domingo, 9 de octubre de 2011

Portadas que me gustan


¡Cómo me gusta esta portada! ¿Por qué seré tan politicón? Aquí tenéis un disco mitológico en la historia del jazz, y un disco muy de su época. Cuando mezclas la música con la política te puede salir un truño o te puede salir una joya. En 1960, con el tema de los derechos civiles y demás en plena efervescencia, Max Roach se lanzó a hacer un disco políticamente comprometido. Lo cierto es que Sonny Rollins ya lo había intentado un poco antes, pero su discográfica no le había dejado. Roach se salió con la suya y, en colaboración con Oscar Brown, sacó adelante esta suite de la libertad. Los que le acompañaron en aquel viaje fueron el trompetista Booker Little, prematuramente fallecido, el trombón Julian Priester (de quien creo recordar que colgué una portada), los saxofonistas Walter Benton (que fue saxofonista de Pérez Prado) y el gran Coleman Hawkins (ex-jefe de Max, y que a su edad y con su carrera ya podía hacer lo que le diera la gana sin temar consecuencias), el poco habitual bajista James Schenk y los percusionistas Michael Olatunji, Ray Mantilla y Tomás DuVall. Y, por supuesto, la cantante Abbey Lincoln, mega-activista que sacrificó parte de su carrera musical por dedicarse a aquello en lo que creía.

Y ahí tenéis la portada. Tres negros, desafiantes, sentados en un bar, mientras un camarero blanco les mira suspicazmente. Puede parecer una chorrada, pero la foto era un puñetazo para la época, por el hecho de que hubiera un blanco sirviendo a negros, y porque se habían producido hacía poco conflictos cuyo desencadenante fue que unas personas negras se habían negado a abandonar un bar para blancos. La protesta y el desafio hechos portada. Lo malo es que no sé nada de ella. Ni de quién es la foto, ni el diseño, ni nada.

En cuanto a la música es, en muchos momentos, una oleada de rabia y mala leche. Y a veces no sé si es jazz, pero me da lo mismo. El tema central del disco es el famoso “Tríptico”, con sólo la batería de Roach y la voz de Abbey. Tiene tres partes, “Prayer”, “Protest”, “Peace”, que distinguiréis fácilmente, y que me siguen poniendo los pelos de punta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El cuento de las elecciones (y va con segundas)


Érase una vez que se celebraron elecciones a la presidencia de Chorrivía. La gente estaba muy ilusionada, porque era la primera vez, y ya se sabe. Así que se preparó una gran campaña electoral, los partidos salieron a la calle a dar cientos de mítines, se tiró confeti, y el presidente en funciones dio un emotivo discurso:

- ¡Chorrivianos! ¡Este es un momento histórico en la historia de nuestra patria! ¡Por primera vez tenemos el derecho y el privilegio de elegir a nuestros representantes! ¡Somos totalmente libres para decidir quién guiará los destinos de nuestro país! ¡Os pido que ejerzamos este derecho con responsabilidad!

Y llegó el día de las elecciones, y los chorrivianos fueron en masa a votar. Cuando se cerraron las votaciones, y como era un momento histórico, el presidente en funciones hizo acto de presencia en un céntrico colegio electoral.

- ¡Chorrivianos! ¡En este momento histórico y solemne, vamos a proceder a la apertura de la primera urna y al recuento de los primeros votos de la historia de nuestra joven democracia!

La sala estaba abarrotada. Prensa, televisión, ciudadanía, de todo. El presidente en funciones dijo:

- ¡Procédase a la apertura de la urna!

Así se hizo, y el presidente en funciones introdujo su mano en la misma, y dijo:

- ¡Aquí extraigo el primer voto! ¡Quede para la posteridad este momento! Veamos, el voto es para…¿eh? ¿qué pone aquí?, “mi hermano Paquito, que hizo Ciencias Econoflaúticas y es buena persona”. ¿Pero qué es esto? Bueno, señores, no pasa nada, sacaré otro y esto será mera anécdota, je, je. A ver, éste…¡será posible! “A doña Conchádula, la del estanco, que es muy responsable”. ¿Qué está pasando aquí?

Presa de los nervios, el presidente en funciones empezó a sacar votos a toda velocidad.

- “A Serafín Cascarilla, que le conozco hace muchos años y es de fiar” ¡Grrr! “A Centrudis Tabernas, que tiene mucha paciencia” ¡GRRR! “A mi perro, que ese siempre te será fiel”. ¡Pero qué burrada de elecciones son estas! ¡Esto es un sabotaje democrático!
- Pero, señor presidente en funciones, - dijo un ciudadano presente en la sala - ¿Qué le pasa? ¿No teníamos libertad para votar a quién quisiéramos?
- ¡A los que quisieran entre los candidatos que presentan los partidos, ceporro, no al vecino del quinto!
- Pero es que los candidatos de los partidos no nos gustan – dijo otro ciudadano.
- Son muy feos – añadió una señora.
- ¿Es que no entienden que son libres de elegir, pero entre los candidatos de los partidos, merluzos? ¡Esto es una democracia representativa!
- Pero, señor presidente en funciones, entonces no seríamos libres de elegir, como usted nos prometió – dijeron los ciudadanos - ¿Elegir a un candidato que otros eligieron antes por mí, por una razón u otra, es ser libre para decidir quién quiero que me gobierne? ¿Por qué tengo que votar a un candidato que fue elegido por otra persona? ¿Cómo sé quién es ese señor o por qué razón está ahí? Nos dijo que podríamos votar a quien nos diera la gana, y es lo que hemos hecho.
- ¡Será posible! – dijo el presidente en funciones - ¡Ustedes han estado leyendo! ¡Ya sabía yo que ese vicio traería malas consecuencias! Venga, hombre, no sean así, que los partidos han elegido sus candidatos con mucho cariño, no les den este disgusto.
- De eso, nada – dijeron los ciudadanos – Nos dijo que votáramos con responsabilidad, y es lo que hemos hecho. Así que, hale, a contar.

Y es por esto que Chorrivía no sale en los mapas.

sábado, 1 de octubre de 2011

Portadas que me gustan


Hemos vuelto, amiguetes, y volvemos en tranvía. Tras mis movidas con los ordenadores, empezamos octubre con una portadita. Nada menos que cosecha del 59, buen año de jazz. Gran disco (como casi todos) de Monk, y portada firmada por el dúo William Claxton – Paul Bacon (podéis ver la firma en el lateral). Como en este disco todas son buenas, he cogido la primera, “Blue Monk”. A disfrutar, y que no se os escape el tranvia jazzero.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Escritos blasfemos y más

Mi loro, llamado Puto Bocazas, lleva un rato escribiendo furiosamente. Como no me fío de él, voy a cotillear un poco:

- ¿Qué corchos estás escribiendo, Puto Bocazas?
- Troglo, acabo de demostrar de forma inequívoca la no existencia de Dios.
- ¿Y eso? ¿Has hablado con el Papa cuando estuvo por aquí?
- Yo no hablo con teloneros, Troglo, yo me ocupo directamente del pez gordo.
- Menos loros, digo lobos, y a ver esas pruebas irrefutables.
- Verás, se supone que Dios creó al hombre. Bueno, antes creó al loro, por supuesto. Pero, a lo que iba, Dios creó al hombre...
- Tengo mis dudas de que a los loros los creara Dios, Puto Bocazas. Pero sé políticamente correcto: Dios creo al hombre y a la mujer.
- Troglo, no te documentas. La Biblia dice claramente que Dios creó al hombre. A la mujer la hizo después, de una costilla, como si estuviera en una barbacoa cualquiera.
- Anda, sigue, que nos van a cerrar el blog.
- A ver, se supone entonces que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, ¿no?
- Eso se dice.
- Por tanto, tú, que eres un hombre, estás hecho a imagen y semejanza de Dios, ¿no?
- Modestia aparte.
- Sin embargo, no hace falta un análisis psicológico muy profundo para darse cuenta de que eres un peligroso chiflado, ¿correcto?
- ¡Grrrr!
- Así que, si estás hecho a imagen y semejanza de Dios, ¿significa esto que Dios es un peligroso chiflado, además a nivel cósmico?
- Tal como andan las cosas, no lo descarto.
- Pero eso choca con nuestras informaciones sobre la pluscuamperfección de Dios, Troglo. Dios es perfecto, así que no puede ser un peligroso chiflado, pero los hombres, que están hechos a su imagen y semejanza, lo son. Esta contradicción no se la salta un gitano, Troglo. A ver que dice ahora Benedicto.
- Dirá que es cuestión de fe, y a otra cosa.
- Así cualquiera. Si es por fe, puedo creer en el Gazpacho Celestial. Me olvidaba de que siempre salen con eso.
- Sí, Puto Bocazas, es como cuando vas perdiendo y te llevas el balón porque es tuyo. Irrefutable.
- Más bien es como cuando jugabas a pillar y decías “¡casa!”, je, je. No hay quien te pille.
- En fin, yo no sé si estaré hecho a imagen y semejanza de Dios, pero voy a convertir esta combinación de líquidos en un cubata monstruoso.
- ¡Oh, milagro! El mío, que sea cuadruple.

Y es que ya lo decía Violeta Parra.

lunes, 29 de agosto de 2011

Poema horrible de Don Meopongo


Caminando por el puente
un vejete me decía:
esta juventud de hoy día
ni es juventud ni es valiente.
Les gobiernan los ladrones
y en vez de la rebelión,
organizan botellones
de Dyc y fanta limón.
En mis tiempos, muchachote,
peleamos como leones,
corriendo ante los garrotes
de grises y de marrones.

Pero entonces, cierta vez,
la juventud se movió.
Y el viejo, cachis en diez,
he aquí lo que me soltó:
¡Juventud de analfabetos!
En lugar de trabajar,
no muestran ningún respeto
y salen a berrear.
¿Perroflautas y anarquía?
¡Qué vengan los militares!

Por eso fue, señoría,
que lo tire al Manzanares.

martes, 23 de agosto de 2011

Músicas del mundo


- Puto Bocazas – le dije a mi loro, el deslenguado Puto Bocazas - ¿qué es ese aparatejo que tienes ahí?
- Troglo, como tenía 10 minutos antes de la siesta de las 12 de la mañana, he inventado una burrada de las mías: el DMM.
- ¿Ein?
- Son las siglas de Digeridor de Mierdas Musicales, pero DMM queda como más comercial. En esencia lo que hace el cacharro es que cuando le metes cualquier disco, por mierdoso que sea, le hace automáticamente un arreglo que lo hace agradable al oído humano y loruno.
- ¿Podría uno escuchar a Julio Iglesias, entonces?
- Hasta a Enrique Iglesias, Troglo, je, je. ¿Te das cuenta? Ya no tendrás que ser un marginado social, un raro que sólo tiene discos de jazz o de clásica. Podrás tener discos de Bisbal, que sonará como latin jazz, o de Shakira, que sonará como Shakira Vaughan, je, je.
- Eso es demasiado bueno para ser verdad, Puto Bocazas. Con Shakira no puede ni Duke Ellington. Vamos a probarlo, que lo creeré cuando lo oiga.
- Vamos con la prueba de fuego, Troglo. Voy a ponerle este disco de Paulina Rubio. Pásame las pinzas, que no lo quiero tocar, a ver si va a ser contagioso. Bueno, ya está. Vamos a darle a ver que sale.
- ¡Puto Bocazas, si suena como el Fary cantando una jota!
- ¡Grrr! ¿Qué le pasa a este cacharro? ¡Le ha metido un arreglo de flamenco-fusión! Lo controlaré manualmente. A ver, voy a meterle violines a punta pala...
- ¡Para ya, parece la abeja Maya cantando con una orquesta zingara! A eso le falta barroco, Puto Bocazas, métele barroco.
- ¡Y dale con el barroco! ¡Para ti a todo le falta barroco, Troglo, venga a echarle barroco a todo! ¡Si te parece le pongo un clavicordio! Voy a meterle un arreglo jevimetalero, a ver si así....
- ¡Virgen Santa, Puto Bocazas!
- ¡Joder, si suena como si Ozzy Osbourne se hubiera puesto de parto! ¡Pásame el Arreglador Supremo, corre!
- ¿Te refieres a este mazo enorme?
- ¡Trae acá! ¡Muere, monstruo!

¡CATACROOC!

- ¡Uf, qué descanso!
- En fin, Troglo, el fracaso es la madre de la ciencia. La moraleja es que hemos aprendido que hay cosas que no tienen arreglo posible. Así que tendremos que seguir siendo unos marginales, je, je. Y, por cierto, en este post todavía no nos hemos tomado ningún cubata, así que dale al invento.
- Amén, Puto Bocazas.


domingo, 14 de agosto de 2011

Cuentos de los mandarines: los taimados rumores

En cierta ocasión en que el insigne mandarín Ku-Ñao se rascaba el interior de las orejas con sus largas uñas, le visitó en su despacho su inefable discípulo, Par Di Yo:

- Maestro – dijo Par Di Yo – disculpad mi osadía al interrumpir vuestras vitales actividades, pero os traigo las noticias mercantiles que me pedisteis.
- Trae acá, Par Di Yo, mosca aletargada, date prisa. ¿No ves cómo está de volátil la Bol-sa, merluzo oriental? Se ganan y se pierden mandarinatos en cuestión de horas, así que necesito información al segundo. ¡Um, ya veo! Ching más Xuan son cuatro, y me llevo Chou. Me cuadra, me cuadra. Veamos ahora las Bu-Rra-Das que dicen los informes de las agencias de calificación. ¡Je, je, perfecto, me veo comprándome otro yate!
- Maestro, me pregunto cuan sabias deben ser las agencias de calificación al ser capaces de separar el ying y el yang de los negocios.
- ¿Sabias dices, Par Di Yo? Así es, siempre que entendamos por sabiduría la capacidad de engañar a gorilas incautos como tú.
- ¿Cómo decís, Maestro? ¿No se basan los informes de esas agencias en millones de datos escrutados y analizados por algunos de los mejores cerebros de la tierra?
- Par Di Yo, eres más ingenuo que la abeja Ma-Ya. ¿Datos, bestezuela de río? El producto de las agencias de calificación no es otro que el rumor.
- ¿El rumor, Maestro?
- Exacto, ciervo con tres patas. Realmente, las agencias de calificación son una especie de reunión de Ma-Ru-Jas locas con nombres pomposos. Lo que hacen es propalar rumores que tienen el efecto de producir efectos beneficiosos para algunos avispados, como yo.
- ¡Vaya, Maestro! Pero aquellos contra los que va dirigido el rumor se defenderán.
- Par Di Yo, contra un rumor no hay defensa. Si no te defiendes, malo, y si te defiendes, peor. En ambos casos la gente asumirá que el rumor es cierto, por activa o por pasiva.
- ¡Cierto, Maestro, gran astucia! Pero, ¿cuál es el interés de las agencias en soltar esos rumores?
- ¡Jo, jo, jo! El interés es obvio, Par Di Yo, gamba obtusa: la Pas-Tá.
- No lo Pi-Yo, Maestro.
- Escucha bien, cenutrio con coleta. ¿Quién gana dinero especulando con bonos de compañías o con la deuda de países?
- Los mandarines financieros, Maestro.
- Exacto. Ahora dime el nombre de un mandarín financiero de los gordos.
- El Gu-Rú de O-Ma-Ha.
- ¡Bravo, Par Di Yo! El ejemplo viene al pelo de mis bigotes. Porque el Gu-Rú, que es uno de los grandes mandarines especuladores es, a su vez, accionista mayoritario de una de las más gordas de esas agencias. ¿Lo vas pillando, Par Di Yo? Y es sólo un ejemplo.
- ¡Glubs! Ya lo creo, Maestro. Huele a Cha-Mus-Qui-Na de la buena. Eso puede significar que gente como el Gu-Rú pueden influir en lo que la agencia va a decir. O que conoce por anticipado qué dirá, con lo cuál puede forrarse aún más.
- Así es, Par Di Yo. Eso sí, interesa que se crea que estas decisiones se basan en su gran sabiduría, en lugar de ser rumores intencionados.
- Pero, Maestro, algo me intriga con respecto a esa sabiduría. Si esas agencias ya metieron la Pa- Ta, o algo peor, cuando calificaron como Incienso Celestial lo que era Mierda De Dragón, ¿por qué no asumen ninguna responsabilidad ni pierden su crédito?
- ¿Asume responsabilidades la portera de tu casa cuando uno de sus rumores es falso, Par Di Yo, tarugo de bambú? Cuando esto ocurrió, se limitaron a decir que sus sesudos análisis eran tan sólo opiniones, por lo cual no se les podía pedir responsabilidad. Y aquí Zen, y después, gloria.
- ¿Opiniones, Maestro? ¿Cómo podría ser la opinión de cualquiera? ¿Daba lo mismo que lo hubiera dicho el loro? Entonces, ¿por qué les pagan si su opinión no es más fiable que la de nadie?
- De hecho, Par Di Yo, la opinión de un loro suele ser más fiable. Y no seas Ko-Ña-Zo, que ya te he dicho por qué les pagan: son un instrumento de rumorología al servicio de unos pocos listos, como yo, je, je. Ahora, desfila y traeme unos litros de licor de arroz fresquito, que el calor derrite mis mandarínicas meninges.
- Oigo y obedezco, Maestro.

Y así fue como Par Di Yo aprendió la realidad de la cosa. Y los escribas lo recogieron en los versos de rigor, ya se sabe:

Un rumor bien colocado
puede hacer un país crujir
y un pastizal conducir
a manos de espabilados.
Pues como dijo el anciano
y gran sabio Fu- Manchú:
si sale cara, yo gano,
si sale cruz, pierdes tú.