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lunes, 10 de marzo de 2008

Lunes

¡Bueno, bueno! La de cosas que hay que contar. Pues resulta que, pero espera un momento, el teclado del ordenador de esta oficina tiene un aspecto comodísimo. Solo voy a apoyar la cabeza un momentito

ajgh08oaihopiuwhghajjgalkjglkjdljvlkajlkgjlkkjahlñhbfljhvlñjahouhgreoyfopuwahobhoiauuophvdoñjawlkdfpilujaoñuhboiwrghopihawpi`brjhopakkhr`pouipoa+igkpo+aj+pwrijupoiagwjpejfpoawebpib pni bvpibriojb+pn pi awejgpo+wiro+awop+iaajksjkfljal zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz!!!!

¿Eh? ¿Uh? ¡Oooouuuuaaaah! (bostezako). Bueno, parece que me he quedado un poco traspuesto y, por supuesto, se me ha olvidado lo que quería contar. Una cosa que quería advertiros es que os paséis por El Corte Inglés, porque han puesto mogollón de discos de jazz a 6,95. Están, por ejemplo, de Lee Morgan, "The Sidewinder" y "The Rumproller", el "Open Sesame" de Freddie Hubbard, "Soul Station" de Hank Mobley, varios de Blakey con los Messengers, Horace Silver, Ornette Coleman, el "Outward Bound" de Eric Dolphy, un par de Donald Byrd, el fenomenal "Brilliant Corners" de Thelonius. La verdad que hay muchos. No digáis que no os avisé.


Este fin de semana también he visto un reportaje que se llama "Jesus Camp", un poco coñazo, pero escalofriante al respecto de fundamentalismos cristianos. Vaya tela.


Y, a riesgo de que me llaméis frikazo, he revisitado también este fin de semana una película que me encanta, “La sal de la tierra” (1954), del legendario Herbert Biberman, uno de los “Diez de Hollywood” que fue entrullado por el senador McCarthy por rojeras y por negarse a contestar las preguntas del Comité de Actividades Antiamericanas. Ni corto ni perezoso, con la Caza de Brujas aún en marcha, se piró a Nuevo Méjico y, con la financiación del Sindicato Minero y con actores que eran en su mayoría mineros reales y algunos profesionales incluidos en la Lista Negra, hizo una película sobre lucha obrera que sacó los colores al mundo. Por supuesto, le jodieron todo lo posible para que no pudiera hacerla. Llegando a que la actriz principal, la mejicana Rosaura Revueltas, fue deportada, y entró clandestinamente en los Estados Unidos para rodar las tomas que faltaban.

Lo que más me gusta de la película es la valentía a la hora de tratar todos los temas, parece increíble que esté hecha hace más de cincuenta años. Es una película que habla de dignidad. Un amigo mío diría que es una película “de cojones”. Pero no. Es de “cojones”, pero sobre todo de “ovarios”. Porque se enfrenta a un fantasma al que pocos osaban, a algo que solía pasarse por alto cuando se hablaba de igualdad: el machismo descomunal. Mucha dignidad al luchar para que no se te discrimine por tu raza o por tu clase pero,¿has mirado en tu casa? ¿Te atreves a pedir dignidad para ti y se la niegas a tu mujer? En fin, lo mejor es verla.

¡Qué cosas! Esta es una película cuyo estreno se prohibió en Estados Unidos (estuvo prohibida hasta 1965). Y, hoy, una copia está en el Archivo Nacional de la Biblioteca del Congreso, como una de las 100 películas de la historia que merecen ser preservadas para la posteridad. ¡Cosas veredes, amigo McCarthy!


Ya sé que debo una historia de los mandarines, a ver si mañana la puedo subir.


Oye, y enhorabuena por la victoria de Rajotero. ¿O era Zapajoy? ¡Qué duda!

viernes, 30 de noviembre de 2007

Soy leyenda

Queda poco para que se estrene una nueva versión peliculera del libro de Richard Matheson "Soy leyenda". Mucho me temo que, como en la versión anterior, la infumable "Omega Man" con el amigo Charlton Heston, la conviertan en un mero espectáculo de acción chorra y final feliz, con Will Smith volándoles la sesera a tutiplen a mogollón de vampiros y afines. Pero en fin, la esperanza es lo último que se pierde. Me gustaría que, por una vez en la vida, fueran fieles al libro de Matheson, a la desesperanza, la soledad y la tristeza que transmite. ¿Cómo puede alguien seguir viviendo en esa situación, por qué no pegarse un tiro y acabar de una vez?
Y sobre todo, que refleje ese puñetazo a todos los prejuicios de los "normales", ese final donde el título de "Soy leyenda" cobra todo el sentido que quiso darle Matheson.
Consérvate bueno.