Caminando por el puente
un vejete me decía:
esta juventud de hoy día
ni es juventud ni es valiente.
Les gobiernan los ladrones
y en vez de la rebelión,
organizan botellones
de Dyc y fanta limón.
En mis tiempos, muchachote,
peleamos como leones,
corriendo ante los garrotes
de grises y de marrones.
Pero entonces, cierta vez,
la juventud se movió.
Y el viejo, cachis en diez,
he aquí lo que me soltó:
¡Juventud de analfabetos!
En lugar de trabajar,
no muestran ningún respeto
y salen a berrear.
¿Perroflautas y anarquía?
¡Qué vengan los militares!
Algunas veces siento muy cerca esta poesía del mejicano Juan de Dios Peza. Abrumadoramente cerca. Más de lo que me gustaría:
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra,
y más feliz..." y el cómico reía.
Víctimas del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
- Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
-Viajad y os distraeréis. -¡Tanto he viajado!
-Las lecturas buscad. -¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer. -¡Si soy amado!
-Un título adquirid. -¡Noble he nacido!
-¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas.
-¿De lisonjas gustáis? -¡Tantas escucho!
-¿Qué tenéis de familia? -Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios? -Mucho... mucho.
-De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.
- Me deja -agrega el médico- perplejo
vuestro mal, y no debe acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik podréis curaros.
-¿A Garrik? -Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡Tiene una gracia artística asombrosa!
-¿Y a mí me hará reír? -¡Ah! sí, os lo juro;
Él sí; nada más él; más... ¿qué os inquieta?
-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
Como hoy parece que no entra ni dios en el blog, aprovecho para meter un poco de cultura, así que voy a calzar un poema del mejicano José Juan Tablada, que esto en hora de máxima audiencia no se puede hacer. Y como todos tenemos nuestros compromisos, yo he tenido que elegir un poema dedicado a...un loro.
EL LORO
Loro idéntico al de mi abuela,
funambulesca voz de la cocina
del corredor y de la azotehuela.
No bien el Sol ilumina
lanza el loro su grito
y su áspera canción
con el asombro del gorrión
que sólo canta “El Josefito”…
De la cocinera se mofa
colérico y gutural
y de paso apostrofa
a la olla del nixtamal.
Cuando pisándose los pies
el loro cruza el suelo de ladrillo,
del gato negro hecho un ovillo,
el ojo de ámbar lo mira
y un azufre diabólico recela
contra ese incubo verde y amarillo,
¡la pesadilla de su duermevela!
¡Mas de civilización un tesoro
hay en la voz
de este super loro
de 1922!
Finge del aeroplano el ron-ron
y la estridencia del klaxón…
Y ahogar quisiera con su batahola
la música rival de la victrola…
En breve teatro proyector de oro,
de las vigas al suelo, la cocina
cruza un rayo solar de esquina a esquina
y afoca y nimba al importante loro…
Pero a veces, cuando lanza el jilguero
la canción de la Selva en abril,
el súbito silencio del loro parlero
y su absorta mirada de perfil,
recelan una melancolía
indigna de su plumaje verde…
¡Tal vez el gran bosque recuerde
y la cóncava selva sombría!
En tregua con la cocinera
cesa su algarabía chocarrera,
tórnase hosco y salvaje…
¡El loro es sólo un gajo de follaje con un poco de sol en la mollera!
Siempre es recomendable releer al gran Mario Benedetti. Especialmente magníficos encuentro sus “Poemas de la oficina”, de los que transcribo un ejemplo aquí. ¡Cuántas veces no me habré sentido así, no me habrá pasado esto! Y a todos, supongo.
Voy a cerrar la tarde se acabó no trabajo tiene la culpa el cielo que urge como un río tiene la culpa el aire que está ansioso y no cambia se acabó no trabajo tengo los dedos blandos la cabeza remota tengo los ojos llenos de sueños yo qué sé veo sólo paredes se acabó no trabajo paredes con reproches con órdenes con rabia pobrecitas paredes con un solo almanaque se acabó no trabajo que gira lentamente dieciséis de diciembre.
Iba a cerrar la tarde pero suena el teléfono sí señor enseguida comonó cuandoquiera.
Si se puede, se compra uno el libro. Si no, podéis encontrar este y otros libros de Benedetti en la revolucionaria web del Viejo Blues, http://www.viejoblues.com/.
Tras una divertida polémica sobre el poemilla "Instantes", que no es de Borges se quiera o no (ni siquiera le pega), quiero dejar aquí otro poema, que sí es de Borges, y que trata temas similares al del famoso "Instantes", repetido ad nauseam. Se llama EL REMORDIMIENTO: