Bueno, estimadas señoras, caballeros, espero hayan disculpado mi semiausencia. Pensaba subir un post esta semana, pero resulta que era un post con música, y como Goear es una puta mierda, ahora no te deja subir archivos. Un momento, ¿se puede decir“puta mierda” en directo? Bueno, por si acaso diré que es una cortesana deposición, y todo arreglado. Y como no puedo subir el archivo con música, ahora me tengo que inventar un post. ¡A ver ahora que digo! Bueno, os voy a contar una cosa. Resulta que esta semana tengo que dar una charla de las mías a peña de un organismo público para que aprendan a planificar mejor, y eso. No me preguntéis por qué me llaman para estas cosas, me asombra tanto como a vosotros, pero el caso es que así es. Pues me he inventado un cuento para que la gente lo pueda analizar y aplicarse moraleja, a ver que os parece, yo lo llamo, ¡tachán!: EL TÍO QUE NO PLANIFICABA NI EL HUEVO Pues esto era un tío que no planificaba ni el huevo. Por ejemplo, se levantaba el tío por la mañana y no tenía planificado si afeitarse o no. Así que, según le daba, improvisaba, cual músico de jazz, pues hoy me afeito, pues hoy no. Pero resulta que esto le daba grandes quebraderos de cabeza. Como no planificaba, resulta que el día que se afeitaba no se levantaba un poco antes para afeitarse, así que se le hacía tarde, y el jefe le echaba la bronca al llegar a la oficina. Sin embargo, otros días se levantaba y decía, pues hoy paso de afeitarme, pero como no lo tenía planificado resulta que se había levantado demasiado temprano para no afeitarse, y entonces tenía que esperar en la puerta de la oficina como un toli a que abrieran, y encima sin afeitar. Así que dijo, esto no puede seguir así, voy a planificar. Y decidió afeitarse los lunes y los miércoles, y no afeitarse los martes y los jueves. Entonces, los lunes y los miércoles se levantaba un poco antes, y los martes y jueves un poco después. Los viernes, como le quedaba descabalao, decidió no ir a trabajar directamente. Y así esto le funcionó muy bien, ni llegaba tarde ni pronto, y era feliz. Eso sí, el segundo viernes que no apareció a currar, el jefe le puso en la puta calle. Y esto le hizo más feliz aún, porque se había dado cuenta de que trabajar es un verdadero coñazo. Escribió un libro de planificación del afeitado y vivió de las rentas. Lo que demuestra la gran importancia de la planificación. Y esta es la historia del tío que no planificaba ni el huevo. ¿Qué os parece? ¿Sacarán el meollo del asunto? ¿Les motivará a planificar? Fuera de coña, a mí me das un absurdo como este y soy capaz de estarme una mañana entera tirando del hilo y sacando conclusiones a cual más disparatada. En fin, ya os contaré. Abrazos.