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martes, 7 de agosto de 2012

Cuentos de los mandarines: los puntos de vista


Cierto día de verano se solazaba el mandarín Ku Ñao, refrescando su dignísima persona con un abanico de seda y un Ku-Ba-Ta de litro, cuando se presentó en su lujoso despacho su leal discípulo, el siempre peculiar Par Di Yo:

- Salud y albricias, Maestro. Siempre que os veo, me asombra observar la intensidad y la entrega con la que trabajáis para el Emperador.
- Cierto, Par Di Yo, cebollino insolente. Es el precio del éxito. Acércame un poco el Gü-Is-Qui, que no llego.
- Aquí tenéis, Maestro. Y, si vuestra mandarinez lo permite, mientras trasegáis vuestros excelsos Ku-Ba-Tas desearía haceros una consulta sobre un problema que roe mis meninges.
- Ya te he dicho que el pensar es la madre de todos los males, Par Di Yo, crustáceo de tierra. Pero, como me siento magnánimo, dime qué tortura tu ofuscada Se-Se-Ra.
- Maestro, pese a los años que llevo en los mandarinatos, debo confesar que sigo sin entender muchas de las decisiones que se toman. Por más que les doy vueltas y vueltas, me parecen absurdas y contrarias a toda lógica. Muchas de ellas pueden incluso estar perjudicando a la empresa. ¿Por qué sucede esto, Maestro? ¿Está el mundo lleno de incompetentes? ¿Por qué algunos gerentes y mandarines toman decisiones que, con el más básico análisis, resulta obvio que son perjudiciales?

El mandarín Ku Ñao se acarició sus largos bigotes, miró al cielo, le atizó un tremebundo trago a su Ku-Ba-Ta, y habló así:

- En verdad tu burrez no conoce límites, Par Di Yo. ¡Ay, no sé si llegaré alguna vez a hacer de ti un mandarín de provecho! Mezclas el Ku-Lo con las témporas, bellota de río. Las decisiones de los mandarines siempre son lógicas.
- No me lo parecen así, Maestro.
- Es obvio, Par Di Yo, porque tu mentalidad no es la de un mandarín. Para desgracia de tu carrera profesional, botijo del oriente, tienes buena voluntad, y juzgas las cosas desde ella. Crees que las decisiones de los mandarines y sus subalternos son tomadas en base a conceptos como la rentabilidad, el desarrollo de la compañía, el crecimiento a largo plazo, ¿me equivoco?
- Esto debe ser lo justo, Maestro.
- Por supuesto, desde este punto de vista, las decisiones que se toman no te cuadran, Par Di Yo. Pero lo incorrecto no son las decisiones, es tu propio punto de vista el que falla. Las decisiones son perfectamente lógicas.
- ¿Cómo es esto posible, Maestro?
- Escucha bien, sandía de primavera. Piensa en esas mismas decisiones, pero enfócalas ahora no desde la buena voluntad, sino desde la mala. Piensa que la gente no hace las cosas por el desarrollo de la compañía o el bienestar de los clientes, sino por quitarse trabajo, por perjudicar a otros, por ganar influencia o por parecer menos tontos de lo que son. ¿A qué ahora sí encuentras lógicas las decisiones?
- ¡Ca-Ram-Ba! ¡Ahora todo cuadra, Maestro! ¡Desde el punto de vista de la mala Fo-Lla, todo encaja como las piezas de un mosaico!
- Así es, grulla soñolienta. Y recuérdalo, Par Di Yo, cuando determinadas cosas no te cuadren desde la buena fe, míralas desde la mala, que la lógica siempre está ahí. Y ahora retírate, cigüeña de la estepa, que todavía tengo que trasegarme unos cuantos Ku-Ba-Tas, y es que es muy sacrificada la vida del mandarín.
- Oigo y obedezco, Maestro.

Y así fue como Par Di Yo aprendió una nueva barbaridad de su maestro Ku Ñao. Y los escribas lo recogieron para que los siglos venideros lo recordaran siempre:

Si no te cuadra, Par Di Yo,
ni palante ni patrás
pues el caso es bien sencillo:
piensa mal y acertarás.

sábado, 7 de abril de 2012

Cuentos de los mandarines: los perdones del Emperador


Nubes de opiáceo humo cubrían el despacho del gran mandarín Ku Ñao, mientras éste meditaba sutiles y finas maldades con las que fastidiar a los Ku-Rri-Tos de su mandarinato. Y en este trance estaba cuando, como suele ser habitual, fue interrumpido en sus meditaciones por su aturdido discípulo, Par Di Yo.

- Saludos y reverencias, Maestro. Veo que estáis sumido en graves reflexiones.
- Así era, Par Di Yo, hasta que tú me has interrumpido, Bo-Ta Ra-Te. ¿Qué nuevas me traes, tiburón borracho?
- Maestro, debéis saber que el Emperador ha concedido amnistía para aquellos que no han pagado los tributos en los últimos años. Si declaran ahora el dinero B, sólo con pagar el 10% quedarán limpios de pecado. Supongo que estaréis contento, Maestro.
- Par Di Yo, asno poseedor de las Diez Mil Ton-tu-nas, ¿acaso me has visto cara de Cho-Ri-Zo, cardo del desierto?
- Er…¿Tengo que responder, Maestro?
- Par Di Yo, debería mandarte a contar granos de arena al Gobi, pero el opio endulza mi ya de por sí apacible carácter. Además, he de reconocer que mi natural prudencia ha hecho que haya tratado de poner ciertos caudales a salvo de la excesiva codicia del Emperador. Con ninguna intención de defraudar, por supuesto, sino para asegurar próximas inversiones que fomenten el bienestar del país y sus súbditos.
- Claro, Maestro, claro. ¿Cómo el nuevo sombrero de jade y lapislázuli que os habéis comprado?
- Efectivamente, Par Di Yo, bellota achinada. Porque cada gorro de mandarín que me compro aumenta el producto interior bru-to. Pero ahora, escucha, borrego de la sublime puerta. Aunque agradezco el gesto del Emperador hacia sus súbditos acaudalados, que ya era hora, temo que declinaré su generosa oferta de puesta al día fiscal.
- ¿Cómo es eso, Maestro? Con sólo un 10%, vuestro expediente fiscal estará limpio.
- Cierto, Par Di Yo. Pero hasta tu aletargada sesera comprenderá que la diferencia entre el 10% que me ofrece el emperador y el 0% que pago actualmente hace que la oferta me parezca poco práctica. Así que seguiré sin pagar nada, y luego ya veremos. Si me pillan, seguro que puedo acogerme a alguna otra amnistía, o sobornar a alguien en su defecto.
- Visto así, Maestro, tenéis razón. No pagar nada es mejor que pagar poco.
- Además, boniato disparatado, ¿quién, en su sano juicio, se acogería a esa amnistía? ¿No ves que sería como ponerse el cartel de Gran Cho-Ri-Zo? Si yo admito que he estado escaqueando Pas-Ta, sería como decirle al Emperador que, a partir de ahora, me vigile con tres ojos, porque no soy de fiar.
- Confieso mi asombro, Maestro. Veo que, a pesar de vuestra chinesca estirpe, no os dejáis engañar cual chino.
- Par Di Yo, el Emperador demuestra una extraña lógica al apelar a la buena voluntad de quien, evidentemente, no la tiene. Además, ¿por qué voy a pagar yo si hay un montón de Prin-Gaos que pagan porque no tienen medio de escaquear su Pas-Ta a la avarienta vista del Emperador? Y ahora retírate, atún amarillo, que se me está consumiendo la pipa de opio.
- Oigo y obedezco, Maestro.

Y así, Par Di Yo asistió con pasmo a otra lección maligna del mandarín Ku Ñao. Y los escribas lo recogieron en verso en los sagrados pergaminos:

Sale barato, chaval,
pero es más barato aún
si sale gratis total.
Ya pagará el personal
con eso del bien común.
¡Toma paraíso fiscal!

sábado, 11 de febrero de 2012

Cuentos de los mandarines: la justicia inversa

Caminaba por los jardines de su mandarinato el mandarín Ku Ñao, solazando su espíritu con el canto de las oropéndolas, cuando apareció entre los arbustos su leal discípulo, el siempre reverente Par Di Yo:

- Saludos, Maestro, y que los dioses derramen sus bendiciones sobre vuestra mandarinez. Suerte que os encuentro, pues ya suponía que estabais vague…, digo, reflexionando profundamente sobre graves cuestiones. Me temo, Maestro, que tenemos un problema laboral.
- Par Di Yo, un día la impertinencia de tu atolondrada lengua te va a costar cara, ¡grrr! ¿Qué problema es ese, oriental Ce-Po-Rro?
- Maestro, parece que tenemos un problema de equidad interna. Algunos de los trabajadores del mandarinato tienen unas condiciones mejores que las de otros que realizan un trabajo similar, y estos últimos se quejan y apelan a vuestra infinita justicia.
- ¡Ah, la equidad y la justicia! ¡Los valores que equilibran la balanza de la vida! Tranquiliza a los Ku-Rri-Tos, Par Di Yo, que se hará justicia.
- ¡Sorprendido me hallo, Maestro! ¿Mejoraréis entonces las condiciones a los menos favorecidos?
- ¡Por supuesto que no, rufián comunista! Lo que haré será empeorar las condiciones de los más favorecidos, y todos contentos. Sobre todo yo, je, je, je.
- Maestro, mil perdones, pero esa justicia no acabo de verla muy clara.
- Par Di Yo, cenutrio de todas las Asias, ¿lo que demandan no es equidad e igualdad? Pues eso es lo que les doy, ya que hay dos formas de conseguir la igualdad: subiendo al de abajo o bajando al de arriba. ¿No es ésta una forma de acabar con las envidias? Ya no tienen que preocuparse de la inequidad, pues ahora el otro está igual de Jo-Di-Do que tú.
- Confieso, Maestro, que no había pensado en vuestro concepto de igualdad por debajo.
- Te falta imaginación maquiavélica, Par Di Yo. Si esto te sorprende, es que no te has leído la última reforma laboral del Emperador.
- ¡Prodigio de sabiduría, Maestro! El Emperador consigue convertir las paradojas en dogmas, lo absurdo en axioma. ¡Abaratar el despido fomenta la contratación! Entiendo pues, Maestro, que abaratar el divorcio debe fomentar el amor.
- Sin duda, Par Di Yo, al igual que abaratar las defunciones fomenta los nacimientos, porque la gente no tiene hijos pensando en lo caro que sale morirse. Así que ve a darles la buena nueva a los trabajadores, dragón escamoso, y recuérdales que ahora les puedo despedir objetivamente.
- ¿Y antes no, Maestro?
- No, Par Di Yo, antes sólo les podía despedir porque sí. Además ahora, como me sale tan barato, contrataré a mucha gente sólo para darme el gustazo de despedirles. ¡Vamos, vamos, circula, boniato de las nubes, que es mi hora de la siesta!
- Oigo y obedezco, Maestro.

Y así fue como Par Di Yo aprendió que las cosas siempre se pueden ver desde dos perspectivas, y que los mandarines siempre las ven desde la que les conviene. Y así recogieron los escribas esta sabiduría para que perdurara a través de los siglos:

No veo de justicia, amigo,
que tú estés bien y yo mal.
Más para arreglar mal tal
no me hacen indefinido,
te hacen a ti temporal.

jueves, 5 de enero de 2012

Cuentos de los mandarines: la solidaridad de los ricos

Comenzaba el año de la cabra montesa, y el esclarecido mandarín Ku-Ñao, honra de su estirpe, meditaba sabiamente con la ayuda de una botella de O-Ru-Jo. Pero sus meditaciones quedaron interrumpidas cuando hizo acto de presencia en su soberbio despacho su discípulo, el poco sagaz Par-Di-Yo.

- Saludos, Maestro. Os deseo las mejores albricias para este nuevo año. Y, si se lo permitís a este ignorante patán, quería someter a vuestra consideración un hecho que me tiene sorprendido.
- Par-Di-Yo, choto de la estepa, ya te he dicho que cavilas demasiado. Pensar no es bueno para tu calenturienta cabeza. Un día se te puede ocurrir alguna idea. ¿Qué hecho es ese?
- Maestro, en estos tiempos de maligna crisis, resulta que hay algunos ricos que han asegurado que desean pagar más impuestos, para contribuir a la recuperación de todos. Confieso que esto me deja confuso.
- ¡Je, je, je! No es extraña tu confusión, Par-Di-Yo, grulla anestesiada. Desconfía siempre de la solidaridad de un rico. Porque, si fuera solidario, no sería rico, ¿no crees?
- Maestro, veo que el O-Ru-Jo presta una mayor agilidad a vuestra de por sí elocuente lengua. Ardo en deseos de saber.
- Escucha pues, lechuga de las cumbres, que como estoy algo Trom-Pa te contaré el secreto de la solidaridad de los ricos. Verás, el asunto tiene varias explicaciones. La primera es que en todas partes hay personas bienintencionadas, incluso entre los ricos y los obispos. Son los que no se merecen ser ricos. Pero son pocos, un porcentaje no significativo.
- ¿Cuál es la segunda explicación, Maestro?
- La segunda explicación, averroncho oriental, y la buena, es el Mar-Ke-Ting. Como la cosa está cruda y la gente lo pasa muy mal, los que somos ricos tenemos que hacernos un lavado de nuestra amarillenta Je-Ta. Así que lanzamos esa propuesta de pagar más para quedar bien.
- Pero tendrán que pagar más, Maestro, y los ricos como vuestra mandarinez son tremendamente taca…estooo, prudentes en sus inversiones.
- ¡Cuidado, Par-Di-Yo, víbora de las nieves! ¡Grrr! Atiende, caracol del opio. Que nos suban los impuestos a los ricos no significa que vayamos a pagar más.
- ¡Gran paradoja, Maestro!
- Nada de paradoja, hongo con patas. No vamos a pagar más porque conocemos mil formas de evadirlos. Si ya no los pagamos ahora, ¿por qué los vamos a pagar cuando los suban?
- ¡Ka-Ram-Ba, Maestro!
- Además, Par-Di-Yo, esto tiene un toque maquiavélico francamente oriental. Si suben los impuestos a los ricos y la subida tiene en la realidad un bajo efecto recaudatorio, ya que pasaremos de pagarlos, eso justificará la teoría de que, en realidad, subir los impuestos a los ricos es el chocolate del loro, que no soluciona nada y que retrae la inversión, y que a los que hay que meter mano es a los Prin-Ga-Os de siempre. ¿Pi-Yas, Par-Di-Yo?
- ¡Pi-Yo, Maestro, Pi-Yo! Sublime estratagema.
- Y además, flor del bambú, esto serviría para tener controladas a las masas plebeyas, que últimamente están demasiado soliviantadas, ¡Di-Ta sea su chinesca estampa! Aunque tuviéramos que pagar un poquillo más, puede ser necesario abrir la espita para que la O-Lla suelte presión. Al fin y al cabo, Par-Di-Yo, mejor es pagar más sobre unos beneficios bestiales que dejar de tener beneficios porque la Pe-Ña se harte de verdad. Si, total, ya lo recuperaremos más adelante. ¿Te ha quedado claro, molusco de río?
- Cristalino, Maestro, habéis iluminado mi tenebrosa mente con vuestra sabiduría.
- Puedes retirarte entonces, Par-Di-Yo, mendrugo asiático. Y, por cierto, ¿qué les vas a pedir a los Re-Yes?
- ¿Yo? Que abdiquen, Maestro.
- ¡Grrr! ¡Simio irreverente! ¡Desaparece de mi imperial visión, que voy a hacer rollitos de primavera contigo!

Y Par-Di-Yo salió velozmente, esquivando los jarrones Ming que le arrojaba con violencia el ínclito y sabio mandarín. Y así aprendió una nueva maldad, que fue recogida cabalmente en los libros de los escribas de esta guisa:

No te fíes del solidario
que tiene lleno el armario
y repleto el calcetín,
que es seguro, dromedario,
que estás ante un mandarín
o estás ante Urdangarín.

martes, 20 de diciembre de 2011

Un cuento de reyes

Érase una vez un día que se reunieron todos los reyes y reinas que en el mundo han sido. Estaban los Reyes Magos y los Reyes Godos, el Rey Lear y el Rey Midas, la Reina de Saba, la Reina Mora, la Reina de los Mares y Juanita Reina. En fin, toditos. Y fue que celebraron un banquete, como suelen hacer los reyes, y al final estaban bastante borrachos, lo cual también suele ser habitual. Y entonces, el Rey de Bastos dio un par de porrazos en la mesa, para llamar la atención de todos los presentes:

- ¡Majestades, por favor! ¡Un poco de atención! Estamos aquí para tratar un asunto urgente, y que puede ser muy perjudicial para nuestros intereses. Todos sabéis que me refiero a los tejemanejes del malvado infante consorte Unmalandrín, que han dejado la reputación de la familia real a la altura del betún.
- ¡Es que la familia no da más que disgustos! – dijo el Rey León, mientras bebía de la Copa del Rey y le tiraba los tejos a la Abeja Reina.
- Tengo yo una sota que me tiene frita – dijo la Reina de Tréboles – El otro día…
- ¡Grrr! ¡Ya basta! – dijo, muy enfadado, el Rey Que Rabió – Se ha hecho demasiada publicidad sobre nuestras reales personas, y eso no conviene en absoluto. ¡Hay que buscar una solución urgentemente!
- Cierto – intervino el Anciano Rey de los Vinos – Con tanto estar en candelero, la gente podría darse cuenta de que somos unos inútiles que llevamos siglos viviendo del cuento.
- Sobre todo, que no me toquen la pasta – dijo el rey de oros.
- Sí, que los plebeyos son muy brutos cuando se cabrean – terció el rey Arturo - ¿A alguien se le ocurre alguna idea?

Los reyes pensaban pero, como no estaban acostumbrados, pues no se les ocurría nada. Hasta que levantó la mano el Rey Salomón:

-Yo tengo una propuesta. Hagámonos transparentes.
- ¿Transparentes? – se sorprendió la Reina del Baile.
- Exacto. El populacho ama la transparencia. Creen, y con razón, que escondemos cosas y que tenemos negociejos ocultos. Así que hagámonos transparentes ante ellos, y así ganaremos su confianza.
- ¿Y eso cómo se hace? – preguntó el Rey del Sofá-Cama.
- Bueno – dijo el Rey Salomón – creo que hay que concentrarse y apretar fuerte, así. ¡Umrrgg! ¡Umrrgg! ¿Qué? ¿Se me ve más transparente?
- ¡Sí, sí! ¡Se te ve como más difuso! ¡Es una gran idea! ¡Vamos a hacernos todos transparentes!

Y allá que se pusieron todas las reinas y reyes a apretar, ¡umrrgg!, ¡umrrgg!, y se iban haciendo cada vez más transparentes. Pero resulta que siguieron y siguieron apretando, porque querían ser más y más transparentes. Y se hicieron tan transparentes, tan transparentes, que se difuminaron, se hicieron invisibles y desaparecieron de la faz de la tierra.

Y así fue como se extinguieron todos los reyes y reinas. Y por eso los demás fuimos felices y comimos perdices.

Amén.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Que no me representen, oiga

- Puto Bocazas – le dije a mi loro, Puto Bocazas – prepárate, que otra vez nos toca ejercer nuestros derechos democráticos.
- ¡Ah, la democracia, Troglo, esa superstición tan extendida! ¿Ya toca votar otra vez? ¡Cómo pasa el tiempo!
- Pues sí. Enorgullecete, que ya sabes que votar es la máxima, por no decir la única, manera que tiene la peña de hacer política. No te quejes, que otros no pueden votar.
- Eso es cierto, nosotros por lo menos podemos votar antes de obedecer. Otros obedecen directamente.
- Je, je, cierto. Yo, cada vez que voto, me siento participante en la política de mi país. ¿Qué digo participante? ¡Protagonista! ¡Actor principal! Cada vez que meto un papelajo en una urna, me siento un Kennedy.
- Digo yo que por qué no establecen un turno rotatorio de gobierno y se dejan de rollos.
- ¡Uy, no sería democrático! Además, nos perderíamos buena parte de la sociedad del espectáculo.
- Eso sí. Por cierto, tengo aquí un montón de panfletos y estaba pensando en votar a Marqués del Chori, del Partido Butanerista.
- ¿Estás mal de la cabeza, Puto Bocazas? ¿Un anarquista como tú, votando? Además, ese partido no va a salir ni de coña.
- Por eso mismo, Troglo. Si hubiera la más mínima posibilidad de que saliera, no le votaría. Es más, yo votaré al candidato que me garantice que no va a obtener representación parlamentaria.
- Explícate, Puto Bocazas.
- En los partidos políticos está la salvación, Troglo. Necesitamos mogollón de partidos políticos, cuantos más, mejor.
- ¿Qué disparates dices?
- Imagina que todos hacemos lo mismo, Troglo. Conseguimos que se presenten miles, o millones de partidos, y toda la peña distribuye su voto, de forma que ningún partido obtenga el suficiente porcentaje de votos para obtener representación. ¿Te imaginas? De este modo, las elecciones quedarían desiertas, y yo reinaría supremo.
- Querrás decir “reinaríamos”.
- Claro, qué despiste, je, je.
- Puto Bocazas, es una burrada de aquí te espero. Claro que, comparado con lo de Grecia, es hasta coherente.
- Pues claro, Troglo. Lo dicho, hay que votar al candidato que no te pueda representar, al que te garantice que tu voto será inútil.
- ¿No sería más fácil abstenerse?
- Pero entonces mi voto no es inútil, simplemente se lo pasan por el forro. Yo quiero un voto que paralice el sistema al no obtener nadie la representación necesaria.
- Puede ser, puede ser, pero yo creo que algo se les ocurriría. En la duda, yo creo que hay que volver a los clásicos políticos, Puto Bocazas: tres litros de cubata y kalashnikov en ristre.
- ¡Ah, “Los hermanos Kalashnikov”, qué buen libro! Y hablando de cubatas, ponme quince.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El cuento de las elecciones (y va con segundas)


Érase una vez que se celebraron elecciones a la presidencia de Chorrivía. La gente estaba muy ilusionada, porque era la primera vez, y ya se sabe. Así que se preparó una gran campaña electoral, los partidos salieron a la calle a dar cientos de mítines, se tiró confeti, y el presidente en funciones dio un emotivo discurso:

- ¡Chorrivianos! ¡Este es un momento histórico en la historia de nuestra patria! ¡Por primera vez tenemos el derecho y el privilegio de elegir a nuestros representantes! ¡Somos totalmente libres para decidir quién guiará los destinos de nuestro país! ¡Os pido que ejerzamos este derecho con responsabilidad!

Y llegó el día de las elecciones, y los chorrivianos fueron en masa a votar. Cuando se cerraron las votaciones, y como era un momento histórico, el presidente en funciones hizo acto de presencia en un céntrico colegio electoral.

- ¡Chorrivianos! ¡En este momento histórico y solemne, vamos a proceder a la apertura de la primera urna y al recuento de los primeros votos de la historia de nuestra joven democracia!

La sala estaba abarrotada. Prensa, televisión, ciudadanía, de todo. El presidente en funciones dijo:

- ¡Procédase a la apertura de la urna!

Así se hizo, y el presidente en funciones introdujo su mano en la misma, y dijo:

- ¡Aquí extraigo el primer voto! ¡Quede para la posteridad este momento! Veamos, el voto es para…¿eh? ¿qué pone aquí?, “mi hermano Paquito, que hizo Ciencias Econoflaúticas y es buena persona”. ¿Pero qué es esto? Bueno, señores, no pasa nada, sacaré otro y esto será mera anécdota, je, je. A ver, éste…¡será posible! “A doña Conchádula, la del estanco, que es muy responsable”. ¿Qué está pasando aquí?

Presa de los nervios, el presidente en funciones empezó a sacar votos a toda velocidad.

- “A Serafín Cascarilla, que le conozco hace muchos años y es de fiar” ¡Grrr! “A Centrudis Tabernas, que tiene mucha paciencia” ¡GRRR! “A mi perro, que ese siempre te será fiel”. ¡Pero qué burrada de elecciones son estas! ¡Esto es un sabotaje democrático!
- Pero, señor presidente en funciones, - dijo un ciudadano presente en la sala - ¿Qué le pasa? ¿No teníamos libertad para votar a quién quisiéramos?
- ¡A los que quisieran entre los candidatos que presentan los partidos, ceporro, no al vecino del quinto!
- Pero es que los candidatos de los partidos no nos gustan – dijo otro ciudadano.
- Son muy feos – añadió una señora.
- ¿Es que no entienden que son libres de elegir, pero entre los candidatos de los partidos, merluzos? ¡Esto es una democracia representativa!
- Pero, señor presidente en funciones, entonces no seríamos libres de elegir, como usted nos prometió – dijeron los ciudadanos - ¿Elegir a un candidato que otros eligieron antes por mí, por una razón u otra, es ser libre para decidir quién quiero que me gobierne? ¿Por qué tengo que votar a un candidato que fue elegido por otra persona? ¿Cómo sé quién es ese señor o por qué razón está ahí? Nos dijo que podríamos votar a quien nos diera la gana, y es lo que hemos hecho.
- ¡Será posible! – dijo el presidente en funciones - ¡Ustedes han estado leyendo! ¡Ya sabía yo que ese vicio traería malas consecuencias! Venga, hombre, no sean así, que los partidos han elegido sus candidatos con mucho cariño, no les den este disgusto.
- De eso, nada – dijeron los ciudadanos – Nos dijo que votáramos con responsabilidad, y es lo que hemos hecho. Así que, hale, a contar.

Y es por esto que Chorrivía no sale en los mapas.

domingo, 14 de agosto de 2011

Cuentos de los mandarines: los taimados rumores

En cierta ocasión en que el insigne mandarín Ku-Ñao se rascaba el interior de las orejas con sus largas uñas, le visitó en su despacho su inefable discípulo, Par Di Yo:

- Maestro – dijo Par Di Yo – disculpad mi osadía al interrumpir vuestras vitales actividades, pero os traigo las noticias mercantiles que me pedisteis.
- Trae acá, Par Di Yo, mosca aletargada, date prisa. ¿No ves cómo está de volátil la Bol-sa, merluzo oriental? Se ganan y se pierden mandarinatos en cuestión de horas, así que necesito información al segundo. ¡Um, ya veo! Ching más Xuan son cuatro, y me llevo Chou. Me cuadra, me cuadra. Veamos ahora las Bu-Rra-Das que dicen los informes de las agencias de calificación. ¡Je, je, perfecto, me veo comprándome otro yate!
- Maestro, me pregunto cuan sabias deben ser las agencias de calificación al ser capaces de separar el ying y el yang de los negocios.
- ¿Sabias dices, Par Di Yo? Así es, siempre que entendamos por sabiduría la capacidad de engañar a gorilas incautos como tú.
- ¿Cómo decís, Maestro? ¿No se basan los informes de esas agencias en millones de datos escrutados y analizados por algunos de los mejores cerebros de la tierra?
- Par Di Yo, eres más ingenuo que la abeja Ma-Ya. ¿Datos, bestezuela de río? El producto de las agencias de calificación no es otro que el rumor.
- ¿El rumor, Maestro?
- Exacto, ciervo con tres patas. Realmente, las agencias de calificación son una especie de reunión de Ma-Ru-Jas locas con nombres pomposos. Lo que hacen es propalar rumores que tienen el efecto de producir efectos beneficiosos para algunos avispados, como yo.
- ¡Vaya, Maestro! Pero aquellos contra los que va dirigido el rumor se defenderán.
- Par Di Yo, contra un rumor no hay defensa. Si no te defiendes, malo, y si te defiendes, peor. En ambos casos la gente asumirá que el rumor es cierto, por activa o por pasiva.
- ¡Cierto, Maestro, gran astucia! Pero, ¿cuál es el interés de las agencias en soltar esos rumores?
- ¡Jo, jo, jo! El interés es obvio, Par Di Yo, gamba obtusa: la Pas-Tá.
- No lo Pi-Yo, Maestro.
- Escucha bien, cenutrio con coleta. ¿Quién gana dinero especulando con bonos de compañías o con la deuda de países?
- Los mandarines financieros, Maestro.
- Exacto. Ahora dime el nombre de un mandarín financiero de los gordos.
- El Gu-Rú de O-Ma-Ha.
- ¡Bravo, Par Di Yo! El ejemplo viene al pelo de mis bigotes. Porque el Gu-Rú, que es uno de los grandes mandarines especuladores es, a su vez, accionista mayoritario de una de las más gordas de esas agencias. ¿Lo vas pillando, Par Di Yo? Y es sólo un ejemplo.
- ¡Glubs! Ya lo creo, Maestro. Huele a Cha-Mus-Qui-Na de la buena. Eso puede significar que gente como el Gu-Rú pueden influir en lo que la agencia va a decir. O que conoce por anticipado qué dirá, con lo cuál puede forrarse aún más.
- Así es, Par Di Yo. Eso sí, interesa que se crea que estas decisiones se basan en su gran sabiduría, en lugar de ser rumores intencionados.
- Pero, Maestro, algo me intriga con respecto a esa sabiduría. Si esas agencias ya metieron la Pa- Ta, o algo peor, cuando calificaron como Incienso Celestial lo que era Mierda De Dragón, ¿por qué no asumen ninguna responsabilidad ni pierden su crédito?
- ¿Asume responsabilidades la portera de tu casa cuando uno de sus rumores es falso, Par Di Yo, tarugo de bambú? Cuando esto ocurrió, se limitaron a decir que sus sesudos análisis eran tan sólo opiniones, por lo cual no se les podía pedir responsabilidad. Y aquí Zen, y después, gloria.
- ¿Opiniones, Maestro? ¿Cómo podría ser la opinión de cualquiera? ¿Daba lo mismo que lo hubiera dicho el loro? Entonces, ¿por qué les pagan si su opinión no es más fiable que la de nadie?
- De hecho, Par Di Yo, la opinión de un loro suele ser más fiable. Y no seas Ko-Ña-Zo, que ya te he dicho por qué les pagan: son un instrumento de rumorología al servicio de unos pocos listos, como yo, je, je. Ahora, desfila y traeme unos litros de licor de arroz fresquito, que el calor derrite mis mandarínicas meninges.
- Oigo y obedezco, Maestro.

Y así fue como Par Di Yo aprendió la realidad de la cosa. Y los escribas lo recogieron en los versos de rigor, ya se sabe:

Un rumor bien colocado
puede hacer un país crujir
y un pastizal conducir
a manos de espabilados.
Pues como dijo el anciano
y gran sabio Fu- Manchú:
si sale cara, yo gano,
si sale cruz, pierdes tú.


viernes, 22 de julio de 2011

El misterio de la bestia nocturna


Era un día típico inglés, gris y desapacible. Cerca de los muelles, en la calleja llamada Gazuzing Street, había una actividad inusual. La policia había cortado la calle, y concentraba sus efectivos investigadores en “Cogorhouse”, un tabernucho de mala muerte que parecía haber sido atacado por un tornado la noche anterior. Fue entonces cuando, con la parsimonia en él habitual y dando furiosas chupadas a su pipa, llegó al escenario del crimen el famoso detective Troglo Jones, acompañado de su inseparable ayudante, el loro Putobocatson.

- Saludos, inspector Despistrade – saludó Jones – Parece que nuestro visitante nocturno ha vuelto a atacar.
- Pues sí, Jones – dijo el inspector, mirando con cierta desconfianza al famoso dúo – Parece que ha cogido carrerilla.
- ¿Qué ha ocurrido esta vez?
- A medianoche, asaltó y destruyó un bar en Very Eggs Square. Posteriormente, atacó al banquero Sir Emil Littleboot cuando éste llegaba a su domicilio.
- ¿Cómo se encuentra Sir Littleboot?
- Grave. Por lo visto, le propinó una colleja de tal categoría que le incrustó la calva en la barbilla. No sé si saldrá de esta. Después, tomó por asalto esta taberna. Y aquí le perdemos la pista.
- ¿Algún testigo?
- Varios, pero las mismas descripciones vagas e increíbles de siempre. Mirada terrible, voz aterrorizante, aspecto terrorífico,...Todos los que hemos interrogado concuerdan en que no es un ser humano, sino algún tipo de bestia salvaje, o un monstruo, con aspecto espantoso y feroz.
- Y una enorme facilidad para escabullirse, Despistrade.
- Cierto, Jones, cierto. En cuanto se da la alarma y nos ponemos en marcha, parece que se lo hubiera tragado la tierra.
- O el aire.
- ¿Qué quiere decir, Jones?
- Nada, inspector, nada. Cosas mías. Le quedo muy reconocido por la información, buenos días.

La singular pareja se alejó del lugar de los hechos, dejando al inspector con sus pesquisas. Ante el semblante caviloso de Jones, Putobocatson preguntó:

- ¿En qué piensa, Jones?
- En nuestro nocturno amigo, Putobocatson.
- ¿Cree que hay algo de cierto en eso de que es una bestia, un ser inhumano?
- Aunque parezca increíble, los indicios apuntan a ello, Putobocatson. Recuerde cuando atacó y desvalijó las destilerías. Aquellas marcas en la puerta...ninguna mano humana ni ningún instrumento deja esa marca. Era una marca de garra.
- ¿Garras, eh?
- Elemental, Putobocatson. ¿Y recuerda cuando descalabró al gobernador Cramps?
- ¿El hombre de los mil trajes? Sí, claro.
- Le atizó en la cabeza con algo duro, contundente y afilado. De nuevo, la marca no cuadra con ningún tipo de cuchillo o de instrumento que yo conozca. Creo que ese ser le mordió, o algo parecido.
- A ver si va a ser un unicornio, Jones, je, je.
- Dejesé de burradas, Putobocatson. No, nada de unicornios, mis conjeturas van por otro lado. Nuestro nocturno personaje debe tener una boca muy particular...
- Jones, a todo esto, ¿por qué seguimos dando vueltas por estos callejones?
- Porque seguimos pistas, Putobocatson. ¿O es que no ha visto en el suelo aquella botella que acabamos de pasar?
- ¿Una botella en el suelo? ¿Y qué? Estas calles están llenas de basura.
- Esa botella es de güisqui de garrafa “Livercracker”. Sólo en un tascucio como el asaltado “Cogorhouse” sirven ese güisqui infecto. Estoy seguro que nuestro amigo afanó esa botella, se la bebió y luego la tiró. Así que pasó por aquí.
- ¡Vaya!

De repente, Jones se paró en seco. Dio un par de chupadas a la pipa, y se agachó.

- Fíjese, Putobocatson, mire esto.
- ¿Qué es? ¿Una huella?
- Nuestro monstruo debió de pisar ese charco, y ha ido dejando algunas huellas.
- ¿Qué clase de huella es esa?
- Elemental, Putobocatson. La de una garra.

Jones siguió caminando, hasta que la calle llegó a un punto en el que no había salida. Desembocaba directamente al borde del río.

- Parece que aquí acabó su viaje, Putobocatson. Ya no hay por donde seguir. A menos que...
- Jones, creo que deberíamos irnos ya. Está anocheciendo muy deprisa.
- Ya lo veo, Putobocatson. No se preocupe, sólo será un momento más. Dejeme ver...

Y entonces, ocurrió. A la vista de la luna, Troglo Jones empezó a temblar de pies a cabeza. Sus pies se transformaron en garras, su cara se estiró, convirtiéndose en un afilado pico, su cuerpo se cubrió de plumas y, con un esfuerzo supremo, sus brazos se transformaron en alas. La espeluznante transformación había terminado. La bestia estaba suelta de nuevo.

- ¡Putobocatson, me he convertido en un loro enorme!
- Elemental, Troglo. Te pasa todas las noches. ¡Eres un hombre-loro!
- ¿Qué me dices?
- La maldición del hombre loro empieza cuando un loro te arrea un picotazo en un martes y trece. A partir de entonces, cada noche te conviertes en loro y la armas, liándola pardísima en todos los garitos y atacando a prohombres y promujeres.
- ¿Y tú lo sabías?
- ¡Pues claro, si voy contigo cada noche, je, je!
- ¿Y la maldición incluye que cuando vuelvo a convertirme en humano por las mañanas pierda la memoria de mis andanzas?
- ¡Qué maldición ni niño muerto! Lo que pasa que te agarras unas tajás tan descomunales que luego no te acuerdas de nada.
- ¡Vaya! Sorprendente desarrollo de acontecimientos. Pero en fin, si estoy maldito y soy un hombre-loro habrá que tomárselo con flema británica y aprovecharlo, Putobocatson, así que vamos a liarla, je, je. Hoy me beberé hasta los floreros y luego pienso arrearle un picotazo de primera división a la presidenta Hope Aguirre.
- Je, je, me pido la coronilla.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Insurrección en los grandes almacenes

- ¡Troglo! – me dijo mi loro, Puto Bocazas, al tiempo que se bebía un cubata de quince litros (los loros pueden hablar y beber cubatas a la vez, son ventrílocuos) - ¿Has visto este libro de “La insurrección que viene”? Estaba en la Casa del Libro, 10 euros.
- Ya lo conozco. ¿No lo habrás comprado, Puto Bocazas? Me lo bajé de Internet hace mucho. ¡Uy, perdón, que no se puede decir internet! ¿O lo que no se podía decir era bajar? ¡Qué duda!
- ¿Comprarlo? Lo he mangado, obviamente.
- Ah, bueno. Una cosa es bajarse cosas de internet, pero robar no pasa nada.
- Me lo he leído y es un libro de lo más revolucionario e insurreccionista. Casi que vengo con ganas de tomar la Bastilla.
- Así es, Puto Bocazas. Allons enfants de la patrie, y demás familia.
- Pero aquí hay algo que no me cuadra, Troglo. Hasta insinúa que en Francia han detenido gente por tener ese libro.
- Sí, algo así. Acuérdate de la policia del pensamiento.
- No lo dudo pero, un libro tan la leche de antisistema, ¿y se vende en la Casa del Libro o en el Corte Inglés? Si escribes un libro revolucionario, un libro que sea una andanada al sistema, ¿lo haces en una edición guapetona y lo vendes a 10 euros en grandes superficies?
- Tal que suena paradójico, Puto Bocazas. Pero ya sabes que el capitalismo te vende hasta la soga para ahorcarle.
- No le busques tres pies al loro que no tiene sentido, Troglo. ¡Y no te bebas mi cubata! Si tu objetivo es difundir la insurrección lo regalas, lo repartes por la calle en fotocopias, lo distribuyes por Internet, o lo tiras desde un globo.
- ¿Te huele a insurrección para exquisitos, Puto Bocazas?
- Me huele a revolución de salón, Troglo, a camiseta del Che de Dolce&Gabanna, para progretas que buscan emociones prohibidas. ¡Ah, fíjate, me pueden detener por tener este libro, qué malo soy, qué emoción! Pero para mí que eso de ser antisistema es otra cosa. ¿Qué es ser antisistema, Troglo?
- ¿Qué es antisistema, Puto Bocazas? ¿Y tú me lo preguntas? Antisistema eres tú.
- Que no toques mi cubata.

lunes, 7 de febrero de 2011

El diablo y el loro y viceversa

Esta historia me la contó el otro día mi loro, Puto Bocazas, así que, con toda probabilidad, es mentira, pero bueno. Dice que iba dando un tranquilo paseo cuando sintió sed y se metió en un bar a refrescarse el gaznate. Cuál no fue su sorpresa al descubrir en aquel bar, acodado en un rincón de la barra, al Demonio.

Veréis, el loro siempre ha sido conocido por sus malas compañías, por lo que él y el Demonio se tratan bastante. Así que, ni corto ni perezoso, se acercó hasta el Maligno, y le dijo:

- ¡Pero hombre, Satanás! ¿Tú por aquí? ¡Cuánto me entristezco de verte!

Claro, al Diablo no se le puede decir “cuánto me alegro de verte”, sería un insulto. En fin, a lo que iba. El Diablo dijo entonces:

- ¡Hombre, si es Puto Bocazas! Yo también me entristezco de verte. Tómate algo, que invito yo.
- Se agradece, Belcebú. Y ¿qué haces por aquí? ¿Cómo es que no estás maquinando grandes maldades, o tentando a ermitaños, o introduciendo pensamientos libidinosos en las mentes jóvenes?
- ¡No me hables! ¡Este trabajo ya no es lo que era, Puto Bocazas! Ahora hay demasiada competencia. Cualquier tontainas con un poco de mala baba se cree ya el Señor de las Moscas.
- ¿Qué me dices?
- No es broma. Entre Berlusconis, Bushes, y demás familia, me están dejando sin trabajo. ¡Todo está lleno de diablos de medio pelo, Puto Bocazas! ¡Como esos jefecillos que putean a sus empleados y se creen que son algo! ¡O esos chupatintas que deshaucían a la gente, y ya se sienten la releche! ¡O esos politiquillos que choricean, maquiavelos de vía estrecha! ¡O esos hombrecitos de negocios que te estafan! ¡Y ni siquiera tienen carrera, que yo soy Ángel Caído! ¿Eso es maldad, Puto Bocazas, eso es maldad? ¡Eso es una mierda! ¡Para hacer el Mal hay que tener clase!

Al ver al Diablo tan alterado, Puto Bocazas le dio unos golpecitos en la espalda:

- Bueno, Satán, bueno, no te pongas así. La verdad es que ya no se valora el trabajo bien hecho, tienes toda la razón. Está todo lleno de malotes de opereta, te lo reconozco. El Mal, con mayúsculas, ya no existe. Lo de ahora no tiene glamour.
- ¡Ahí, ahí iba yo! ¿Tú te crees que el Mal puede ser representado por un tío calvo, con gafas, con barriga, que firma hipotecas? ¡No me jodas!
- Se me ocurre una cosa, Pedro Botero. ¡Vamonos de juerga a montar la de dios, uy, perdón, la del diablo!
- ¿Invitas tú? – ya sabéis que, como el diablo tiene todos los defectos, también es gorrón. Paga la primera para que te confies.
- Invito yo, que le he robado la cartera a Troglo (¡Grrr! ¡Maldita sea su loruna estampa!). ¡Vamos a hacer el mal a la antigua usanza!
- ¡Je, je, je! Van a saber lo que es ser profesionales.

Por suerte, había cancelado las tarjetas, pero les dio igual, porque se fueron sin pagar de todos los sitios. Y es que ya nada es lo que era, tiene razón el Diablo. Hasta para ser malo hay que tener categoría. Yo conozco muchos diabluchos de garrafón, ¿vosotros no? Si ya lo decía Facundo Cabral.

sábado, 22 de enero de 2011

Money is in the air

Hemos de reconocer que, tras años y años de mal uso, el aire que respirábamos estaba hecho unos zorros. Industrias, calefacciones, tubos de escape y mierdas varias habían polucionado el asunto de mala manera. El motivo de este desastre era muy sencillo: el aire no se cuidaba porque, como era de todos, pues ancha es Castilla, todo el mundo pasaba y hacía lo que le daba la gana. Ya se sabe, lo público nadie lo cuida. Así que se decidió privatizar el aire, que es como las cosas funcionan. El mercado lo arregla todo.

Ahora, las distintas empresas te ofrecen su aire, que te llevan a casa en cómodas bombonas. Puedes elegir entre diferentes modelos: si tienes pasta, “Aire de los Alpes”, “Abril en los Pirineos”, o mi favorito, “Triple Aire”, con 3 veces más oxígeno que cualquier otro aire. El aire que respiras habla de ti, y éste es un aire con glamour. Si estos modelos no están a tu alcance en el momento actual, no te preocupes, hay ofertas para todos los bolsillos. Tienes el modelo “Metro”, “Atasco en Tokio”, el “Ciudad de Méjico”, y, para los que de verdad quieren ahorrar, el “Pozo Minero”. Si tu poder adquisitivo tampoco llega para los formatos económicos, el mercado sigue teniendo soluciones, con el circuito de aires de segunda mano y seminuevos, donde puedes encontrar gangas apenas respiradas.

En el caso de que estés tan pillado que tampoco puedas acceder al aire de segunda mano, no te preocupes. Corporación Mierdoestética te implanta unas branquias y te las financia a 4 generaciones. ¿No es éste un mundo feliz?

sábado, 8 de enero de 2011

El justiciero


Cuando el guardia abrió la puerta de la sala, un señor con gafas, portafolios y cara de tener prisa entró rápidamente:

- Muy buenas, el señor Cándido, supongo.
- Sí, soy yo.
- Soy Leguleyo Curtis, su abogado de oficio. ¿Cómo está?
- Bien, bien, mucho gusto en conocerlo.
- Bueno, si le parece vamos al asunto. A ver, los papeles. Parece que se le acusa de robar dos docenas de huevos. ¡Dos docenas, nada menos! ¡Uf!
- Tenía hambre.
- ¿Y pensaba comerse dos docenas de huevos? ¿Y que se le pusiera el colesterol por las nubes? El juez no se va a tragar eso, perdóneme.
- Bueno, no iba a comérmelos de una sentada.
- Ya. ¿Es consciente de que le pueden acusar de tráfico de huevos? Con esa cantidad, se puede pensar que iba a revenderlos en el mercado negro.
- Si es que tenía hambre.
- Lo veo mal, señor Cándido, pero bueno. A ver qué se puede hacer.
- Yo sé que robar está mal, pero es que la situación está muy achuchada.
- Bueno, robar está mal, pero la justicia no es dogmática tampoco, es flexible.
- ¿Sí?
- Claro, hombre. Realmente, no es que robar esté mal, depende. Es el juez el que decide quién puede robar, cuánto y cómo. Si hubiera chorizado usted miles de millones del contribuyente, pues hombre, es comprensible. Además, a ver quién se los reclama. Pero claro, dos docenas de huevos tienen dueño. Vamos a ver, pero lo veo crudo.
- Pues ahora que lo dice, me acuerdo yo cuando aquello del Santander y el señor Botín, que habían escaqueado 150.000 millones a Hacienda. 170 años de cárcel le pedían. Ni siquiera hubo juicio. ¿No podemos usarlo como precedente?
- Claro, hombre, pero no irá usted a comparar. Una cosa es ocultar 150.000 kilos, que me estoy poniendo cachondo sólo de decir la cifra, y otra cosa es robar dos docenas de huevos. ¿No ve que los jueces no entienden los números de más de tres cifras? Si son de letras. Además, una cosa es el señor Botín y otra un capullo, con perdón, como usted.
- Eso también es verdad.
- Bueno, pues eso, ya le digo que lo veo regular, regular, pero usted no se preocupe, que tampoco adelanta nada. Si al final, los años pasan volando.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El año en que recuperamos la sobriedad


- ¡Puto Bocazas! – le dije a mi loro, llamado Puto Bocazas en homenaje a su inoportuna verborrea - ¿Quieres ayudarme con los langostinos de una vez? ¿Qué haces? ¿No será un disparate de los tuyos? ¿Qué es eso?
- Troglo, este es el invento definitivo. ¡He inventado el desgarrafonador!
- Eso no me suena bien, Puto Bocazas.
- Verás, Troglo, se me ha acabado la paciencia con la cantidad de burradas que hay en el mundo y ver que la gente no hace casi nada. Así que voy a liarla, pero bien. Esta noche, cuando den las doce, pondré en marcha el desgarrafonador.
- ¿Y qué es lo que hace?
- Hasta un mastuerzo como tú lo entenderá, Troglo. El desgarrafonador libera antigarrafones subatómicos, que se esparcen por toda la superficie de la tierra. Cuando los antigarrafones entran en contacto con garrafones, se creará un agujero negro alcohólico. En resumen, el cacharro lo que hace es afectar a las bebidas alcohólicas, de forma que pierden su poder cogorzoso. Aunque la gente beba como cosacos, no les afectará. Estarán tan sobrios como al principio.
- ¿Quieres decir que será imposible atufarse por mucho que uno beba?
- Exacto, Sherlock.
- ¡Pero eso es horrible, Puto Bocazas! ¡Nadie puede soportar un mundo como éste en estado sobrio!
- Ahí voy, Troglo. Al no poder emborracharse, la gente tendrá que ver el mundo tal y como es, y es imposible que puedan soportarlo. ¡Se rebelarán! ¡Los gobiernos no durarán ni diez minutos! ¡Preveo una revuelta de proporciones bíblicas! ¡Por fin me voy a cargar el sistema, je, je, je!
- ¡Je, je, je! Es una burrada tan grande que hasta puede funcionar. Marx debe estar verde de envidia en su tumba, Puto Bocazas. ¡Eres el amo del materialismo cogórzico!
- El mesías de la revolución etílica, diría yo, je, je.
- Voy preparando el kalashnikov para tenerlo a mano. Solo una duda me corroe, Puto Bocazas....
- Tranquilo, Troglo, que te veo venir. He colocado un escudo anti-antigarrafónico rodeando la casa, así que a nosotros no nos afectará. Vete sacando los cubatas, je, je, je.
- ¡Ese es mi loro!

Nos vemos en los disturbios. Feliz año nuevo, amiguetes.

martes, 28 de diciembre de 2010

Propósitos

- Oye, ¿tú llevas mucho esperando en esta oficina de empleo?
- ¡Puf! ¡Meses y meses! ¿Y tú?
- También. Yo es que, con lo mío, no lo tengo fácil.
- Ya. ¿Y...? ¡Espera! ¡Parece que ya sale!
- ¡Sí! ¡Vamos!

El burócrata de turno de la oficina de empleo se acercó hasta el centro de la habitación. La gente se arremolinó en torno a él.

- ¡A ver, señores, orden, por favor! ¡Hagan una fila! ¡Silencio, por favor! ¡Ejem, ejem! A ver, paso a leerles las necesidades de personal que tenemos este año para el puesto de “Propósitos de Año Nuevo”. A ver, lo primero que necesitamos, con urgencia, es “Adelgazar”. ¿Hay algún “Adelgazar” por aquí?
- ¡Yo, yo!
- Muy bien, pase a la mesa 4. Bueno, sigo. “Dejar de fumar”. ¿Algún “Dejar de fumar” presente?
- ¡Yo, yo, yo!
- ¡Mesa 4! ¡Sigo! ¿”Apuntarse al gimnasio”?
- ¡Joder! ¡Siempre lo mismo! ¡Esto está amañado!
- ¡Callense ya, hombre! ¡Sigo! ¿”Dedicar más tiempo a lo que me gusta”? ¿Alguno por ahí? Mesa 4.
- ¡Tongo, tongo!
- ¡Mantengan la calma o les desalojo, caramba! A ver, “Echarse novia”. ¿Usted? Mesa 4. ¡Señores, es todo lo que tenemos por hoy! Mañana seguiremos.

Y el burócrata regresó a su oficina, mientras el resto de propósitos en paro volvían a sus sitios arrastrando los pies.

- ¡Todos los años igual, coño! ¡Los mejores puestos siempre son para los mismos propósitos!
- Sí, así no hay manera. ¿Tú en qué propósito te licenciaste?
- Yo soy “Dejarse bigote”.
- ¡Uf! No está fácil. Claro, que yo soy “Ordenar el trastero”, no te digo nada.
- Bueno, no te preocupes, si al final el 31 de diciembre nos colocamos todos, mal que bien.
- Sí, eso es verdad. Pero lo que más me jode de este curro de propósito es la precariedad, macho. En mes y medio la gente ya nos ha olvidado y estamos otra vez en el paro.
- Sí. ¡Asco de vida!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Los regalos navideños


- ¡Troglo! – dijo mi loro, Puto Bocazas - ¡Este año he inventado el regalo perfecto!
- Miedo me da oírlo, Puto Bocazas. ¿Qué es? Parece una especie de pistola futurista.
- Ahora verás, je, je. Pon ahí todos los regalos que me has hecho.
- ¡Eh! ¡Todavía no los puedes abrir!
- No me hace falta, tú colócalos ahí. Muy bien, ahora pongo en marcha el cacharro, lo apunto hacia allá, y...

¡ZAS! ¡ZAS! ¡ZARRACLÁS!

- ¿Qué rayos es eso, Puto Bocazas? ¡Has volatilizado los regalos!
- Ahí le has dao, Troglo. Son rayos. ¡He inventado un infalible detector de regalos mierdosos! Tú apuntas el cacharro y él detecta, sin necesidad de abrir el paquete, si el regalo es una mierda o no. Y en caso de ser un regalo mierdoso, genera automáticamente un rayo descuajeringante que lo desintegra. ¡Imagina la de tiempo que ahorras desempaquetando!
- Sí que parece práctico. ¿Vale también para cumpleaños?
- Cumpleaños, bodas, aniversarios, lo que se tercie. Pero no disimules, Troglo. Acabo de demostrar que, un año más, todos tus regalos eran mierdosos a más no poder.
- ¡Oye, mis regalos eran....!
- ¿Esos clásicos y mierdosos calcetines, quizás?
- Ejem...
- ¿Y una mierdosa camisetita interior para no pasar frío? ¿Puede ser?
- Glub...
- El detector nunca falla, Troglo. Ahora ninguna mierda que regales a nadie le pillará de sorpresa. Aprovecho para decirte que eres un rata, y que espero una compensación.
- Ejem...yo...¡Pero espera un momento! ¡Déjame el cacharro! ¡Vamos a aplicárselo a los regalos que tú me has hecho a mí!
- ¡Eh! ¡Espera, que tú no lo sabes manejar!

¡ZAS! ¡ZAS! ¡ZARRACLÁS!

- ¡No ha dejado ni rastro! Puto Bocazas, mucho quejarte, pero tus regalos eran tan mierdosos como los míos.
- ¡Mis regalos eran muy prácticos!
- ¿Mierdosa bufandita de las que hacen pelotillas, tal vez?
- Estooo....
- ¿Hermosa y mierdosa corbata verde botella?
- Está bien, Troglo. Estamos empatados a mierdosidades.
- Este detector tuyo no se yo si va muy bien para la armonía familiar, Puto Bocazas.
- Pero el mejor preservador de la armonía familiar ya está inventado, Troglo. Se llama güisqui. ¡Hala, vamos a empezar ya con los cubatas, que ya es hora! ¡Un brindis por los regalos mierdosos!
- ¡Salud!

Y felices fiestas.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La madre

¡RIIING! ¡RIIING!

- ¿Sí? ¿Dígame?
- ¿Mamá? ¡Mamá, soy yo! ¡Mamá, que me han cogido!
- ¿Qué me dices, hijo?
- ¡Sí, sí, ya soy desgraciado! ¡Indefinido, además!
- ¡Qué alegría, hijo, qué alegría! ¡Ay, vamos a ver si nos dura! ¡Pórtate bien, hijo, y haz todo lo que te diga el director de operaciones!
- ¡Sí, mamá, sí!
- ¡Qué bien, hijo! ¿Y qué te pagan, una mierda?
- Sí, mamá, sí, una mierda.
- Bueno, hijo, pero no hay que ser ambicioso al principio. Ahorrando seguro que consigues ser miserable, y luego ya veremos.
- Claro que sí, mamá.
- Pues eso, hijo. Tú éstate calladito, y si te tienes que quedar a hacer unas horas pues no pasa nada. Que no están los tiempos para ir de listo.
- Lo sé, mamá. No te preocupes.
- Pues enhorabuena, hijo. ¡Qué bien! ¡Y…! ¡Y…!
- ¿Mamá? ¿Estás ahí, mamá?
- Hijo…
- ¿Sí?
- ¡Hijo, que no, que no me hagas caso! ¡Mándalos a la mierda, hijo!
- Mamá, ¿qué dices?
- ¡Que te rebeles, hijo! ¡Que no seas cabestro! ¡Vive, escapa, por dios! ¡Que no parí un esclavo!
- ¡Gracias, mami!

domingo, 12 de diciembre de 2010

Razones para votar a una lavadora

Tenía que saber si los rumores sobre las maquinaciones de mi loro, Puto Bocazas, eran ciertos, así que dije:

- ¡Puto Bocazas!
- ¿Qué tripa se te ha roto, Troglo?
- ¿Es cierto eso de que en las próximas elecciones generales piensas presentar como candidato a la lavadora?
- Así es, ya estoy preparando su campaña.
- ¿Crees que tiene posibilidades?
- ¿Tú has visto los rivales que tiene? Está chupado.
- ¿Y cuál es su programa electoral?
- ¿Por qué sólo uno, Troglo? Eso está anticuado, hombre, ¿no has oído hablar de la muerte de las ideologías? La lavadora es flexible, tiene programas para todos los gustos: de color, delicado, blanco,…Como ves, no podemos fallar, tenemos un programa para cada votante.
- Pero no sé yo si daría la talla en un debate electoral.
- ¿Estás de broma? En esos debates no se dice nada, el truco es hablar continuamente y más alto que el otro. La ponemos a centrifugar y listo, a ver quién supera eso.
- La verdad que una lavadora centrifugando acojona lo suyo.
- Ya te digo, es de lo más convincente. Además, le digas lo que le digas no se altera, sigue dando la matraca.
- Como la lavadora no piensa, imagino que cuando llegara a presidente, tú estarías detrás manejando los hilos.
- ¡Claro! Igual que pasa con los candidatos humanos. ¿O es que no son títeres?
- Touché, Puto Bocazas. ¿Y no sería más fácil que te presentaras tú directamente?
- No seas burro, Troglo. Para empezar, los loros tenemos una reputación inmerecida, por lo que la gente no nos votaría. ¿Tú votarías al Botín si se presenta a las elecciones? Sin embargo, sabes que es el que manda. Además, si las cosas se ponen feas, alguien tiene que recibir las tortas, y prefiero que sea la lavadora. Es mucho mejor estar detrás, mandas igual, pero no se te ve, je, je. Oye, te propongo algo. ¿Por qué no presentamos también al candidato de la “oposición”? Así, gane quien gane, pillamos seguro. ¿Qué te parece el frigorífico?
- Me gusta. Tiene buena planta, y transmite frescura, je, je.
- Esto está hecho, Troglo. Cuando lleguemos a la Moncloa, me pido la litera de arriba, je, je, je.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La fábrica de desgraciados

- Buenas noches, señoras y señores. Soy Chelufo Costrón, y un día más les saludo desde éste, su programa televisivo de divulgación, “Cosas que a usted no le importan un huevo”. En nuestra serie de documentales, hemos querido acercarnos en esta ocasión a un sector de la economía española que se mantiene boyante a pesar de las circunstancias económicas conocidas por todos. Este sector es, como quizá hayan adivinado, el de la producción de desgraciados. De hecho, nos encontramos en el despacho de Jodón Perrerías, director de operaciones de la empresa “Cabronio & Jopútido”, una de las mayores productoras de desgraciados de nuestro país. Buenas noches, señor Perrerías, y gracias por recibirnos.
- El placer es mío, Chelufo.
- Señor Perrerías, ¿podría explicarnos cuáles son los secretos de su éxito? ¿Qué es lo que hace a “Cabronio & Jopútido” un líder en la producción de desgraciados?
- Je, je, bueno, Chelufo, yo creo que la clave está en la dedicación y la especialización. Cierto que las empresas españolas son grandes productoras de desgraciados pero, para la mayoría de ellas, la desgracia en un subproducto de su actividad principal. Algunas consiguen buenos resultados, es cierto, pero la nuestra es la primera empresa en especializarse en desgraciados como producción única.
- ¿Y en qué consiste concretamente la producción de desgraciados, señor Perrerías?
- Básicamente, el proceso consiste en joder la vida de tus empleados de forma que se conviertan en desgraciados lo más rápidamente posible. Hay muchas formas de conseguir esto, claro está, pero en “Cabronio & Jopútido” hemos conseguido hacer de este proceso un arte, modestia aparte. Personas que parecían inasequibles a la desesperación han sido convertidas en unos desgraciados en pocos meses gracias a nuestras técnicas.
- Impresionante.
- Ya lo creo. Y no es porque lo diga yo, observe las caras de asco y desesperación de nuestro personal. No todas las empresas consiguen esto. Además, nuestros desgraciados están garantizados. Aunque se marchen a otra empresa, siguen siendo unos desgraciados, la desgracia ya se les ha quedado dentro. Por supuesto, la garantía no puede cubrir eventualidades como que se hicieran conscientes de su propia esclavitud e hicieran algo para cambiar su vida, pero esto es extremadamente raro.
- Además, tengo entendido que su empresa también tiene muy en cuenta la calidad.
- Efectivamente, Chelufo. No sólo nos centramos en la productividad, sino que nuestros desgraciados lo son cada año más. Este año, esperamos alcanzar niveles dickensianos de desgracia.
- Parece que estamos, entonces, ante un sector en expansión.
- Definitivamente. Nuestro grupo está realizando un gran esfuerzo de inversión para incrementar la producción de desgraciados. Nuestro crecimiento es, y toco madera, imparable. Además, piense que el desgraciado es un bien de utilidad pública, ya que se convierte en una persona dócil, apática y pasota. Por eso entendemos, y aprovecho para decirlo en directo, que el gobierno debería subvencionar su producción.
- Muy bien, señor Perrerías, pues dicho queda. Muchas gracias por su tiempo, y le deseamos los mayores éxitos en el futuro.
- Gracias a vosotros, Chelufo. Ha sido un placer. Y ahora me voy a trabajar, que los desgraciados no se hacen sólos, je, je. ¡López! ¿Por qué está tan derecho en la silla? ¡Encórvese más! ¡Más! Y usted, Boniatez, el nuevo...¿a qué huele? ¿Será posible? ¿Es autoestima lo que huelo? ¡Pase a mi despacho, que esto lo vamos a arreglar rapidito!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Despierta

Hematocrito Vargas, vendedor de seguros, despertó por la mañana al sonido del despertador, ¡bzzzzzz! Con los ojos llenitos de sueño, se levantó, se rascó el culo, se dirigió con pasos vacilantes a la cocina y se preparó una infusión. Mientras la sorbía perezosamente y se iba despertando, un pensamiento empezó a tomar forma en su sesera:

- Son las siete de la mañana. ¿Cómo puede uno levantarse a las siete de la mañana para ir a vender seguros? ¿Hay algo más absurdo? No tiene sentido. ¿Para eso tenemos alma, si es que la tenemos, para levantarnos a las siete a vender seguros? ¿Para eso nos creo Dios, si lo hizo? Lo que el hombre ha creado es esperpento. Vivimos en un sistema tan incoherente, tan abracadabrante, que es imposible no morirse de risa, o de pena, o de absurdo. ¿Por qué tenemos la capacidad de hacernos preguntas si hemos de vivir en un mundo así de loco?

Entonces, Hematocrito se dio cuenta de que estaba teniendo un ataque de amarga lucidez. Alarmado, miró el paquete y se dio cuenta que, por error, se había tomado una infusión de plumas de loro. Tiró el líquido que quedaba y, con un enorme esfuerzo de voluntad, fue rápidamente a tomarse el único antidoto conocido en estos casos: media horita de televisión. Por suerte, llegó a tiempo, la enfermedad no había avanzado mucho, y volvió a ser un hombre de provecho.