Había un hombre llamado Julín Fanegas. Nada de extraordinario había en Julín a primera vista, excepto el hecho de que era de Guadalajara y, pensándolo bien, tampoco eso es demasiado extraordinario. Otro hecho algo fuera de lo normal es que pesaba unos 130 kilos en canal pero, aunque esto no sea frecuente, tampoco es una cosa paranormal. Algo más alucinante era el hecho de que tenía un cuñado que respondía al grotesco nombre de Bimbín Dromedario, pero incluso esto no pasaría de ser una mera anécdota.
Pero Julín, aquel campechano ternero, escondía un terrible secreto. No tenía meninges. Como suena. El famoso Troglo Jones, director de operaciones, que fue jefe del susodicho cuando el susodicho, y valga la redundancia, ostentaba el cargo de subnormal interino, sospechó algo cuando se dió cuenta de que no tenía la más remota idea de qué hacia el interfecto cuando se suponía que curraba. Así, el citado Troglo, con peligro de su integridad física, rastreó las carpetas de proyectos de Julín y encontró los cadáveres de 17 hipopótamos en avanzado estado de descomposición. Tras este terrible hallazgo, no quedó más remedio que ascender a Julín Fanegas a abrazafarolas en jefe, debido a su falta de meninges.
El famoso loro Puto Bocazas puede aportar también un importante testimonio sobre Julín:
- ¡TROOOGLOOOO! ¡Deja de escribir chorradas y córtame las uñas, que las tengo como mejillones!
Un caso francamente curioso, sí.
