Cierto día del año del Cerdo (con Per-Dón), el mandarín Ku Ñao relajaba su espíritu jugando al ancestral juego de los chinos con su discípulo, Par Di Yo:
- ¡Tres! – dijo Par Di Yo.
- ¡Cuatro! A ver. ¡Je, je, je! Siempre te Pi-Yo, Par Di Yo. Eres ingenuo cual Te-Lé Tu-Bi. Bien, es hora de que dejemos nuestro oriental esparcimiento y nos dediquemos al trabajo.
- Maestro – dijo Par Di Yo – Ya que, con esta crisis, nos tocamos la barriga más de lo normal, quería aprovechar para plantearos la...la Gran Pregunta.
- ¿La Gran Pregunta, Par Di Yo? ¿La Pregunta del Mi-Yón?
- La misma, Maestro.
- Par Di Yo, ¿estás seguro, batracio imprudente? Mira que, una vez planteada la pregunta, ya no hay marcha atrás.
- Estoy seguro, Maestro.
- Plantea pues la pregunta, Par Di Yo.
- Maestro – dijo Par Di Yo, tembloroso cual flan chino - ¿Qué Ko-Ño es eso de ser consultor?
- ¡Los dioses nos asistan, Par Di Yo! ¡Has planteado la Gran Pregunta! Pero me temo, escarabajo de la Pa-Ta-Ta, que es una pregunta imposible de contestar, incluso para un mandarín.
- Maestro, yo pensé que los tipos que son consultores y que cobran un pastón por perpetrar informes ridículos, serían capaces de responder con facilidad a esta sencilla pregunta.
- ¿Qué insinúas, serpiente de las rocas?
- Nada, Maestro, nada.
- Está bien, Par Di Yo, tú lo has querido. Hora es ya de que escuches las Seis Verdades, aquellas que definen en qué consiste el trabajo del consultor.
- ¿Las Seis Verdades, Maestro?
- Las Seis Verdades, Par Di Yo. Son estas tan importantes y tan solemnes que, cada vez que diga una de ellas, debes hacer sonar el gong de ceremonias. ¡Arréale al gong de una vez, tortuga artrítica!
¡GOOONGG!
- Esta es la Primera Verdad, Par Di Yo. El trabajo de consultor consiste en dar nombres esotéricos a cosas evidentes.
- ¿Cómo es eso, Maestro?
- Cuando yo te digo que eres más lento de entendederas que un gusano de seda adicto al A-Nís, esto se llama, por ejemplo “feedback negativo”.
- ¡Vaya!
- O cuando pido opinión a otros sobre como hago mi Ku-Rro, también se llama “feedback”.
- ¿Y por qué no lo llamamos pedir opinión?
- Porque entonces nadie tomaría en serio a nuestra casta. Hay que darle un nombre lo más hermético posible. ¡Arréale al gong, legumbre con patas!
¡GOOONGG!
- Esta es la Segunda Verdad, Par Di Yo. Debemos copiar cosas que otros copiaron antes que nosotros y cambiarles de nombre para que parezcan nuevas.
- ¿Qué decís, Maestro?
- Coge ese pergamino del Imperio Vie-Ju-No, Par Di Yo. Léelo, ¿qué dice?
- ¡Glub! Maestro, esto se parece sospechosamente a lo que vendemos ahora.
- Cierto, Par Di Yo. ¿Por qué esforzarse? Lo único que hay que hacer es coger el Pa-Lé y llamarle Mo-No-Po-Ly. ¡Arréale al gong, marmota de la pradera!
¡GOOONGG!
- Esta es la Tercera Verdad, Par Di Yo. Debemos cobrar un pastón por informes que no dicen absolutamente nada, y que podría realizar un gorila borracho.
- De hecho, Maestro, son realizados por un gorila borracho cuando tenemos suficiente presupuesto.
- Cierto es, Par Di Yo, que ya te instruí suficientemente sobre los informes. ¡Arréale al gong, gamba alucinada!
¡GOOONGG!
- Esta es la Cuarta Verdad, Par Di Yo. Debes considerar a tus clientes como imbéciles a los que es necesario decir que “la comunicación es fundamental” o que “el capital humano es el valor diferenciador de las empresas”. Y este tipo de cosas debes decirlas cada vez que hables. Especialmente en conferencias, debes encadenar frases como estas, una detrás de otra, cual ejercito imperial.
- ¡Qué crueldad, Maestro!
- Así somos los mandarines, duros como la roca. ¡Arreale al gong, bestezuela disoluta!
¡GOOONGG!
- Esta es la Quinta Verdad, Par Di Yo, y es fundamental. En tu trabajo, siempre, debes convertir lo sencillo en algo tan complejo que al honorable cliente se le cambien de sitio los hemisferios cerebrales al leerlo o escucharlo. Bien es cierto que con algunos clientes se notaría poca diferencia, excepto que se rascarían el Ku-Lo con la otra mano.
- Maestro, yo creí que el trabajo de consultor consistía en simplificar lo complejo y...
- Par Di Yo, ¿puedes acercarme un momento aquel Ma-Zo de grandes dimensiones?
- Mejor no, Maestro.
- ¡Arréale al gong, Cen-To-Yo perezoso!
¡GOOONGG!
- Esta es la Sexta Verdad, Par Di Yo. Debes ser capaz de impartir formación sobre cualquier tema, conocido o desconocido, y conseguir que sea inútil siempre. El colmo de la perfección consiste en tener un solo curso para todo, e irle cambiando de nombre según el tema.
- Pero, ¿qué decís, Maestro?
- Esta es la cruel verdad, Par Di Yo, ciervo cornudo. Has abierto la caja de Pan-Do-Ra, y ahora tienes que apechugar. Ya sabes la verdad, Par Di Yo. Trae ahora un cargamento de licor de flores, que tengo la garganta seca cual piedra pómez, y quiero beber para olvidar.
- Oigo y obedezco, Maestro.
Y así fue como Par Di Yo conoció las terribles Seis Verdades. Y los escribas recogieron estas enseñanzas para las próximas generaciones en los versos de rigor:
Qué las hamburguesas son
o al consultor la verdad
créeme, amigo preguntón
es mejor no preguntar.
