Erase una vez, en el mundo de Oz, en un mundo de princesas, unicornios y arco iris radiantes, que había un malvado antisistema. Fijaros si era malo el antisistema que decía que las cosas eran injustas, que estaban mal hechas, y que había que cambiarlas. La sola aparición del antisistema hacia que los animalitos se escondiesen, y que los bebés se pusieran a llorar en sus cunitas. Hasta la bolsa bajaba por culpa del antisistema.
Hasta que llegó un día que el antisistema quemó su último contenedor y se comió su último niño. Pese al peligro de sus palabrotas, setecientos valientes policias lo rodearon y consiguieron reducirle. Y el malvado antisistema fue condenado a callarse y no joder la pava más, que aquí todo va dabuten. Y si no, que se fuera a Cuba, a ver si le gustaba más.
Niños y niñas, siempre que veáis un antisistema, correr y gritad muy fuerte, y llamar a papa y a mama y a la policia. Para que no os equivoquéis, os dejamos este dibujo del malvado antisistema.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Moraleja: Antisistema no sé, pero yo hay días que me liaba a hostias y me quedaba solo.
