- ¡Puto Bocazas! – le dije a mi loro, Puto Bocazas – Échale un ojo a las lentejas, que tengo que salir un momento. Voy a montar la revolución y derrocar al gobierno. A ver, dame la casete con la canción de “A las barricadas”.
- Llévate también “Hijos del pueblo”, por si acaso.
- Sí, es verdad. ¿Dónde está mi gorra “Durruti Style”? Perfecto. Y ahora...Y ahora...Puto Bocazas, ¿dónde cojones has puesto el kalashnikov, que no lo encuentro?
- ¡Joder, Troglo, está donde siempre, en el armario de las escobas! ¡Es que todos los días de revolución me preguntas lo mismo, coño!
- Aquí...¡jooder, pero esto está hecho una mierda! ¡Aaagh, qué duro está, esto no hay quien lo amartille!
- Nos ha jodido, si es que os creéis que se puede dejar eso ahí y luego va a estar como nuevo. Ya te he dicho que esto de la revolución hay que hacerlo con regularidad, es como ir al gimnasio, que si no, pasa lo que pasa. Pero no, el señor tenía que ser consultor, en vez de seguir el honrado oficio de guerrillero. Pero, en fin, ¡me voy a callar, me voy a callar!
- Pues a ver si es verdad que te callas, Puto Bocazas. ¿Y dónde están las balas, si puede saberse?
- He usado el metal para falsificar monedas de 10 céntimos.
- Puto Bocazas, no tengo nada contra el noble arte de la falsificación de moneda, pero ¿eres idiota o qué te pasa? Esas balas valen más de 10 céntimos cada una. ¿No ves que ya no se fabrican?
- Ya, pero las balas las pagas tú.
- ¡Grrr, encima, eso! Nada, si el gatillo también está jodido. Con este cacharro se debió echar al monte el bisabuelo de Camilo Cienfuegos. ¡Yo con esto no puedo salir, se van a descojonar de mí! Bueno, me voy a acercar un momento al Carreful, que creo que tienen 2x1 en kalashnikoves.
- Compra bastantes, que eso siempre hace falta. Y tráeme una bomba de neutrones, que a mí ya sabes que me gusta hacer las cosas a lo grande. Además, ahora las tienen tiradas, a 1,15 el megatón.
- De eso nada, Puto Bocazas. Esto hay que hacerlo como se ha hecho siempre, respetando el método artesanal: tu barba, tu pantalón de camuflaje, tu barricadita, tu kalashnikov, y un coctelcito molotov de vez en cuando.
- Pues así no vamos a acabar nunca. Compra por lo menos balas de las gordas, de las que atraviesan la pared, para que no haya que apuntar tanto. ¡Tacaño!
