domingo, 11 de julio de 2010

La venganza de Naranjito II

- ¡RIIIING! ¡RIIIING! ¡RIIING!

- ¿Sí? ¿Dígame?

- ¿La señora Clementina?

- Sí, soy yo.

- ¿Acepta usted una llamada a cobro revertido desde Sudáfrica de un tal Naranjito?

- ¡Grrr! Sí, claro que la acepto. ¡Pásemelo!

- ¡PRRR! ¡CRAC! ¡CRAC! ...¿Clementina?

- ¡Naranjito! ¿Eres tú? ¿Estás bien?

- ¡Clementina, soy yo! Sí, muy bien.

- ¡Te voy a hacer rodajas, Naranjito! ¡Sólo a ti se te ocurre irte a Sudáfrica sin decir nada!

- Eh, te dejé una nota.

- ¿Esa de la nevera que ponía “vuelvo enseguida”? ¡Ya hablaremos tú y yo! ¿Estás loco, Naranjito? ¿Qué tramabas?

- Clemen, Clemen, escucha. Ya sabes que, ahogado por la amargura, tramaba vengarme.

- ¡Qué manía!

- Así que me acerqué al hotel de la selección española dispuesto a echarles un gafe de campeonato. Pero, entre que estaba muy controlado, el seleccionador tenía cara de buena gente, y como que me empezó a entrar el fervor patrio, empecé a pensar otra cosa.

- ¡Miedo me das, Naranjito!

- Sí, Clementina, decidí jugar un papel decisivo en éste Mundial, pero de otra manera. Resulta que, como sabrás, nuestro rival en la final va siempre de naranja, así que, entre ellos, me resultaba fácil pasar desapercibido. Además, eran unos chicos muy simpáticos. Al verme tan anaranjado, rápidamente hicimos buenas migas, je, je. Y estuve todo el rato pegadito a la selección holandesa. Y ya ves el resultado, Clementina. Soy un gafe, sí, y gracias a éste gafe la selección ha ganado el Mundial. Nunca sabrán que me lo deben a mí, pero no me importa. ¡Soy feliz, y he saldado mis deudas con la historia!

- ¡Ay, qué hombre éste! ¡Me vas a matar a disgustos! En fin, ¿cuándo vuelves?

- Bueno, de eso quería hablarte también. Es que me he hecho amigo de un loro y nos vamos a quedar unos días por aquí a celebrarlo y eso.

- ¡Naranjito! ¿Qué dices? ¡Que todos los loros son unos golfos! ¡Vente inmediatamente para acá!

- ¡Te oigo fatal, Clementina! ¡Se va a cortar! En cuanto pueda, te vuelvo a llamar. ¡Un beso!

- ¡Grrr! ¡Un beso!

lunes, 5 de julio de 2010

La venganza de Naranjito

En algún lugar de la costa valenciana, hay una casita con jardín. En ese jardín, sentado en una mecedora, aprovechando los últimos rayos de sol de la tarde, el hoy anciano Naranjito rumia sus pensamientos. Su piel, antes lustrosa, está hoy arrugada, y el poco jugo que queda en sus cuarteados gajos es, ¡ay!, un zumo amargo.


- ¡Clementina! ¡CLEMENTINAAA!

- ¿Qué te pasa, a ver? ¿A qué vienen esos gritos?- dice, mientras sale de la casita y se acerca, Clementina, su Clementina, la dulce compañera de todos estos años de olvido.

- Perdona, Clementina. No quería gritarte – dice Naranjito – Ya sabes lo que me pasa, los años que hay Mundial me pongo, eh, un poco...melancólico y extraño.

- Naran, Naran. ¿Todavía? Tienes que superarlo, pasar página. Ha pasado mucho tiempo. Demasiado.


Pero la cabeza de Naranjito ya está muy lejos, y no escucha a Clementina.


- ¿Te acuerdas, Clementina, cómo era todo cuando eramos jóvenes? Siempre decías que yo no era una naranja cualquiera, y tenías razón. ¡Yo tenía talento! ¡Todo el mundo lo sabía!

- Claro que lo tenías, Naran.

- ¡Dios, cuánto trabajé! ¡Se lo dí todo! Hasta rodamos aquella serie absurda, ¿te acuerdas? ¿Y para qué? ¡En cuanto acabó aquel maldito Mundial me olvidaron! ¿Qué digo me olvidaron? ¡Me trataron como a basura! ¡Me tiraron como...como a una naranja que ya no tiene jugo! ¡Yo, que había sido un ídolo de millones, pasé a ser el hazmerreír! Ahora todos decían que era horroroso, que no tenía carisma. ¡Hasta dijeron que era gafe, maldita sea su estampa!

- Bueno, hay que reconocer que aquello fue un desastre.

- ¿Qué quieres decir?

- Nada, cariño, olvidémoslo.

- ¡No! ¡No puedo! ¡No quiero! ¿Por qué a Manolo el del Bombo no paran de darle oportunidades y yo soy un proscrito? ¡No quedará así! ¡Me vengaré!

- ¡Naranjito! ¿Otra vez con eso? ¡Cálmate, por favor! ¿Te has tomado la pastilla?

- ¡Le diré a todo el mundo la verdad, Clementina! ¡Que el Mundial no es más que una trampa para distraerles! ¡Que mientras la gente echa las muelas animando a sus selecciones, se aprovecha para colar todo tipo de burradas! ¡Reformas, recortes, engañifas, o incluso una guerrita en Irán, que no lo descarto! ¡Pan y circo, Clementina, pan y circo! ¡Pero lo soltaré todo, y ya verán!

- ¡Naranjito, basta! ¡Ya está bien! ¿De qué va a servir todo eso? ¡No te harán ni caso!

- Pero...

- ¡Ni caso! La gente no quiere que le cuentes la realidad. Prefiere drogarse con el fútbol, y olvidar. Y, cuánto más lejos llegue la selección, más drogados permanecerán. ¡Y no puedes hacer nada! ¡Anda, vete a gritar a los cuatro vientos! ¡Se reirán de ti, Naranjito! ¡Se reirán otra vez! ¿No lo ves?


El silencio dura un ratito. Hasta que Naranjito, abatido, dice:


- Tienes razón, Clemen. Como siempre. Lo siento.


Clementina se acerca y acaricía dulcemente el rabito con la hoja que nace de la coronilla de Naranjito.


- Venga, tonto. Deja ya esas cosas, y tranquilízate. Anda, dame un beso.


Tras el suave beso, Clementina se aleja hacia la casa. Naranjito queda, una vez más, solo.


- Lo que más me dolió fue aquello de que era un gafe. ¡Mamones! ¿Gafe yo? Sí, todo salió como el culo, es cierto, pero eso de gafe, ...pero,...


Y entonces, lo ve claro. La vieja mirada de Naranjito se ilumina de nuevo. Lentamente, su magnética sonrisa vuelve a aparecer en su cara. Y hasta su piel de naranja parece recuperar lustre. Se abalanza sobre el teléfono y llama a la agencia de viajes:


- ¿Oiga? Sí, escuche. Necesito un billete de avión para Sudáfrica. Urgente, sí, para mañana mismo, si hay. ¿Hay? ¡Perfecto! ¡Y el alojamiento! ¡Quiero que me meta en el mismo hotel que la selección española, a cualquier precio! Sí, soy muy aficionado, no lo sabe usted bien, je, je. Digamos que soy un viejo amigo que quiere desearles suerte, je, je, je, je. ¡Je, je, je, je, jeee!

miércoles, 23 de junio de 2010

Portadas que me gustan


Bueno, volvemos con el dúo Francis Wolff a las fotos y Reid Miles al diseño de portada, para este disco del 62. Mirar qué feliz se ve a Horace Silver con las geishas, je, je, qué sinvergonzón. En fin, una portada que transmite alegría y luz, y es que la luz del sol naciente había que aprovecharla.


Acompañan a Silver y su piano su grupo habitual, Blue Mitchell a la trompeta, Junior Cook, que tenía un muy buen día, saxo tenor, Gene Taylor al bajo y Joe Harris a la batería. Y esta pieza, larga pero que se hace corta, se llama “Sayonara Blues”, del propio tío Silver. Pues eso, sayonara.



sábado, 19 de junio de 2010

Lucidez

Al día siguiente, no murió nadie.


Así comenzaba “Las intermitencias de la muerte”, de José Saramago. Hoy, sin embargo, la muerte sigue con su trabajo y se ha llevado a mucha gente, entre otros, a José Saramago. Alguien que estoy seguro que no pretende ser un muerto más importante que ningún otro muerto. Como no quiso ser más importante que otros vivos.


Alguien me dijo una vez que Saramago siempre escribía el mismo libro. ¿Y qué otro libro se puede escribir? ¿Se puede hablar de otra cosa que no sea la dignidad, la justicia, el dolor? ¿Se puede hablar de algo que no sea el hombre? ¿Se puede hacer algo más necesario que intentar hacer ver a los ciegos?

domingo, 13 de junio de 2010

Portadas que me gustan


Esta portada es canela fina. Blanco y negro, y destacando ese color “blue”. Preciosa. Lo malo es que no sé quién la realizó, así que tendréis que echarme un cable. Es un disco del 56, uno de mis favoritos, creo que el último como líder de Serge Chaloff. En la portada aparecen sus acompañantes, Sonny Clark, Joe Jones y Leroy Vinnegar.


Parte de aquellos míticos “Four Brothers” (dicen que era la única persona capaz de sacar de sus casillas a Woody Hermann), Serge, el mago del saxo barítono, el hombre de vida disoluta, ya estaba físicamente mal en esta grabación, aunque oyéndole tocar, nadie lo diría. De hecho, creo que ya tenía que desplazarse en silla de ruedas. Murió un año después, de cáncer, con 34 años. Nos dejó su música. Para muestra, este botón, “Stairway to the Stars”. Relajaos.



miércoles, 9 de junio de 2010

Confesión

Debo confesar que soy un plagiador. Todas las estupideces que escribo se las copio a Gilípides de Río, un escritor del siglo XXV. Incluida ésta que estáis leyendo ahora mismo. Esto es muy original, aunque parezca que no. Se me ocurrió cuando me di cuenta de que a los escritores del pasado ya los había copiado todo el mundo, estaba la cosa demasiado trillada. Y entonces, eureka, lo vi claro, coño, el futuro, el futuro es un filón. A esos todavía no les ha copiado nadie. Y no te pueden denunciar, porque todavía no han nacido. Así que me dije, manos a la obra, y todo eso. La verdad es que, ya puestos, podía haber escogido un escritor un poco menos penoso, pero es que los buenos usan palabras largas y raras, y eso me fatiga mucho al copiar.


Ya veis, sin embargo, que la cosa no es tan sencilla. Como sabe que le copiaré cualquier cosa, porque soy muy vago para ponerme a buscar, Gilípides ha escrito esta “Confesión” para que la copie y así hacerme confesar. Eso me pasa por copión. No puedo evitarlo.

lunes, 7 de junio de 2010

Algunas veces

Algunas veces siento muy cerca esta poesía del mejicano Juan de Dios Peza. Abrumadoramente cerca. Más de lo que me gustaría:


Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra,
y más feliz..." y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
- Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.

-Viajad y os distraeréis. -¡Tanto he viajado!
-Las lecturas buscad. -¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer. -¡Si soy amado!
-Un título adquirid. -¡Noble he nacido!

-¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas.
-¿De lisonjas gustáis? -¡Tantas escucho!
-¿Qué tenéis de familia? -Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios? -Mucho... mucho.

-De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.

- Me deja -agrega el médico- perplejo
vuestro mal, y no debe acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik podréis curaros.


-¿A Garrik? -Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡Tiene una gracia artística asombrosa!


-¿Y a mí me hará reír? -¡Ah! sí, os lo juro;
Él sí; nada más él; más... ¿qué os inquieta?
-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.


Por suerte, son sólo algunas veces.