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jueves, 27 de marzo de 2008

Delirio 33: noche de ronda

Pues estaba yo leyendo el periódico cuando vi una noticia que me hizo dar un salto en el sillón. Inmediatamente, llamé a mi loro, Puto Bocazas:

- ¡Puto Bocazas, ven, corre!
- ¿Qué pasa ahora? – dijo, mientras revoloteaba a mi alrededor y se me posaba en el hombro.
- ¡Mira lo que pone aquí! ¡Van a exponer el legendario saxofón de Alejandro Magno en el Museo de Ciencias Naturales!
- ¿Cómo? Dicen que ese saxofón tiene propiedades mágicas. Si lo tocas, eres como Charlie Parker y el flautista de Hamelin juntos. Se supone que tiene efectos hechizantes sobre la peña. Podríamos ser los amos del mundo, je, je. Oye, ¿y por qué está en el Museo de Ciencias Naturales?
- ¡Vaya usted a saber! Yo creo que ese Museo es como las estanterías de jazz de las tiendas. Si no sabes de qué coño es un disco, lo pones en jazz. Esto debe ser parecido. ¡Puto Bocazas, ese saxofón tiene que ser nuestro! Esta noche nos colamos en el Museo y lo afanamos. ¿Tú no tenías un primo que trabajaba allí o algo?
- ¡Qué coño trabajaba! ¡Es un papagayo que está disecado, pedazo de bestia!
- Bueno, lo que sea. Pero tú conoces ese museo, ¿a que sí?
- Sí, como soy tan cotilla, me estuve metiendo por todas las dependencias. Si algún empleado me veía, me quedaba tieso, como si estuviera disecado, y no sospechaban nada.
- ¿Y dónde pueden tener metido el saxofón de Alejandro Magno?
- Bueno, había un sótano donde tienen una caja fuerte bastante tocha, seguro que está allí.
- Pues manos a la obra. Saca los trajes de ninja, y vamos para allá.

No sé si habéis visto alguna vez un loro vestido de ninja, pero es digno de verse. Yo, en vez de katana, llevo un garrote imponente, que meto en una funda que llevo cruzada en la espalda. Así que, allá vamos…



- Puto Bocazas, debo reconocer mi admiración por la habilidad con que has aplicado el toque del sueño con el pico a ese segurata. Ni el mandarín Ku Ñao lo hubiera superado.
- Psst, unos añitos de entrenamiento. No tiene importancia.
- Y con este plano que le hemos mangado, no podemos fallar. A ver, tenemos que subir por aquella escalera que baja.
- ¡Tienes el plano del revés, cenutrio!
- ¿Tú no te equivocas nunca? Bueno, vamos allá. ¡Joder, qué oscuro está esto! Enfoca bien la linterna, Puto Bocazas, que me voy a partir la crisma. ¡Brrrr! ¡Qué sitio más siniestro, me estoy empezando a poner nervioso! ¿Por qué no cantas algo para insuflarnos ánimos?
- ¡♪♪ Caperucitaa ♪!
¡♪ Caperucita roja ♪♪!
¡ ♪ El día que te cojaa ♪
te voy a sacar brillooo ♪♪!
- ¿Pero qué dices, animal? ¿Quieres que nos empapelen por pornografía? ¡Los censores de Blogger nos acechan como halcones! ¡Grrrr! ¡Mira la canción que se le ocurre!
- ¿No era una canción para elevar el ánimo?
- ¡Pero no ese tipo de ánimo! Yo pensaba en el himno de la legión, o algo parecido.
- Bueno, ¿se te han pasado los nervios, no?
- Mira, eso es verdad. ¡Ay! ¿Qué hay aquí? Vaya, si es la caja fuerte, la hemos encontrado, Puto Bocazas. ¡Joder, qué grande es! A ver si encuentro la rueda de la combinación, ah, aquí está. Hum, ¡qué raro! Le doy vueltas y vueltas pero no…
- ¡Troglo! ¡La caja está aquí! ¡Eso es la nevera, le estás dando vueltas a un imán de esos de sujetar la lista de la compra, borrico!
- ¿Eh? Bueno, una mala noche la tiene cualquiera, a ello. Súbete a la caja y dime que oyes cuando giro la rueda. Dos a la derecha, tres al revés…
- Hace “clic, clic, clic”.
- ¿Y ahora?
- Ahora “clac, clac, clac”
- ¡Pues si he hecho lo mismo que antes! ¿Y ahora?
- Ahora “cloc, cloc, cloc”.
- ¡Si he vuelto a hacer lo mismo! ¡Grrr, esta caja me está vacilando, ya he perdido la paciencia! ¡Apártate, Puto Bocazas!

Entonces, desenfundo el garrote, y le arreo tal estacazo a la caja fuerte que la parto por la mitad, ante el asombro del loro.

- ¡Jobar, Troglo! ¡Qué potencia de fuego tiene ese garrote!
- Ya te digo. Fue forjado en Extremadura por el Maestro Urelio, de un nogal derribado por un meteorito. Es como la espada del rey Arturo, pero en bruto.
- ¿Y se llama también Excálibur?
- Yo lo llamó Escóñador.
- Muy propio. Bueno, a la faena. ¡Je, je, aquí está el saxofón de Alejandro Magno! ¡Mira cómo brilla!
- ¡Y qué suave va! Oye, tiene una inscripción aquí. ¿Será un sortilegio?
- ¿Una inscripción, a ver? ¡Me cago en mi calavera! ¡Qué sortilegio ni qué, pone “Hecho en Albacete”! ¡Este saxofón es más falso que el flequillo del Dioni!

¡Vaya plancha! Así que hemos salido del Museo, y nos hemos sentado a meditar en el monumento ese que parece un cubo que hay a la entrada. Había un trío de macarras, pero Puto Bocazas se ha ocupado de ellos en una actuación digna de Matrix. Es mejor no ponerse delante cuando está rebotado.

- ¡En fin, Puto Bocazas! ¡Qué faena!
- ¡Bah, qué le vamos a hacer! Para relajarnos, vamos a tocar algo. Toma, he traído un trombón de varas portátil. Y para mí, un piano de bolsillo.
- ¡Es increíble lo que te cabe debajo del ala! Oye, que se me está poniendo el organismo de Jay Jay Jonhson. ¿A ti no se te pone cuerpo de Winton Kelly?
- ¡Al lío, Troglo! “Time after time”.

¡Ay! Si no fuera por estos momentos.