Estaba el otro día hablando con un peligroso chiflado, porque yo sólo me relaciono con gente seria. Y estaba yo ponderando la gran voz de Sarah Vaugahn cuando el chiflado en cuestión, asintiendo a mis razones, me puso como otro ejemplo de luminaria musical a una conocida cantante española que, cada vez que abre la boca para cantar, desafina más que el Caminero anunciando las natillas Danone. Ya iba yo a argumentarle con un taburete sobre la sesera que cómo se atrevía a hacer ciertas comparaciones, cuando me salió del bolsillo superior de la camisa (siempre lo llevo ahí) Mario Benedetti y le soltó:
Tienen una acendrada
vocación para el canto
pero hay una minucia
que a veces las separa.
Mientras que al ruiseñor
puede salirle un gallo
al gallo en cambio nunca
le sale un ruiseñor
Y el chiflado desapareció en una nube de azufre. Así que me pude beber su cubata, que estaba por la mitad. Y es que algunos somos contundentes y otros, como Benedetti, son elegantes.
