Señoras, señores, buenos días a todos. Soy Troglo Jones, y les doy la bienvenida a esta conferencia, que lleva por título “Gane pasta vacilando a la gente”.
(Aplausos)
Gracias, gracias, damas y caballeros. En el día de hoy, pretendo demostrar que es posible dar un truño de conferencia y, aún así, que la gente te dé pasta.
(¡Ooh! ¡Aah! ¡Imposible! – murmura el público).
Nada hay imposible para el gran Troglo, damas y caballeros. Es una cuestión de estricta planificación. Observen, por favor, la gráfica siguiente, diseñada por mi colaborador, el loro Puto Bocazas. En ella se definen los 4 cuadrantes del desarrollo humano, en función de 2 variables, fealdad e idiotez.
¡Observo que todos los presentes en esta sala se encuentran en el cuadrante 1, je, je, je!
(¡Je, je, je! – los asistentes rien el chascarrillo, sin sospechar que lo digo en serio).
Bien, bien, como les decía, ganar pasta con un truño de conferencia sólo depende de la adecuada planificación. Es muy sencillo, la estrategia comercial consiste en segmentar nuestro producto, en este caso, la conferencia-truño, y dirigirla a nuestro mercado objetivo, los cuadrantes 1 y 2, que están compuestos por idiotas.
(¡Ooh! ¡Aah! ¡Caramba! – murmura el público).
Porque, damas y caballeros, reflexionemos un momento, aunque no tengan costumbre. Si nos dirigimos al mercado de personas inteligentes con un producto tan truñesco como esta conferencia, su reacción natural será huir o darnos una paliza, ¿correcto?
(¡Sí, sí! – dice el público).
Y eso dificultaría nuestros objetivos de ganar pasta por la cara. Si, señoras y señores, háganme caso: ¡el secreto del éxito está en los idiotas! Realmente, la variable fealdad no importa mucho, aunque yo prefiero dar conferencias a personal de buen ver, preferiblemente femenino, que a gente horrenda. Pero este es un factor secundario, concentrémonos en lo que importa: ¡los idiotas, porque pueden hacernos ricos!
(¡Sí, sí, sí! – grita el público).
Es el secreto, damas y caballeros. Si no son capaces de diseñar más que conferencias mierdosas, intenten llenarlas con idiotas. De este modo, su éxito estará asegurado, ya que ningún idiota estará en posición de darse cuenta de que su conferencia es un truño. ¡Incluso dirán que ha sido muy buena!
(¡Sí! ¡Bravo, bravo! ¡Qué buena conferencia!– vocifera el público).
Gracias, señoras y señores, muchas gracias. Ha sido para mí un placer estar hoy con ustedes y compartir los secretos del éxito. No olviden al salir apoquinarle a mi loro, Puto Bocazas, los 300 eurazos por cabeza que costaba esta conferencia, para convertir la teoría en práctica. De nuevo, muchas gracias.
(Aplauso atronador).

