martes, 23 de agosto de 2011

Músicas del mundo


- Puto Bocazas – le dije a mi loro, el deslenguado Puto Bocazas - ¿qué es ese aparatejo que tienes ahí?
- Troglo, como tenía 10 minutos antes de la siesta de las 12 de la mañana, he inventado una burrada de las mías: el DMM.
- ¿Ein?
- Son las siglas de Digeridor de Mierdas Musicales, pero DMM queda como más comercial. En esencia lo que hace el cacharro es que cuando le metes cualquier disco, por mierdoso que sea, le hace automáticamente un arreglo que lo hace agradable al oído humano y loruno.
- ¿Podría uno escuchar a Julio Iglesias, entonces?
- Hasta a Enrique Iglesias, Troglo, je, je. ¿Te das cuenta? Ya no tendrás que ser un marginado social, un raro que sólo tiene discos de jazz o de clásica. Podrás tener discos de Bisbal, que sonará como latin jazz, o de Shakira, que sonará como Shakira Vaughan, je, je.
- Eso es demasiado bueno para ser verdad, Puto Bocazas. Con Shakira no puede ni Duke Ellington. Vamos a probarlo, que lo creeré cuando lo oiga.
- Vamos con la prueba de fuego, Troglo. Voy a ponerle este disco de Paulina Rubio. Pásame las pinzas, que no lo quiero tocar, a ver si va a ser contagioso. Bueno, ya está. Vamos a darle a ver que sale.
- ¡Puto Bocazas, si suena como el Fary cantando una jota!
- ¡Grrr! ¿Qué le pasa a este cacharro? ¡Le ha metido un arreglo de flamenco-fusión! Lo controlaré manualmente. A ver, voy a meterle violines a punta pala...
- ¡Para ya, parece la abeja Maya cantando con una orquesta zingara! A eso le falta barroco, Puto Bocazas, métele barroco.
- ¡Y dale con el barroco! ¡Para ti a todo le falta barroco, Troglo, venga a echarle barroco a todo! ¡Si te parece le pongo un clavicordio! Voy a meterle un arreglo jevimetalero, a ver si así....
- ¡Virgen Santa, Puto Bocazas!
- ¡Joder, si suena como si Ozzy Osbourne se hubiera puesto de parto! ¡Pásame el Arreglador Supremo, corre!
- ¿Te refieres a este mazo enorme?
- ¡Trae acá! ¡Muere, monstruo!

¡CATACROOC!

- ¡Uf, qué descanso!
- En fin, Troglo, el fracaso es la madre de la ciencia. La moraleja es que hemos aprendido que hay cosas que no tienen arreglo posible. Así que tendremos que seguir siendo unos marginales, je, je. Y, por cierto, en este post todavía no nos hemos tomado ningún cubata, así que dale al invento.
- Amén, Puto Bocazas.


domingo, 14 de agosto de 2011

Cuentos de los mandarines: los taimados rumores

En cierta ocasión en que el insigne mandarín Ku-Ñao se rascaba el interior de las orejas con sus largas uñas, le visitó en su despacho su inefable discípulo, Par Di Yo:

- Maestro – dijo Par Di Yo – disculpad mi osadía al interrumpir vuestras vitales actividades, pero os traigo las noticias mercantiles que me pedisteis.
- Trae acá, Par Di Yo, mosca aletargada, date prisa. ¿No ves cómo está de volátil la Bol-sa, merluzo oriental? Se ganan y se pierden mandarinatos en cuestión de horas, así que necesito información al segundo. ¡Um, ya veo! Ching más Xuan son cuatro, y me llevo Chou. Me cuadra, me cuadra. Veamos ahora las Bu-Rra-Das que dicen los informes de las agencias de calificación. ¡Je, je, perfecto, me veo comprándome otro yate!
- Maestro, me pregunto cuan sabias deben ser las agencias de calificación al ser capaces de separar el ying y el yang de los negocios.
- ¿Sabias dices, Par Di Yo? Así es, siempre que entendamos por sabiduría la capacidad de engañar a gorilas incautos como tú.
- ¿Cómo decís, Maestro? ¿No se basan los informes de esas agencias en millones de datos escrutados y analizados por algunos de los mejores cerebros de la tierra?
- Par Di Yo, eres más ingenuo que la abeja Ma-Ya. ¿Datos, bestezuela de río? El producto de las agencias de calificación no es otro que el rumor.
- ¿El rumor, Maestro?
- Exacto, ciervo con tres patas. Realmente, las agencias de calificación son una especie de reunión de Ma-Ru-Jas locas con nombres pomposos. Lo que hacen es propalar rumores que tienen el efecto de producir efectos beneficiosos para algunos avispados, como yo.
- ¡Vaya, Maestro! Pero aquellos contra los que va dirigido el rumor se defenderán.
- Par Di Yo, contra un rumor no hay defensa. Si no te defiendes, malo, y si te defiendes, peor. En ambos casos la gente asumirá que el rumor es cierto, por activa o por pasiva.
- ¡Cierto, Maestro, gran astucia! Pero, ¿cuál es el interés de las agencias en soltar esos rumores?
- ¡Jo, jo, jo! El interés es obvio, Par Di Yo, gamba obtusa: la Pas-Tá.
- No lo Pi-Yo, Maestro.
- Escucha bien, cenutrio con coleta. ¿Quién gana dinero especulando con bonos de compañías o con la deuda de países?
- Los mandarines financieros, Maestro.
- Exacto. Ahora dime el nombre de un mandarín financiero de los gordos.
- El Gu-Rú de O-Ma-Ha.
- ¡Bravo, Par Di Yo! El ejemplo viene al pelo de mis bigotes. Porque el Gu-Rú, que es uno de los grandes mandarines especuladores es, a su vez, accionista mayoritario de una de las más gordas de esas agencias. ¿Lo vas pillando, Par Di Yo? Y es sólo un ejemplo.
- ¡Glubs! Ya lo creo, Maestro. Huele a Cha-Mus-Qui-Na de la buena. Eso puede significar que gente como el Gu-Rú pueden influir en lo que la agencia va a decir. O que conoce por anticipado qué dirá, con lo cuál puede forrarse aún más.
- Así es, Par Di Yo. Eso sí, interesa que se crea que estas decisiones se basan en su gran sabiduría, en lugar de ser rumores intencionados.
- Pero, Maestro, algo me intriga con respecto a esa sabiduría. Si esas agencias ya metieron la Pa- Ta, o algo peor, cuando calificaron como Incienso Celestial lo que era Mierda De Dragón, ¿por qué no asumen ninguna responsabilidad ni pierden su crédito?
- ¿Asume responsabilidades la portera de tu casa cuando uno de sus rumores es falso, Par Di Yo, tarugo de bambú? Cuando esto ocurrió, se limitaron a decir que sus sesudos análisis eran tan sólo opiniones, por lo cual no se les podía pedir responsabilidad. Y aquí Zen, y después, gloria.
- ¿Opiniones, Maestro? ¿Cómo podría ser la opinión de cualquiera? ¿Daba lo mismo que lo hubiera dicho el loro? Entonces, ¿por qué les pagan si su opinión no es más fiable que la de nadie?
- De hecho, Par Di Yo, la opinión de un loro suele ser más fiable. Y no seas Ko-Ña-Zo, que ya te he dicho por qué les pagan: son un instrumento de rumorología al servicio de unos pocos listos, como yo, je, je. Ahora, desfila y traeme unos litros de licor de arroz fresquito, que el calor derrite mis mandarínicas meninges.
- Oigo y obedezco, Maestro.

Y así fue como Par Di Yo aprendió la realidad de la cosa. Y los escribas lo recogieron en los versos de rigor, ya se sabe:

Un rumor bien colocado
puede hacer un país crujir
y un pastizal conducir
a manos de espabilados.
Pues como dijo el anciano
y gran sabio Fu- Manchú:
si sale cara, yo gano,
si sale cruz, pierdes tú.


domingo, 31 de julio de 2011

Vacaciones

- ¡Troglo! – me dijo mi malvado loro, Puto Bocazas - ¿Dónde corchos está el post de que nos vamos de vacaciones? ¿Por qué no lo has subido todavía? ¡Que siempre lo dejas todo para última hora!
- Puto Bocazas, este año nos quedamos de vacaciones urbanas, así que...
- Así que nada, Troglo. El post hay que subirlo de todas, todas. Que se pierden las buenas costumbres. Y, a todo esto, ¿por qué este año no nos vamos a la playa a hacer el burro, que se me ha olvidado?
- Alguna escapadita haremos, Puto Bocazas, pero hay mucho que hacer por aquí. Además, acuérdate de que la revolución no avanza sin nosotros. Imagínate que te pilla la revolución social en el chiringuito. ¿Tú te imaginas a Bakunin con la sombrilla y el cubito?
- Está bien, Troglo, todo sea por la causa. Pero, ¿no tendrás pensado trabajar?
- No pienso dar golpe, Puto Bocazas.
- Así me gusta. ¿Y qué haremos para refrescarnos?
- Cubatita va, cubatita viene, y zambullida en la bañera.
- La estoy usando para destilar güisqui.
- A mi, plim. Échale hielo, y al agua, patos.
- Será al güisqui, loros, je, je.
- Pues eso.

¡CHOF!


Felices vacaciones, amiguitos.

viernes, 22 de julio de 2011

El misterio de la bestia nocturna


Era un día típico inglés, gris y desapacible. Cerca de los muelles, en la calleja llamada Gazuzing Street, había una actividad inusual. La policia había cortado la calle, y concentraba sus efectivos investigadores en “Cogorhouse”, un tabernucho de mala muerte que parecía haber sido atacado por un tornado la noche anterior. Fue entonces cuando, con la parsimonia en él habitual y dando furiosas chupadas a su pipa, llegó al escenario del crimen el famoso detective Troglo Jones, acompañado de su inseparable ayudante, el loro Putobocatson.

- Saludos, inspector Despistrade – saludó Jones – Parece que nuestro visitante nocturno ha vuelto a atacar.
- Pues sí, Jones – dijo el inspector, mirando con cierta desconfianza al famoso dúo – Parece que ha cogido carrerilla.
- ¿Qué ha ocurrido esta vez?
- A medianoche, asaltó y destruyó un bar en Very Eggs Square. Posteriormente, atacó al banquero Sir Emil Littleboot cuando éste llegaba a su domicilio.
- ¿Cómo se encuentra Sir Littleboot?
- Grave. Por lo visto, le propinó una colleja de tal categoría que le incrustó la calva en la barbilla. No sé si saldrá de esta. Después, tomó por asalto esta taberna. Y aquí le perdemos la pista.
- ¿Algún testigo?
- Varios, pero las mismas descripciones vagas e increíbles de siempre. Mirada terrible, voz aterrorizante, aspecto terrorífico,...Todos los que hemos interrogado concuerdan en que no es un ser humano, sino algún tipo de bestia salvaje, o un monstruo, con aspecto espantoso y feroz.
- Y una enorme facilidad para escabullirse, Despistrade.
- Cierto, Jones, cierto. En cuanto se da la alarma y nos ponemos en marcha, parece que se lo hubiera tragado la tierra.
- O el aire.
- ¿Qué quiere decir, Jones?
- Nada, inspector, nada. Cosas mías. Le quedo muy reconocido por la información, buenos días.

La singular pareja se alejó del lugar de los hechos, dejando al inspector con sus pesquisas. Ante el semblante caviloso de Jones, Putobocatson preguntó:

- ¿En qué piensa, Jones?
- En nuestro nocturno amigo, Putobocatson.
- ¿Cree que hay algo de cierto en eso de que es una bestia, un ser inhumano?
- Aunque parezca increíble, los indicios apuntan a ello, Putobocatson. Recuerde cuando atacó y desvalijó las destilerías. Aquellas marcas en la puerta...ninguna mano humana ni ningún instrumento deja esa marca. Era una marca de garra.
- ¿Garras, eh?
- Elemental, Putobocatson. ¿Y recuerda cuando descalabró al gobernador Cramps?
- ¿El hombre de los mil trajes? Sí, claro.
- Le atizó en la cabeza con algo duro, contundente y afilado. De nuevo, la marca no cuadra con ningún tipo de cuchillo o de instrumento que yo conozca. Creo que ese ser le mordió, o algo parecido.
- A ver si va a ser un unicornio, Jones, je, je.
- Dejesé de burradas, Putobocatson. No, nada de unicornios, mis conjeturas van por otro lado. Nuestro nocturno personaje debe tener una boca muy particular...
- Jones, a todo esto, ¿por qué seguimos dando vueltas por estos callejones?
- Porque seguimos pistas, Putobocatson. ¿O es que no ha visto en el suelo aquella botella que acabamos de pasar?
- ¿Una botella en el suelo? ¿Y qué? Estas calles están llenas de basura.
- Esa botella es de güisqui de garrafa “Livercracker”. Sólo en un tascucio como el asaltado “Cogorhouse” sirven ese güisqui infecto. Estoy seguro que nuestro amigo afanó esa botella, se la bebió y luego la tiró. Así que pasó por aquí.
- ¡Vaya!

De repente, Jones se paró en seco. Dio un par de chupadas a la pipa, y se agachó.

- Fíjese, Putobocatson, mire esto.
- ¿Qué es? ¿Una huella?
- Nuestro monstruo debió de pisar ese charco, y ha ido dejando algunas huellas.
- ¿Qué clase de huella es esa?
- Elemental, Putobocatson. La de una garra.

Jones siguió caminando, hasta que la calle llegó a un punto en el que no había salida. Desembocaba directamente al borde del río.

- Parece que aquí acabó su viaje, Putobocatson. Ya no hay por donde seguir. A menos que...
- Jones, creo que deberíamos irnos ya. Está anocheciendo muy deprisa.
- Ya lo veo, Putobocatson. No se preocupe, sólo será un momento más. Dejeme ver...

Y entonces, ocurrió. A la vista de la luna, Troglo Jones empezó a temblar de pies a cabeza. Sus pies se transformaron en garras, su cara se estiró, convirtiéndose en un afilado pico, su cuerpo se cubrió de plumas y, con un esfuerzo supremo, sus brazos se transformaron en alas. La espeluznante transformación había terminado. La bestia estaba suelta de nuevo.

- ¡Putobocatson, me he convertido en un loro enorme!
- Elemental, Troglo. Te pasa todas las noches. ¡Eres un hombre-loro!
- ¿Qué me dices?
- La maldición del hombre loro empieza cuando un loro te arrea un picotazo en un martes y trece. A partir de entonces, cada noche te conviertes en loro y la armas, liándola pardísima en todos los garitos y atacando a prohombres y promujeres.
- ¿Y tú lo sabías?
- ¡Pues claro, si voy contigo cada noche, je, je!
- ¿Y la maldición incluye que cuando vuelvo a convertirme en humano por las mañanas pierda la memoria de mis andanzas?
- ¡Qué maldición ni niño muerto! Lo que pasa que te agarras unas tajás tan descomunales que luego no te acuerdas de nada.
- ¡Vaya! Sorprendente desarrollo de acontecimientos. Pero en fin, si estoy maldito y soy un hombre-loro habrá que tomárselo con flema británica y aprovecharlo, Putobocatson, así que vamos a liarla, je, je. Hoy me beberé hasta los floreros y luego pienso arrearle un picotazo de primera división a la presidenta Hope Aguirre.
- Je, je, me pido la coronilla.

domingo, 10 de julio de 2011

Facundo Cabral


Me entero de la extraña muerte de Facundo Cabral, o de su asesinato, debería decir, en Guatemala. He leído varias cosas contradictorias, aunque me inclino a pensar que, como ha dicho algún medio (de los que me fío, que son pocos) la víctima señalada no fuera él, sino quien le acompañaba. Bueno, imagino que las cosas se irán aclarando. O no.

Uf, a mí, Facundo Cabral me lleva a otro tiempo, a ese tiempo de cantautores sudamericanos, de un Zitarrosa, un Viglietti, Guarany, Yupanqui, Cortez a ratos. Qué tiempos aquellos, como diría aquel. Tiempos de cambio, de revoluciones. ¿Volverán? Quizá. Mientras esperamos, ahí va un recuerdo a Facundo. Supongo que su canción más conocida es aquella de “No soy de aquí, ni soy de allá”, pero creo que le define mejor este “Soy lo que soy”, con ese recitado al principio, antes de empezar a cantar, tan propio suyo. Pues así era Facundo, hombre de infancia durísima y que tuvo que vivir exiliado, como no. Que descanse.



Por cierto, el amigo Perrerac tiene más cosas sobre Facundo.

sábado, 2 de julio de 2011

Portadas que me gustan


Muy buenas. Ahora que no anda el loro cerca y Teddy Bautista está incapacitado para pedirme pasta, aprovecho para subir una portada de las mías. Esta es de “Cookin’”, del 56, el primero de aquellos cuatro albumes donde el quinteto de Miles de la época recogió todo su saber hacer. El diseño de portada es del amigo Reid Miles, veréis su firma, muy pequeñita, al lado de la del ilustrador Phil Hays, toda una leyenda a su vez.

Ese quinteto en plena forma ya sabemos de quién se componía: Miles a la trompeta, John Coltrane al saxo, Red Garland al piano, Paul Chambers al bajo y Philly Joe Jones a la batería. Dieron mucha guerra y de la buena. Aquí va “Tune-Up / When Lights Are Low”. A ver si nos refresca un poco. Y el enlace, que no se me olvide.

jueves, 23 de junio de 2011

Pestilencia

- ¡Troglo! – me dijo mi loro, el avieso Puto Bocazas - ¿A ti no te huele mal en esta casa?
- Sí que huele raro, sí. ¿Será el desagüe? A ver...¿Eh? ¡Con razón huele mal, Puto Bocazas! ¿No ves que te has dejado encendida la tele? ¡Y en el telenoticias, nada menos!
- ¡Yo no he sido!
- ¡Ya! ¿Y todos esos periódicos del revistero? Llevas semanas sin sacar la basura mediática, y así apesta. ¡Joder, si yo creo que se mueven!
- ¡Cuidado, que ahí va un editorial de Cesar Vidal, písalo, corre!
- ¿Eh? ¡Toma, bicho! ¡Uf, qué pestazo!
- ¡Ven, Troglo, que en la tele te están llamando perroflauta!
- ¿Ah, sí? Pues este perroflauta también financia esa mierda de cadena. Me temo que hay que llamar al exterminador, Puto Bocazas. Al Ángel Extermnador. Así que traeme las gafas de sol, el chaleco del coronel tapioca, el armamento pesado y 10 cubatas, y pon algo de música relajante.
- A mí me inspira mucho aquella de “Kalashnikov”, je, je.
- Je, je, es que hay música que te emociona.


P:D: El tema es del gran Goran Bregovic, y lo interpretan Antonio Serrano a las armónicas y Federico Lechner al piano. Y sí, se titula “Kalashnikov”. Por si acaso, el enlace.