Pues me contaron que esto sucedió en Lituania, allá por los años 50. Sabido es que en Lituania siempre hace frío y nieva, y en los años 50, no me preguntéis por qué, hacia todavía más frio y nevaba más. Le podéis preguntar a Al Gore.
Pero bueno, decía que un día, que hacía un frío del copón y nevaba mucho, caminaba el funcionario Batracius Dondelinger (en la foto, con casco) por la calle de Doñav Rogeliav hacia su trabajo. Hay que decir que Batracius pegaba sellos en los documentos en el Ministerio de Chorinización y Judiandas del Pueblo. Llegó a su mesa y se encontró con que ya estaba por allí su compañero Violín Lamelauzis, cuyo trabajo consistia en despegar sellos de los documentos.
- Salud, camarada Lamelauzis. ¿Cómo estás?
- Salud, camarada Dondelinger. Pues la verdad es que tengo frío. ¿Y tú?
- Yo también. Y, además, tengo hambre.
- Pues yo tengo sueño. Y sed.
- Pues vaya plan, camarada Lamelauzis.
- Algo falla, camarada Dondelinger. Si el Estado proveyera a nuestras necesidades, no tendríamos tantas, digo yo.
- Desde un punto de vista materialista y dialéctico, así lo creo, camarada Lamelauzis.
- Hablemos con el camarada Burocraitis para exponerle nuestro caso.
Y allá que se fueron, al despacho del camarada Burocraitis, ya que este era burócrata de segunda, mientras que Batracius y Violín lo eran de tercera.
- Camarada Burocraitis, querríamos discutir unos asuntos importantes de práctica política. Resumiendo, que esto es un asco.
A lo que respondió el camarada Burocraitis:
- A mí dejadme en paz, que no es mi santo.
Esta respuesta dialécticamente poco ortodoxa alienó bastante a los funcionarios Dondelinger y Lamelauzis.
- ¿Qué podemos hacer ahora, camarada Dondelinger?
- La huelga es el arma del proletariado, camarada. Propongo que no demos ni chapa hasta que nos hagan caso.
- Pero, camarada, si vivimos en la dictadura del proletariado y somos, a su vez proletarios, si hacemos huelga, ¿no la estaremos haciendo contra nosotros mismos?
- Bueno, pues haremos huelga contra nosotros mismos hasta que nos hagamos caso.
- ¿Y no será peligroso, camarada Dondelinger?
- Camarada Lamelauzis, yo, con lo jodido que estoy, casi me apunto a unas vacaciones pagadas en Siberia.
- ¡Hombre! digo, ¡camarada!, pues también es verdad.
- Pues hala, vamos a no dar chapa.
Y los funcionarios Dondelinger y Lamelauzis se pusieron en huelga. Pero como el trabajo de uno consistia en deshacer el del otro, el ponerse en huelga lo único que provocó fue una espectacular subida de la productividad, por lo que el Estado les concedió un par de palmaditas en la espalda y la Medalla Insigne Al Mérito En El Currele, que lo que hicieron los funcionarios fue comérsela sin más, porque tenían una gazuza auténticamente eslava.
Esta falta de respeto patriótico les valió a los dos unas vacaciones pagadas de 20 años instalando semáforos en el Círculo Polar Ártico, que les decepcionaron un poco, porque no eran como en el folleto.
Y eso fue lo que pasó, más o menos.
