Comenzaba el año de la cabra montesa, y el esclarecido mandarín Ku-Ñao, honra de su estirpe, meditaba sabiamente con la ayuda de una botella de O-Ru-Jo. Pero sus meditaciones quedaron interrumpidas cuando hizo acto de presencia en su soberbio despacho su discípulo, el poco sagaz Par-Di-Yo.- Saludos, Maestro. Os deseo las mejores albricias para este nuevo año. Y, si se lo permitís a este ignorante patán, quería someter a vuestra consideración un hecho que me tiene sorprendido.
- Par-Di-Yo, choto de la estepa, ya te he dicho que cavilas demasiado. Pensar no es bueno para tu calenturienta cabeza. Un día se te puede ocurrir alguna idea. ¿Qué hecho es ese?
- Maestro, en estos tiempos de maligna crisis, resulta que hay algunos ricos que han asegurado que desean pagar más impuestos, para contribuir a la recuperación de todos. Confieso que esto me deja confuso.
- ¡Je, je, je! No es extraña tu confusión, Par-Di-Yo, grulla anestesiada. Desconfía siempre de la solidaridad de un rico. Porque, si fuera solidario, no sería rico, ¿no crees?
- Maestro, veo que el O-Ru-Jo presta una mayor agilidad a vuestra de por sí elocuente lengua. Ardo en deseos de saber.
- Escucha pues, lechuga de las cumbres, que como estoy algo Trom-Pa te contaré el secreto de la solidaridad de los ricos. Verás, el asunto tiene varias explicaciones. La primera es que en todas partes hay personas bienintencionadas, incluso entre los ricos y los obispos. Son los que no se merecen ser ricos. Pero son pocos, un porcentaje no significativo.
- ¿Cuál es la segunda explicación, Maestro?
- La segunda explicación, averroncho oriental, y la buena, es el Mar-Ke-Ting. Como la cosa está cruda y la gente lo pasa muy mal, los que somos ricos tenemos que hacernos un lavado de nuestra amarillenta Je-Ta. Así que lanzamos esa propuesta de pagar más para quedar bien.
- Pero tendrán que pagar más, Maestro, y los ricos como vuestra mandarinez son tremendamente taca…estooo, prudentes en sus inversiones.
- ¡Cuidado, Par-Di-Yo, víbora de las nieves! ¡Grrr! Atiende, caracol del opio. Que nos suban los impuestos a los ricos no significa que vayamos a pagar más.
- ¡Gran paradoja, Maestro!
- Nada de paradoja, hongo con patas. No vamos a pagar más porque conocemos mil formas de evadirlos. Si ya no los pagamos ahora, ¿por qué los vamos a pagar cuando los suban?
- ¡Ka-Ram-Ba, Maestro!
- Además, Par-Di-Yo, esto tiene un toque maquiavélico francamente oriental. Si suben los impuestos a los ricos y la subida tiene en la realidad un bajo efecto recaudatorio, ya que pasaremos de pagarlos, eso justificará la teoría de que, en realidad, subir los impuestos a los ricos es el chocolate del loro, que no soluciona nada y que retrae la inversión, y que a los que hay que meter mano es a los Prin-Ga-Os de siempre. ¿Pi-Yas, Par-Di-Yo?
- ¡Pi-Yo, Maestro, Pi-Yo! Sublime estratagema.
- Y además, flor del bambú, esto serviría para tener controladas a las masas plebeyas, que últimamente están demasiado soliviantadas, ¡Di-Ta sea su chinesca estampa! Aunque tuviéramos que pagar un poquillo más, puede ser necesario abrir la espita para que la O-Lla suelte presión. Al fin y al cabo, Par-Di-Yo, mejor es pagar más sobre unos beneficios bestiales que dejar de tener beneficios porque la Pe-Ña se harte de verdad. Si, total, ya lo recuperaremos más adelante. ¿Te ha quedado claro, molusco de río?
- Cristalino, Maestro, habéis iluminado mi tenebrosa mente con vuestra sabiduría.
- Puedes retirarte entonces, Par-Di-Yo, mendrugo asiático. Y, por cierto, ¿qué les vas a pedir a los Re-Yes?
- ¿Yo? Que abdiquen, Maestro.
- ¡Grrr! ¡Simio irreverente! ¡Desaparece de mi imperial visión, que voy a hacer rollitos de primavera contigo!
Y Par-Di-Yo salió velozmente, esquivando los jarrones Ming que le arrojaba con violencia el ínclito y sabio mandarín. Y así aprendió una nueva maldad, que fue recogida cabalmente en los libros de los escribas de esta guisa:
No te fíes del solidario
que tiene lleno el armario
y repleto el calcetín,
que es seguro, dromedario,
que estás ante un mandarín
o estás ante Urdangarín.







