Posiblemente vosotros no tenéis en casa un loro chiflado que se llame Puto Bocazas, pero yo sí.
¡POM! ¡POM! ¡CATAPOM!
Y esos porrazos sólo pueden ser cosa suya. Voy a ver qué trama:
- ¡Puto Bocazas! ¿A qué vienen esos martillazos? ¿No ves que estoy echando la siesta de las 11 de la mañana?
- Pues mira, Troglo, como nuestros planes de dominación mundial no avanzan debido en gran parte a que eres un vago del copón, me he puesto manos a la obra y le estoy haciendo unas chapucillas a la máquina del tiempo.
- ¿Qué le has puesto que parece un altavoz?
- Es un dispersador de ondas temporales, ingeniero. Sirve para que los efluvios de la máquina lleguen a toda la población.
- Eso tiene pinta de caro, Puto Bocazas. Dime cómo has financiado este proyecto antes de que te asesine cordialmente.
- Tranqui, me han dado el dinero los del banco.
- ¡Ja, ja, ja! Esa sí que es buena, Puto Bocazas.
- Pues sí, les he convencido de que era Bill Gates y me lo han dado.
- ¿Me estás diciendo que un loro entra en el banco, dice que es Bill Gates, y los tíos se lo creen y le dan dinero?
- Pues claro, Troglo. Y es que todo es cuestión de convicción y seguridad en ti mismo. Nunca falla, me pongo unas gafas de pringao, me echo las plumas así para delante, como si tuviera flequillo, pongo cara de empollón, y digo, pero eso sí, con mucha convicción, creyéndomelo, digo: “qué pasa, que soy Bill Gates. Oye, que no me acuerdo en que bolsillo llevo el trillón de euros y no me apetece buscarlo, así que darme unos cientos de miles, que mañana mando al perro a que os pague”. Y me lo dan.
- ¿Al perro?
- Troglo, sabido es que los perros de los millonarios son millonarios a su vez, así que el de Bill Gates no veas. Caga diamantes del tamaño de tu cabeza y mea tinta de impresora, el líquido más caro del mundo. Es muy respetado en el mundo de los ricachos.
- ¡Grrr! ¡Qué sarta de burradas! Casi prefiero no saber de dónde has sacado la pasta.
- Eso te pasa por preguntar. Espera, que ya estoy terminando, un martillazo más, ¡CATACROC! y ya está lista la máquina.
- ¿Qué plan maquiavélico te traes entre manos?
- Verás, he conseguido que la máquina cree bucles temporales. Espera que le dé al interruptor y ya verás. ¡Ya está! ¿Lo ves?
- ¿Lo qué?
- ¡Ya está! ¿Lo ves?
- ¿Lo qué?
- ¡Ya está! ¿Lo ves?
- ¿Lo qué?
- ¡Je, je, je! ¿Lo vas pillando?
- ¡Para ya, Puto Bocazas, grrrr! Ya veo. Has conseguido que la máquina fije el tiempo entre dos puntos. Cuando llegas al segundo, la máquina echa el tiempo para atrás y vuelves al primero, y así una vez y otra, de forma que te repites continuamente.
- Exacto. Y puedo mantenerlo indefinidamente. ¿Y sabes lo que voy a hacer?
- Ardo en deseos de saber, Puto Bocazas.
- La noche de Nochebuena sacaré el dispersador por la ventana para afectar a toda la peña y pondré en marcha el bucle. Voy a repetir la Nochebuena eternamente.
- ¿Qué dices? ¿Y con eso vas a conquistar el universo?
- Pues claro, Troglo. Imagina, la cena de Nochebuena. Cuando está a punto de acabar, y la peña ya está pensando: “Por fin, ya voy a poder dejar de aguantar a estos pelmazos hasta el año que viene”, ¡zas!, el bucle temporal entra en acción y todo vuelve a empezar.
- ¡Qué horror!
- Efectivamente, Troglo. Otra vez a besar a la suegra, a soportar a tus sobrinos cantando villancicos y darles aguinaldo encima, y a escuchar de nuevo los chistes de tu cuñao. ¿No es horrible?
- ¡Imagínate tener que escuchar continuamente el mensaje del rey!
- ¡Je, je, je! Ahí le has dao. Y no te digo nada si encima eres de los que la abuela se empeña en que pongas la misa del gallo. Imagina, repetirla una y otra vez.
- ¡Y la cena! Cuando estabas ya empechao de cordero y polvorones, resulta que tienes que empezar otra vez con los langostinos. Es demasiado horrible, Puto Bocazas.
- Así es, Troglo. La repetición perpetua de la cena de Nochebuena es como el infierno en la tierra. Así que la peña, con tal de que acabe con su sufrimiento, accederá a darme el gobierno del universo con mucho gusto. Y, si no han tenido bastante, puedo repetir eternamente el fin de año. Imagina, justo cuando te has comido todas las uvas y tienes la boca llena de pipos, el bucle se activa y vuelven a aparecer. Toda la eternidad comiendote las doce uvas, una y otra vez, je, je.
- Je, je, je, eres maligno, Puto Bocazas. Vamos a darle caña a un villancico jazzero para celebrarlo.
- Venga, que voy a poner voz de Kurt Elling, je, je. Y uno, y dos,...
Feliz Navidad eterna, amiguitos.






