Cierto día del año del Mono, el mandarín Ku Ñao se estaba sacando brillo a las uñas cuando decidió hacer una nueva contribución al mundo, y llamó a su pupilo Par Di Yo:- ¡Par Di Yo, aproxímate raudo, lagartija de montaña!
- ¡Siempre a las ordenes de vuestra mandarinez! – dijo Par Di Yo, apareciendo como por arte de magia en la puerta.
- Atiende, Par Di Yo, porque tenemos un nuevo encargo. Te lo voy a asignar a ti porque, aunque has demostrado siempre tener menos inteligencia que una cucaracha, por lo menos sales barato al mandarinato.
- ¡Gracias, oh Maestro!
- Tenemos que hacer un A-Che-Mén, Par Di Yo.
- ¿Un A-Che-Mén, Maestro? ¿Qué es esto?
- Un A-Che-Mén, asno de primavera, consiste en coger a varias personas y valorar su capacidad en distintas competencias y habilidades con diferentes ejercicios, pruebas y tests.
- ¡Ah! ¿Y por qué no lo llamamos valoración, en vez de ese nombre tan extraño?
- Par Di Yo, ¿es que te resetean el cerebro cada vez que sales de mi despacho? ¿No has entendido todavía, infame truhán, que cuánto más estrambótico sea el nombre que uso, más difícil parece lo que hago y más caro lo cobro?
- Cierto, Maestro. Lo había olvidado.
- Pues no lo olvides, Par Di Yo. Honra a la Patria, el Emperador y los Antepasados pero, por delante de todo, la Pas-Tá.
- ¿Y si la Pas-Tá entra en conflicto con el Emperador?
- ¿De verdad tengo que contestarte a eso, Par Di Yo?
- Er, no, Maestro. Pas-Tá, Pas-Tá, Pas-Tá.
- Así es, medita sobre la Pas-Tá todo el día y toda la noche. A lo que iba. Aquí tienes el listado de personas que pasarán el A-Che-Mén. Pero, sobre todo, que no se enteren de que es un A-Che-Men.
- ¿Cómo?
- Par Di Yo, en nuestro cliente, “Loto Agridulce”, el horno no está para pan chino. Si los honorables funcionarios se enteran de que van a un A-Che-Mén, pueden empezar a mosquearse, y preguntar para qué.
- ¿Y qué problema tiene eso?
- Par Di Yo, porque los objetivos del A-Che-Men son recolocar, despedir, promocionar o condenar al ostracismo. Si se enteran de esto, podrían empezar a crear ciertos problemillas relacionados con la objetividad que ocasionaran que nuestro cliente no pudiera hacer lo que le dé la gana. ¿Lo coges?
- Creo que sí, Maestro. ¿Y qué hay que decirles que es, entonces?
- Les diremos que se les convoca a un curso, y disfrazaremos el A-Che-Mén como si lo fuera. A todo el mundo le gustan los cursos, je, je. Así que se descuidarán, se creerán que los ejercicios que están haciendo son dinámicas propias de un curso, hablarán, y entonces…
- Pero, Maestro – interrumpió Par Di Yo - ¿es moral llevar a unos funcionarios a ser evaluados engañándoles? ¿La verdad no es sagrada?
- ¡Oh, Par Di Yo, con que ligereza usas grandes palabras! ¿La verdad? La verdad es etérea cuál flor de crisantemo. Ya lo dijo el gran poeta Lo-Pé:
En este mundo traidor
la verdad y la decencia
las define el pagador
a su propia conveniencia.
- Pero, Maestro…
- ¡Par Di Yo, que te callles, Ko Ño! ¡Haz lo que te digo y basta!
- Sí, Maestro. ¿Y en qué competencias y habilidades han de ser eval…formados esos funcionarios?
- Bueno, como todavía faltan un par de días para el A-Che-Mén, te da tiempo a inventártelas.
- ¿Un par de días? ¡¿Qué me las invente?!
- Así es, Par Di Yo, nuestro cliente no las tiene definidas. Ya sabes, lo de siempre: cuarto y mitad de Liderazgo, Trabajo en Equipo, esas cosas.
- Pero, Maestro, si yo no conozco nada del negocio del cliente. ¿Cómo vamos a fiar el futuro profesional de esas personas a unos nombres abstractos que yo me invento en dos días? ¡No sabré lo que mido ni por qué!
- Es que da igual lo que midas, Par Di Yo. Si los dioses ya han escrito el libro del destino, ¿qué podemos hacer los hombres?
- ¿Cómo? ¿Pero un A-Che-Mén no consiste en valorar…?
- Par Di Yo, ya que no coges las sutiles alegorías orientales, lo diré despacito para que entre en tu cerebro de gusano de seda: el cliente va a poner los resultados que le dé la gana, ¿entiendes? Lo único que hay que conseguir es que nuestro A-Che-Mén “ratifique” los resultados del cliente.
- ¿Me estáis diciendo, Maestro, que el cliente ya sabe los resultados que tiene que obtener en la valoración antes de que esta ocurra, y que nosotros tenemos que dárselos? ¿Qué el A-Che-Mén está amañado?
- ¡Amañado! ¡Qué palabra tan fea, Par Di Yo! Lo que pasa que el cliente tiene su criterio, y le gustaría verlo ratificado. Nada más.
- Pero, Maestro, en este caso, si el cliente piensa que alguien debería obtener una valoración alta en el A-Che-Mén y la obtiene baja cuando lo realiza, ¿significa esto que yo debo modificarle la valoración a Ka-Pón para que coincida con la del cliente?
- ¡Pero qué listo es mi Par Di Yo!
- ¿Y por qué el cliente no hace la valoración directamente y ya está, si el resultado va a ser el mismo?
- ¡Pero que bruto eres, Par Di Yo! Porque nuestro A-Che-Mén le da legitimidad, y la valoración no parece arbitraria.
- ¡Pero si es arbitraria!
- Par Di Yo, te encuentro hoy especialmente espeso, cuál salsa de soja caducada. ¡Te he dicho ya veinte veces que no importa lo que ES, sino lo que PARECE, aunque todo el mundo sepa que no es lo que parece! ¡Olvídate de Confucio ya, Par Di Yo, lo importante no es la esencia, es la apariencia! Nosotros lo único que hacemos es darle una coartada teñida de supuesta imparcialidad al cliente, para que haga lo que le dé la gana.
- Pero, pero, pero…
- ¿Vas a empezar otra vez a jeringar con la verdad, Par Di Yo?
- Yo…no, Maestro.
- ¡No pongas esa cara de seta china, Par Di Yo! Como te dije, si es voluntad de los dioses que el mundo sea como es, ¿quienes somos tú, o incluso yo, para cambiarlo? Sé filosófico, Par Di Yo, y trata de sacar la parte positiva.
- ¿La parte positiva? Maestro, ¿este disparate tiene parte positiva?
- ¡Pues claro, Bo-Ba-Li-Kón! Nuestro margen de beneficio será mucho mayor, ¿no lo ves? Da exactamente igual que las pruebas de evaluación que uses sean maravillosas o sean basura. Y da igual que utilices a buenos consultores o metas a Be-Ka-Rio y compañía. ¡Como al final es el cliente el que nos va a dar las valoraciones, pues todo da igual! Así que hagámoslo de la forma más Ku-Tré posible y a lo mejor me puedo comprar un Ya-Té de repuesto. ¡Je, je, je, je! ¡Jo, jo, jo! ¡JUA, JUA, JUAA! (risa de loco maligno).
- ¡Maestro, que me dan escalofríos…!
- ¿Eh? ¿Uh? Ejem, bueno Par Di Yo, hasta un mandarín puede perder un poco la compostura de vez en cuando. Es que pensaba en montañas de billetes y no sé qué me ha dado. ¿Y qué haces todavía aquí? ¡Sal a escape a preparar el A-Che-Mén! Y factura por anticipado, que de este cliente no me fío un pelo, tiene fama de poco ético.
- ¡Grrrmtxj!
- ¿Dices algo, Par Di Yo?
- Nada, Maestro. Siempre a vuestros pies.
- Vete en paz, Par Di Yo, pues hoy eres un poco más sabio que ayer.
Y esto fue lo que aconteció. Y quedó recogido en los pergaminos con estos versos:
Una vez sois mandarines
entendéis que la verdad,
me sale, y no es vanidad,
me sale de los cojines.
PD: Lamentable, pero rigurosamente histórico palabra por palabra. Y, no diría habitual, pero tampoco raro. Para los menos familiarizados con los A-Che-Men, buscar “assessment” y os haréis una idea de lo qué es.
Saludos a la familia Erradizo (The Erradizo’s, oye que buen nombre para un club de jazz), con los que tomé una cañita el domingo. Muy guapos todos. Fue un placer comprar e intercambiar discos, y espero que no sea la última.
