- Buenas noches, señoras y señores. Soy Chelufo Costrón, y un día más les saludo desde éste, su programa televisivo de divulgación, “Cosas que a usted no le importan un huevo”. En nuestra serie de documentales, hemos querido acercarnos en esta ocasión a un sector de la economía española que se mantiene boyante a pesar de las circunstancias económicas conocidas por todos. Este sector es, como quizá hayan adivinado, el de la producción de desgraciados. De hecho, nos encontramos en el despacho de Jodón Perrerías, director de operaciones de la empresa “Cabronio & Jopútido”, una de las mayores productoras de desgraciados de nuestro país. Buenas noches, señor Perrerías, y gracias por recibirnos.- El placer es mío, Chelufo.
- Señor Perrerías, ¿podría explicarnos cuáles son los secretos de su éxito? ¿Qué es lo que hace a “Cabronio & Jopútido” un líder en la producción de desgraciados?
- Je, je, bueno, Chelufo, yo creo que la clave está en la dedicación y la especialización. Cierto que las empresas españolas son grandes productoras de desgraciados pero, para la mayoría de ellas, la desgracia en un subproducto de su actividad principal. Algunas consiguen buenos resultados, es cierto, pero la nuestra es la primera empresa en especializarse en desgraciados como producción única.
- ¿Y en qué consiste concretamente la producción de desgraciados, señor Perrerías?
- Básicamente, el proceso consiste en joder la vida de tus empleados de forma que se conviertan en desgraciados lo más rápidamente posible. Hay muchas formas de conseguir esto, claro está, pero en “Cabronio & Jopútido” hemos conseguido hacer de este proceso un arte, modestia aparte. Personas que parecían inasequibles a la desesperación han sido convertidas en unos desgraciados en pocos meses gracias a nuestras técnicas.
- Impresionante.
- Ya lo creo. Y no es porque lo diga yo, observe las caras de asco y desesperación de nuestro personal. No todas las empresas consiguen esto. Además, nuestros desgraciados están garantizados. Aunque se marchen a otra empresa, siguen siendo unos desgraciados, la desgracia ya se les ha quedado dentro. Por supuesto, la garantía no puede cubrir eventualidades como que se hicieran conscientes de su propia esclavitud e hicieran algo para cambiar su vida, pero esto es extremadamente raro.
- Además, tengo entendido que su empresa también tiene muy en cuenta la calidad.
- Efectivamente, Chelufo. No sólo nos centramos en la productividad, sino que nuestros desgraciados lo son cada año más. Este año, esperamos alcanzar niveles dickensianos de desgracia.
- Parece que estamos, entonces, ante un sector en expansión.
- Definitivamente. Nuestro grupo está realizando un gran esfuerzo de inversión para incrementar la producción de desgraciados. Nuestro crecimiento es, y toco madera, imparable. Además, piense que el desgraciado es un bien de utilidad pública, ya que se convierte en una persona dócil, apática y pasota. Por eso entendemos, y aprovecho para decirlo en directo, que el gobierno debería subvencionar su producción.
- Muy bien, señor Perrerías, pues dicho queda. Muchas gracias por su tiempo, y le deseamos los mayores éxitos en el futuro.
- Gracias a vosotros, Chelufo. Ha sido un placer. Y ahora me voy a trabajar, que los desgraciados no se hacen sólos, je, je. ¡López! ¿Por qué está tan derecho en la silla? ¡Encórvese más! ¡Más! Y usted, Boniatez, el nuevo...¿a qué huele? ¿Será posible? ¿Es autoestima lo que huelo? ¡Pase a mi despacho, que esto lo vamos a arreglar rapidito!