El poderoso mandarín Ku Ñao dormía la siesta del burro en su despacho cuando apareció por allí la desmañada figura de su discípulo, Par Di Yo.
- Maestro, ¿puedo importunar a vuestra mandarinez? ¡Maestro! ¡MAESTRO!
- ¿Eh? ¿Qué? ¿Los mongoles? ¿Eres tú, Par Di Yo, lagarto con meningitis? ¿Cómo osas molestarme cuando estoy pensando?
- Mil perdones, Maestro, pero los efluvios de vuestros pensamientos resuenan por todo el mandarinato en forma de ronquidos. ¿Quizá vuestra excelencia podría pensar de modo más discreto?
- ¿Insinúas que dormía, Par Di Yo, dragón hermafrodita? ¡Grrr, ahora ya me he desvelado…digooo, he perdido el hilo de mis profundos pensamientos!
- Maestro, aprovechando esta circunstancia, querría haceros una importante pregunta.
- Está bien, pregunta, alacrán silvestre.
- Maestro, he notado que, en la vida profesional, y especialmente en este mandarinato, medran los mediocres y los que no arriesgan nada.
- ¿Qué insinúas, Par Di Yo, hijo de un chivo con tres patas?
- ¡Nada, Maestro, nada! Vuestro caso es la excepción que confirma la regla, je, je. Simplemente, he notado que la gente siempre hace lo mismo y de la misma manera. Parece que el mundo está estancado, que no se piensa. Y además, esos son precisamente los que ascienden. Los que osan…
- Basta, Par Di Yo. He oído bastante. ¿Tú lees poco los Antiguos Pergaminos, verdad?
- Yo, Maestro, mayormente el Mar-Ca, je, je.
- Eres un boniato salvaje, Par Di Yo. ¡Coge los Antiguos Pergaminos del estante!
Par Di Yo cogió el pesado volumen.
- Ahora, Par Di Yo, busca y lee el antiquísimo poema del Sagrado Ternero. En él encontrarás las respuestas que buscas.
El discípulo buscó y encontró rápidamente lo que le decía Ku Ñao. Y esto era lo que aquel poema contaba:
Hace mucho, por el bosque perdido,
a su cobijo se dirigió un ternero.
Pero trazó un camino retorcido,
y tortuoso cual alma de banquero.
Han pasado mil años y algún día;
el antiguo ternero ya no existe
pero aún sigue existiendo aquella vía
con una moraleja muy cómica y muy triste.
Un loro solitario que pasó
al día siguiente la senda recorrió;
y un carnero, de rebaño sargento,
a sus cien ovejas con él arrastró
por aquel camino a paso lento.
Desde aquel día, con subidas, con bajadas,
en el bosque fue haciéndose un sendero
y los hombres recorrían sus quebradas
esquivando barrancos y agujeros
y jurando con furia soterrada.
Pero, con todo, los hombres seguían
- de verdad y de la buena, no se rían –
las locas migraciones del ternero
y allá andaron el sinuoso sendero
porque el ternero haciendo eses corría.
Y el sendero hecho por el ebrio vacuno,
se hizo camino en momento oportuno.
Y el camino llegó a ser carretera,
y pobres caballos, la lengua fuera,
andaban tres metros para recorrer uno.
Y así, durante años y años y años
todos seguían al ternero sagrado.
Y la carretera, no es caso extraño
llegó a ser callejuela de un poblado.
Y aún antes que te hubieras percatado
promocionó a avenida principal,
de una ciudad con parques y mercado.
Y bien pronto fue la arteria general
sí, de la mismita capital del estado.
Y los hombres, por tiempo ilimitado
siguieron con fe a Vacuno Primero.
Día tras otro, cual un rito sagrado
siguieron los dictados del ternero.
Millones de hombres son dirigidos
por un ternero muerto, madre mía.
Y siguen su camino retorcido
y se pierden cien años en un día.
Seguimos por un camino sinuoso,
arriba, más abajo, atrás, anguloso,
¡no pisen, no, donde otros no han pisado!
¡No salgan del sendero, surco sagrado
y que marca un destino terneroso!
Porque este es el respeto que se siente
por el bien establecido precedente.
- ¿Lo Pi-Yas, Par Di Yo?
- Lo Pi-Yo, Maestro. No te salgas del camino trillado, que no sales en la Fo-To. Aunque el camino vaya para atrás.
- Pues ya sabes, A-Jo-I-Agua, que los Antiguos Pergaminos nunca se equivocan. Y ahora retírate, que parece que estoy retomando el hilo de mis pensamientos,…¡zzzz!
- Oigo y obedezco, Maestro.
Y así Par Di Yo descubrió las enseñanzas del Sagrado Ternero. Pero los escribas no lo recogieron en sus versos, porque más versos hubiera sido abusar.
P.D: El poema es una modificación de uno que conozco hace mucho tiempo. La historia que cuenta es exactamente la misma, aunque la forma está muy cambiada, ya que en el original no rima apenas, y he quitado algunas cosas y he incluido otras. Desgraciadamente, no sé quién es el autor. Supongo que un mandarín cuyo nombre se ha perdido.






