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Hoy hace 25 años que nos dejó un gran aficionado al jazz. Se llamaba Julio Cortázar, y también escribía.
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Lloremos por él, pero “atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.
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París guarda sus huesos, como no podía ser de otra manera. Hoy, Charlie Parker y él se persiguen.
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Era un mago, para quién nada era lo que parecía ser, y todo tenía un millón de posibilidades.
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Este post es una “rayuela”. Podéis leerlo en cualquier orden. No tiene principio ni fin. No importa si empezáis por 5, seguís por 2, y acabáis en 4. O sí empezáis por 3, seguís por 4 y acabáis en 1. Es nuestro homenaje a Julio.
