Aunque parezca increíble por su importancia histórica, son muchos los amantes del jazz que desconocen los logros alcanzados por el insigne Ternario de Rotemburgo.Esta figura señera del proto-jazz nació por el Barroco o por ahí, hijo primogénito de una acomodada familia rotemburguesa, famosa por su gran voracidad comiendo magdalenas. Se dice que el nombre de Ternario le viene porque había un ternero entre sus antepasados, algunos sostienen que el mismísimo buey Apis, pero esto es otra historia. Y se apellidaba de Rotemburgo porque, como dicho queda, era de allí. Esto era común en aquella época, lo de bautizarse con el toponímico, como Amadís de Gaula o Rafael de Paula.
En fin, gilipolleces aparte, Ternario demostró aptitud para la música ya en su juventud. Y sucedió que un día, mientras practicaba un concierto barroco con su viola de gamba, se le cayó la partitura al suelo y, ¡catacroc!, un compás se le rompió en tres partes. Ni que decir tiene que Ternario se irritó bastante, porque en esa época los compases valían una pasta, no como ahora que te los descargas por Internet a puñaos. Intentó recomponerlo, pero no había manera. “¡Grrr!”- se dijo a si mismo Ternario de Rotemburgo – “tendré que dividir el compás en tres partes al tocarlo”. Y así lo hizo, y dijo: “Oye, este ritmillo no suena mal. ¡Vamos otra vez!”. ¡Sí, sí, acababa de inventar el ritmo ternario, y eso con una viola de gamba! De hecho, el ritmo ternario se llama así en honor a Ternario de Rotemburgo, no porque el compás se divida en tres partes, que eso, como habéis visto, fue una afortunada casualidad.
Así que Ternario, ni corto ni perezoso, se dedicó a ir a casa de todos sus amigos a enseñarles el ritmo ternario. Les quitaba las partituras y las tiraba al suelo, ¡catacroc!, y los compases se rompían en tres partes. Los amigos intentaban asesinarle, pero Ternario se ponía a tocar aquel ritmillo, y entonces todos se daban cuenta de que era un gran invento.
Ternario y su ritmo se hicieron tan famosos que el Burgomaestre de Rotemburgo quiso conocerle. Y llegó el infausto día en que Ternario hizo una demostración de su ritmo al Burgomaestre. Cogió una partitura, la arrojó al suelo con maestría para partirla en tres trozos pero, ¡oh, desgracia! sucedió que, al romperse, saltó una semicorchea que golpeó al Burgomaestre en todo el ojo, dejándoselo azul-morado, por lo que se convirtió inmediatamente en una “blue note”. ¡Qué situación! Y la desgracia se abatió sobre nuestro héroe.
El Burgomaestre, que tenía muy mal café, cogió y alistó a Ternario en una banda militar de infantería como cornamuseta, y le mandó a la guerra de los 30 años. En esta época, como veis, se sabía lo que iban a durar las guerras, como si fueran partidos de fútbol.
Como tocar la cornamusa en una banda militar 30 años era un coñazo, Ternario desertó a la primera oportunidad, embarcándose de polizón en un buque que iba a las Indias Orientales, donde se instaló y siguió quebrantando compases hasta la avanzada edad de 213 años, ya que llevó siempre una vida muy sana, comía una manzana al día, y sólo tomaba whisky de garrafa de 8 a 12 de la mañana.
Por desgracia, los compases quebrantados de Ternario se perdieron para la posteridad, robados por el famoso loro pirata Bo-Ka-Zong, que los uso para calzar la pata de la mesa, que estaba coja. Y es por eso que hemos tenido que esperar tanto para recuperar ese ritmillo.
Otro día os contaré el origen del ritmo binario, que fue descubierto por Lord Binary Jander Carruthers (pronúnciese Karruters), chambelán de la corte de Trifique VIII. ¡O a lo mejor no!
