jueves, 12 de febrero de 2009

Barbara Dennerlein

Bueno, como la programación del ciclo de jazz de primavera del San Juan Evangelista va dedicado a la mujer en el jazz, por nosotros que no quede. Hoy vamos con la organista Barbara Dennerlein, “el tornado de Munich”. Ya se que a algunos les cuesta lo del órgano Hammond en el jazz, pero hay que reconocer la versatilidad y la prestancia del instrumento, sobre todo en manos de algun@s. Aunque he de reconocer que tiende a sonar siempre “funky”, je, je.


Activa en el jazz desde los 80, Barbara tiene, a mi entender, dos grandes virtudes: primero, no suena como Jimmy Smith, cuya influyente sombra sobre todos los organistas de jazz es demasiado alargada (no tiene la culpa de haber sido tan bueno), y la segunda, su ES-PEC-TA-CU-LAR manejo de los pedales. No acaba de ser conocida del todo dentro del mundo del jazz, aunque sí ha tenido cierto reconocimiento en Estados Unidos. No entiendo muy bien por qué no tiene más predicamento en el mundillo, la verdad.


Hoy estamos generosos y dejamos dos cosas: la primera, un original de Barbara llamado “Stormy Weather Blues”, en directo en Berlín, con la única compañía del batería Andreas Witte.




La segunda, no he podido resistir poner este vídeo, aunque ni siquiera está completo, porque es alucinante ver a la amiga Barbara en acción, fijaros como tira las líneas de bajo con el pie izquierdo. La verdad que, si necesitáis un ejemplo de coordinación motora, aquí lo tenéis, je, je. Pasarlo bien.



martes, 10 de febrero de 2009

Don Ellis


No hace demasiado tiempo, me acordé de Don Ellis visitando el blog del amigo Millass. Es cierto que hace ya tiempo que murió, más de 30 años, como tantos, demasiado joven, pero creo que ha sido muy rápidamente olvidado. El “Stan Kenton de los 70” (y vaya foto setentera que le he puesto) fue un músico innovador, que lideró bandas con instrumentaciones chocantes (llevaba tres bajistas y tres baterías), o inventó instrumentos, como la trompeta de cuatro pistones, que le permitía tocar cuartos de tono. Ahora preguntaréis que qué leches es un cuarto de tono, ejem, digamos, simplificando, que son, por ejemplo, las teclas que hay entre las teclas del piano. Bueno, las teclas que no hay, pero que podría haber. ¿A que queda claro, je, je? Y si no, hala, que lo explique otro.


Tuvo sus frikadas, pero fue un músico arriesgado, y un excelente trompetista (y un batería más que competente). Este empollón de la música también tocó en el maravilloso sexteto de George Russell, otra perla perdida y olvidada, y que os recomiendo buscar.


Pese a que su fama se debe sobre todo a aquellas inefables big bands que lideró, a mí me gusta recordarle así, solo ante el peligro. Don Ellis, trompeta solo, toca “Just One Of Those Things”.



domingo, 8 de febrero de 2009

Un sabio


El desierto. El calor abrasador, la inmensidad, la monotonía. Bajo un sol de hierro, demasiado vago para volar, el loro Puto Bocazas caminaba, caminaba buscando...


- ¡Grrr! No podías hacer una historia donde estuviera en una playa del Caribe, Troglo. Tenía que ser el desierto. ¡Ponme por lo menos una gorra, que se me están friendo las plumas de la sesera!

- Puto Bocazas, ¿te quieres callar ya y meterte en el personaje? Pero tienes razón, te voy a poner un gorrito, para que parezcas Thelonius Monk, je, je.


...el loro caminaba, con esos andares que tienen los loros, que parece que van pisándose los pies. Llevaba en la cabeza un pañuelo como los de los obreretes, anudado en cuatro puntas...


- ¡Grrrr!


...sin una gota de whisky de garrafa que llevarse al pico, el loro caminaba con un objetivo. Porque en aquel desierto vivia el sabio Jans, el legendario sabio Jans, poseedor de la más grande de las sabidurías. Nunca nadie lo había encontrado, ni siquiera se sabía si era una leyenda o existía en realidad, pero el loro Puto Bocazas estaba decidido a encontrarlo...


- ¡Como no lo encuentre rápido, yo dimito!


¡Grrr! ¡Está bien! Ejem, ejem. De repente, el loro vió aparecer ante él un oasis. Pero era un oasis tan pequeño que casi se lo pasa, porque sólo tenía una palmera y un charquito de agua. Pero, sentado bajo aquella palmera, había un hombre, un hombre viejo, con un largo pelo blanco, y una larga barba blanca, y...


- ¡Troglo, que hace un calor de la hostia, abrevia!


...y esa pinta que tienen los sabios ermitaños. Entonces, el loro Puto Bocazas dijo:


- El sabio Jans, supongo.


Y el sabio Jans contestó:


- ¡Anda, un loro que habla!

- Ejem, sabio Jans, los loros suelen hablar. Tienes que salir más y eso.

- ¿Qué deseas, loro?

- Vengo de muy lejos a que compartas el tesoro de tu sabiduría conmigo, sabio Jans. Quería preguntarte un par de cosas.

- Adelante.

- ¿Cuál es el sentido de la vida?

- No lo sé.

- ¿Y eso?

- El sentido de la vida depende de cómo se mire.

- Ya. Bueno, pues, ¿tenemos libre albedrío?

- No lo sé.

- ¿Y eso?

- El libre albedrío es un según.

- ¡Pues vaya! ¿Podemos percibir el mundo tal y como realmente es?

- No lo sé.

- ¿Y eso? Ya, ya, no me lo digas. ¿Qué es el tiempo?

- No lo sé.

- ¿Existe una forma correcta de vivir?

- No lo sé.

- ¿Qué soy yo?

- No lo sé.


El loro enarco una de sus plumiferas cejas y miró al sabio con suspicacia. Entonces, preguntó:


- Sabio Jans, ¿cuál es la capital de Pontevedra?

- No lo sé.

- ¿Es que no sabes nada? ¡No me dirás que eso es un misterio, o que según!

- Bueno, no hay mayor sabiduría que admitir la propia ignorancia. Sólo sé que no sé nada.

- ¡Tendrá jeta el tío! A los humanos se la darás con queso, pero yo soy un loro y no cuela. Así que la ignorancia es sabiduría, ¿no? ¡Troglo! ¿Me has hecho cruzar el desierto para hablar con este papanatas?

- Hombre, yo...- empezó a decir el sabio Jans.

- ¡Ni yo ni nada! Si uno es sabio se supone que sabe algo, no pone cara de interesante, suelta frases misteriosas y se deja la barba. Oye, una curiosidad. ¿Cómo llegaste aquí?

- Bueno, la verdad es que yo trabajaba en una noria, pero un día me despidieron por vago. Entonces me cogí una cogorza tal que me perdí y aparecí aquí. Y desde entonces.

- ¡Grrrr! ¡Troglo, quítame de delante a este cantamañanas! A ver como te las apañas para cerrar la historia pero, como dentro de diez segundos no esté en mi sofá con un cubata talla diplodocus, te vas a enterar.


Así, el loro Puto Bocazas se dio media vuelta. El cretinazo Jans le vió alejarse caminando, con esos andares que tienen los loros, que parece que se pisan los pies. Y, ante su vista, como un espejismo con plumas, el loro se fue difuminando en el aire, hasta que desapareció por completo. Y, desde su sofá, con un cubata talla diplodocus, el loro ya no supo si esto fue realidad o fue sueño.


- ¡Un huevo de loro, sueño! ¡Todavía tengo arena en las patas!


Y yo me pregunto, ¿y tú? ¿Sabes cuál es la capital de Pontevedra sin mirarlo en la whiskypedia?

sábado, 7 de febrero de 2009

Delirio USA

¡Ay! Recuerdo los tiempos en que mi loro, Puto Bocazas, y yo mismo, recorriamos los casinos de Las Vegas, jugándonos al black jack los cromos de Mazinger Z. Mientras el loro cantaba las cuarenta (en copas, por supuesto), Buddy Greco, que en realidad se llamaba Armando, cantaba, más chulo que un ocho, “The lady is a tramp”. Luego nos fuimos a divorciarnos a Reno, pero no había donde aparcar, así que nos hicimos mormones, que había menos cola. Luego, el loro se hizo telepredicador y yo, Pamela Anderson. Sí, cuando veáis Los vigilantes de la playa, Pamela Anderson soy yo disfrazado, porque les salía más barato (pincha la foto para verme más grande, viciosón). Es la primera vez que lo confieso, en rigurosa exclusiva. Finalmente, nos fuimos del país sin pagar, je, je.


Me da que eso que me he comido no era un caramelo. Os dejo con Armando Greco.



jueves, 5 de febrero de 2009

Blues del San Juan Evangelista

Aunque hoy estoy hecho polvo debido a mis mandarínicas actividades, no quería dejar de subir un post que tengo pendiente hace tiempo. Aprovecho ahora, que ya tenemos muy próximo el festival de primavera (dedicado este año a la mujer en el jazz) para rendir un homenaje a ese lugar que desde hace tantísimos años es refugio de los amantes del jazz en Madrid: el Colegio Mayor San Juan Evangelista, más conocido como el Johnny. No es fácil mantener una programación tan buena durante tantos años, contra viento y marea. Chapó.


Así que a ver si os vemos por allí este mes de marzo, que el loro y yo pasamos lista. Para rendir homenaje a nuestro entrañable Johnny he elegido la música de uno de nuestros más grandes y más internacionales músicos, el pianista Tete Montoliú, durante muchos años casi único gran referente en el panorama del jazz patrio. Esta pieza está grabada en directo en el propio Johnny, y a Tete le acompañan los Harper Brothers: Winard a la batería, Philip a la trompeta y Danny al fiscorno, el saxo tenor Stephen Riley y el contrabajista Kiyoshi Kitagawa. Compuesta para la ocasión, esto se llama “Blues del San Juan Evangelista”. Pero que lo cuente Tete, que tiene más gracia.



martes, 3 de febrero de 2009

Un caso curioso

Había un hombre llamado Julín Fanegas. Nada de extraordinario había en Julín a primera vista, excepto el hecho de que era de Guadalajara y, pensándolo bien, tampoco eso es demasiado extraordinario. Otro hecho algo fuera de lo normal es que pesaba unos 130 kilos en canal pero, aunque esto no sea frecuente, tampoco es una cosa paranormal. Algo más alucinante era el hecho de que tenía un cuñado que respondía al grotesco nombre de Bimbín Dromedario, pero incluso esto no pasaría de ser una mera anécdota.


Pero Julín, aquel campechano ternero, escondía un terrible secreto. No tenía meninges. Como suena. El famoso Troglo Jones, director de operaciones, que fue jefe del susodicho cuando el susodicho, y valga la redundancia, ostentaba el cargo de subnormal interino, sospechó algo cuando se dió cuenta de que no tenía la más remota idea de qué hacia el interfecto cuando se suponía que curraba. Así, el citado Troglo, con peligro de su integridad física, rastreó las carpetas de proyectos de Julín y encontró los cadáveres de 17 hipopótamos en avanzado estado de descomposición. Tras este terrible hallazgo, no quedó más remedio que ascender a Julín Fanegas a abrazafarolas en jefe, debido a su falta de meninges.


El famoso loro Puto Bocazas puede aportar también un importante testimonio sobre Julín:


- ¡TROOOGLOOOO! ¡Deja de escribir chorradas y córtame las uñas, que las tengo como mejillones!


Un caso francamente curioso, sí.

domingo, 1 de febrero de 2009

Melba Liston, el jazz y las mujeres

Bueno, pues hoy me toca una mujer del jazz. “Ah, una cantante”. Pues no, no es una cantante. ¿Mujer, jazz, y no es cantante? Pianista, entonces. Pues no, tampoco es pianista. ¿No es pianista? ¿Ni organista? Ni organista. ¿Flautista, quizá? Tampoco es flautista. ¿Pues qué era? Trombonista. ¿Una mujer tocando el trombón? ¡Anda, vete por ahí!


Pues sí, aunque no sea nada habitual, mujeres hubo que se dedicaron al trombón, y más de una, pero quizá la más conocida haya sido Melba Liston. Y a punto estuvo de no serlo, ya que durante un tiempo tuvo que trabajar como administrativa. ¿Por qué? Adivinad. Le era muy difícil encontrar curro de trombonista porque...efectivamente, porque era una mujer. Agradezcamos a Dizzy Gillespie, entre otros, que la diera trabajo.


¿Por qué, tantos años después, sigue habiendo tan pocas instrumentistas en la música, y en el jazz en particular? En clásica hay ya muchas mujeres. En jazz vocal, están más que bien representadas, pero, excepto en el piano y afines con las Krall, Elias, Mary Lou Williams, Bley, Akiyoshi, etc, hay poquísimas en el resto de instrumentos. ¿Acaso es el piano un instrumento más “femenino”? Hay algunas excepciones, como las saxofonistas Candy Dulfer (mega-smooth) o Carolin Breuer, o baterías como Susie Ibarra, pero son muy contadas. ¿Por qué? ¿Alguien lo sabe?


Bueno, misterios aparte, y siguiendo con Melba, además de trombonista, fue una arreglista y compositora excepcional, (de lo que pueden dar fe tanto Dizzy como Randy Weston, por ejemplo) a la que aún no se ha reconocido lo suficiente.


Quizá no es este “Wonder why” el tema que me parece más característico suyo, pero es que en la mayoría de las grabaciones que tengo de ella toca integrada en una orquesta, o con tres o cuatro trombones más, con lo cual es francamente difícil oirla, o los solos son demasiado cortos. Aquí, por lo menos, os hacéis una idea de su sonido, ya que lleva toda la melodía. La acompañan ¡tres! trombones más, que quedan en un segundo plano, Jimmy Cleveland, Slide Hampton y Frank Rehak, el pianista Ray Bryant, George Tucker al bajo y Frank Dunlop a la batería.Allá vamos.