario Benedetti, cuando me dijo:


- ¡Qué cosa es la vida, Troglo!


Fijaros qué frase. Y yo me dije, si esta frase la dice Belén Esteban, todo el mundo llegará a la conclusión de que es una simple y una idiota. Pero si la dice Mario Benedetti, todo el mundo se pone a pensar en los misterios que esconde esa frase, y en todo lo que implica, y en lo profundo que es Mario Benedetti.


Así que, cuando Mario Benedetti fue un momento al servicio, aproveché para irme sin pagar y dejarle el marrón. Creo que era lo justo. Por listo.

lunes, 25 de febrero de 2008

Primavera con una esquina rota

El título de esta entrada me lo ha prestado Mario Benedetti. He hablado con él y me ha dicho que vale, que lo podía usar, pero que dijera que era suyo. Y yo he dicho, pues vale, mientras no tenga que pagar.

Pero ahora que lo pienso, no sé por qué ese titulo es de Mario Benedetti. A ver, si esas cinco palabras están en el diccionario, ¿por qué no las puedo usar yo? ¿Porque a él se le haya ocurrido juntarlas antes que a mí ya son suyas? Pues no me parece bien. Yo podría sacudir un diccionario al azar, y podrían salir esas cinco palabras y ¿qué pasa?, ¿que porque las haya usado antes Mario Benedetti no las puedo usar, o qué?

A ver, voy a coger el diccionario y lo voy a sacudir hasta que caigan tres palabras (¡zrus! ¡zrus! ¡zrus!, ruido de diccionario al ser agitado). ¡Aquí están!, a ver, son “tomate”, “verde”, “frito”. ¡Joder, qué casualidad! Vamos a ver otra vez (¡zrus! ¡zrus! ¡zrus!, ruido de diccionario al ser agitado). Ya. “la”, “historia”, “interminable”. ¡Pero bueno! Este diccionario está trucado, voy a coger otro, a ver. Y ahora a agitarlo (¡zrus! ¡zrus! ¡zrus!, ruido de diccionario al ser agitado). Ya caen. A ver, ahora sí, “accadera”, “joola”, “kive”. ¿Pero esto qué coño es? ¡Si este diccionario es de finlandés! ¿Y por qué tengo yo un diccionario de finlandés? En fin, como ejemplo me vale. Imaginaros que yo titulo algo “Accadera joola kive”. Pues, hala, ese título ya es mío. Así que si vosotros lo queréis usar tenéis que decir: “voy a titular esto Accadera joola kive, pero tengo que reconocer que este título es de Troglo Jones, así que ya no tiene mérito”. Y eso que ni soy finlandés ni nada. Pues una injusticia. A lo mejor lleváis tres meses buscando un título para un post, y de repente decís, “Eureka, Accadera joola kive, qué título más cojonudo”. Pues os jodéis, porque simplemente yo agité un día un diccionario. Y aunque vosotros no supierais que existe Troglo Jones, da igual. ¿Se puede consentir esto? Estoy tan indignado que ya no me da la gana de decir que el título de esta entrada es de Mario Benedetti.

Pero bueno, a lo que íbamos…¡Joder! Se me ha olvidado completamente lo que iba yo a decir en esta entrada. Y la culpa es de Mario Benedetti. ¿Qué era, coño, si era algo muy interesante? ¿Cómo se me puede haber olvidado? Lo que más me molesta es que esto me pasa cantidad de veces, que me enrollo con una chorrada y luego se me olvida lo importante. Aunque hay veces en que uno no tiene muy claro qué es lo importante. Me acuerdo una vez que le pedí un taladro al vecino…pero esto es otra historia, ya estoy otra vez igual. ¿Qué era lo que iba a decir, coño? Tranquilos, si lo tengo en la punta de la lengua. ¿Hummmm?

miércoles, 6 de febrero de 2008

Poemas de la oficina

Siempre es recomendable releer al gran Mario Benedetti. Especialmente magníficos encuentro sus “Poemas de la oficina”, de los que transcribo un ejemplo aquí. ¡Cuántas veces no me habré sentido así, no me habrá pasado esto! Y a todos, supongo.

Voy a cerrar la tarde
se acabó
no trabajo
tiene la culpa el cielo
que urge como un río
tiene la culpa el aire
que está ansioso y no cambia
se acabó
no trabajo
tengo los dedos blandos
la cabeza remota
tengo los ojos llenos
de sueños
yo qué sé
veo sólo paredes
se acabó
no trabajo
paredes con reproches
con órdenes
con rabia
pobrecitas paredes
con un solo almanaque
se acabó
no trabajo
que gira lentamente
dieciséis de diciembre.

Iba a cerrar la tarde
pero suena el teléfono
sí señor enseguida
comonó cuandoquiera.

Si se puede, se compra uno el libro. Si no, podéis encontrar este y otros libros de Benedetti en la revolucionaria web del Viejo Blues, http://www.viejoblues.com/.

Consérvate bueno.