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martes, 16 de diciembre de 2008

Qué vagas son las hojas

Que digo yo que qué vagas son las hojas. No hacen más que ponerse ahí, en blanco, y, hala, uno tiene que llenarlas de cosas, de letras. Y no te ayudan nada, las jodías. Se quedan ahí, esperando, diciendo, a ver, pringao, a ver qué se te ocurre. Y si no se te ocurre nada, te miran raro, encima, como que se cachondean. O te crees que se te ha ocurrido algo interesante, y cuando lo pones sobre la hoja, no sé qué hace la hoja, lo modifica o algo, pero escrito te parece una idiotez, y dices, soy subnormal. Y antes te vengabas arrugando la hoja, todo iracundo, y la hacías una pelota, y se la tirabas al loro. Pero ahora, con el ordenador, ni eso te queda.


Pero ya paso de todo. Que se las apañe la hoja, hombre, que ya estoy harto de currar sólo yo. ¿No es tan lista? Pues, hala, aquí la dejo, en blanco, y a ver qué hace, y cuando acabe, que me llame para firmar, como a los directores de operaciones. Ya que es tan fácil inventar, hala, hala. Que aquí mucho sabemos criticar, pues a ver qué sabemos hacer.


Y esto se lo dedico a Mario Benedetti, que se fastidie, en venganza por escribir él tan bien y yo tan mal.

miércoles, 2 de enero de 2008

El trueno entre las hojas

Durante estos días navideños, además de disfrutar de un catarrazo récord con el que llevo ya doce días, he tenido la oportunidad de leer "El trueno entre las hojas", recopilación de cuentos del gran escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. Nunca ha sido un autor fácil de leer, pero la recompensa merece el esfuerzo.

Me llama la atención el hecho de que un escritor que pasó la mayor parte de su vida en el exilio pueda ser tan representativo de su país como Roa Bastos. O quizá el haber pasado casi toda su vida en el exilio es la mejor razón. Sus libros son hijos de su tiempo, de la situación política de su país, de su terrible y torturada historia, de su gente, siempre llenos de giros guaraníes que te hacen detener la lectura a cada rato. Su sabor es inconfundible.

Sus libros me provocan el deseo de conocer ese país tan desconocido, Paraguay. Tan castigado por las guerras y tan hermoso para los que lo han conocido. Espero poder visitarlo alguna vez.

Por cierto, demostración de conocimientos friki: ¿sabía usted que Paraguay es el único país cuya bandera no es igual por los dos lados? Con esto se puede impresionar a cualquier camarera que no sea paraguaya. También es posible que os echen del bar.

Consérvate bueno.