sábado, 6 de diciembre de 2008

Buddy Childers

De vez en cuando, además de grandes monstruos, me gusta hacer entradas con los “pequeños” del jazz, con esa mayoría de semidesconocidos pero extraordinarios profesionales, que también han contribuido, y mucho, a crear esta música y a darle forma a lo largo del tiempo. Para mí, y para muchos aficionados, no hay mayor felicidad que encontrar un disco oscuro, desconocido, de gente que pensabas que nunca había grabado como líder.


No es tanto el caso de mi invitado de hoy, el trompetista Buddy Childers, que a la mayoría sonará poco o nada. Buddy, que murió el año pasado, no era un desconocido. Tocó en la banda de Stan Kenton (¡11 años!), donde llegó a los 16, niño prodigio autodidacta. Por cierto, qué trompetas tenía Kenton, además de Buddy estaban el fenomenal Ernie Royal, o Conte Candoli...pero esta es otra historia. Buddy también tocó con las bandas de Woody Hermann, Benny Carter, Tommy Dorsey o Charlie Barnett. Y también grabó algunos discos como líder, aunque pocos. No está mal el curriculum. Pero era polifacético, así que fue también piloto de avión, y un fotógrafo bastante competente.


Veréis que Buddy tiene un toquecillo west coast (vivió muchos años en L.A.), un tono muy bonito, muy calido, delicado pero con swing, con mucho sentimiento. Y es que las Big Bands eran una gran escuela. Aquí oímos a Buddy con su cuarteto, consistente en Arnold Ross (sofisticado pianista que también tocaba la trompeta, el clarinete y el violín), Harry “Oso” Babasin (gran bajista y cellista, decía que había participado en más de 1.500 grabaciones) y Boone Stines (batería en la línea Shelly Manne). Este arreglo de “Bernie’s tune” lo hicieron durante una gira con Charlie Barnett en la que tocaron en el hotel Holiday House, de Nassau, Bahamas (¡qué mamones!). Así que podéis cerrar los ojitos, olvidar el frío, y pensar que estáis en un hotel de y pico de estrellas de las Bahamas, con un colocotroco de piña colada, y escuchando a Buddy y sus colegas.


¿No es esto felicidad?



viernes, 5 de diciembre de 2008

De cómo Kinkón, el gorila llorón, inventó el Renól Cinco

Vale, el título me ha quedado bien. Eso sí, no tengo la más remota idea de qué escribir para rellenarlo.


Y es que, realmente, el mundo del marketing es así. Primero, se te ocurre un título o un nombre muy bueno como, yo qué sé, Renól Cinco, y luego te inventas el producto. Por ejemplo, para el nombre de Renól Cinco, Kinkón, el gorila llorón, pensó en una colonia, una cuchilla de afeitar, y también le gustó mucho para un grupo pop, aunque al final dijo, pues venga, un coche.


Y así fue como Kinkón, el gorila llorón, inventó el famoso Renól Cinco. Y me quedo tan ancho.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El fugitivo

¡Tap! ¡Tap! ¡Tap! Mis pasos resonaban en la calle, desierta aquella noche. El frío era helador, y tenía unas ganas enormes de llegar a casa y meterme en la piltra. Llegaba a mi portal, cuando mis ágiles ojillos detectaron un bulto sospechoso. Alguien se ocultaba en el hueco del portal. ¿Sería un mangante?


Cuando uno ha sido director de operaciones y socio de compañía, se está acostumbrado a tratar con delincuentes variados. Así que, silbando una cancioncilla, me acerqué disimuladamente y, cuando estaba al lado del bulto, me abalancé y agarré por el cuello al tipo, porque era un tipo, que se escondía.


- ¿Qué hace ahí acechando, qué quiere? – le dije.

- ¡Por favor, señor, no me pegue! ¡Estoy asustado, por eso me escondo!


Me fije mejor en él, y encontré que era un hombre elegantemente vestido, aunque sin ostentación. Hablaba con educación, aunque se le notaba muy asustado.


- ¿Qué le pasa, hombre? ¿De qué tiene miedo? – le pregunté mientras le soltaba.

- De...de ellos, señor. Me persiguen, intentan acabar conmigo. ¡Todos ellos!

- ¿Quiénes son “todos ellos”? – aquello me sonaba un poco paranoide – Y, ¿quién es usted, a todo esto?

- Discúlpeme, caballero, me llamo Gusto. Buen Gusto.

- ¿Buen Gusto? ¿El famoso Buen Gusto?

- Sí, señor.

- Pero, ¿usted no había muerto?

- No, no, señor, sigo vivo, aunque por los pelos. Como le decía, me persiguen, ¡quieren eliminarme! Cada vez me quedan menos sitios en los que ocultarme.

- Cálmese, hombre. ¿Quién quiere eliminarle?

- ¡Oh, señor, tengo tantos enemigos! ¿Ha puesto usted la tele últimamente? ¿Oye la radio? ¿Ha oído los temas del top 40? ¿Lee los periódicos? ¿Ha visto los libros más vendidos? ¿Los tonos que se ponen en los móviles? ¿Las...?

- ¡Calle, calle, que me están dando escalofríos!

- ¿Lo ve, señor? Estoy sentenciado, vienen a por mí. Creo...¡creo que se acercan! ¡Tengo que irme!

- ¡Espere! ¿No quiere ocultarse en casa unos días?

- Disculpe, señor, pero sé que tiene usted de adorno una figurita de esas de una sevillana que en realidad es una botella, y no creo que pudiera resistir su visión.

- ¡Eh, que eso ya estaba ahí cuando compré la casa!

- No se enfade, caballero. ¡Tengo que irme, se acercan! ¡Adiós, señor! ¡Gracias por todo!

- ¡Adiós!


Y se fue, con un correr elástico y elegante. Apenas le había perdido de vista cuando un coche giró en la esquina y entró en la calle. Pese a las ventanillas subidas, el “chunda, chunda, chunda” atronaba la noche. Sí, le perseguían.


“Pobre hombre” pensé. Debe ser horrible ser un fugitivo. Así que subí a casa y tiré la figurita por la ventana.

martes, 2 de diciembre de 2008

No le ocurre nada a su ordenador

No intente cambiar de blog. Ahora somos nosotros quienes controlamos la transmisión. Controlamos lo horizontal y lo vertical. Podemos abrumarle con miles de chorradas o hacer que una simple sandez alcance una claridad cristalina, y aún más. Podemos hacer que vea cualquier cosa que conciba nuestra imaginación. Durante los próximos momentos controlaremos todo lo que vea y oiga. Está usted a punto de experimentar el asombro y el misterio que se extiende desde lo más profundo de la mente, hasta más allá del límite...


- ¡Troglooooo! ¡A cenaaar, que se enfría, coño!


¡Vaya, hombre! Ahora que habíamos conseguido crear clima. Perdonar, pero es que mi loro ha hecho tortilla de whisky, y eso sí que es canela fina de más allá del límite. No os vayáis, que enseguida vuelvo.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Bix

Bix. Palabra corta, contundente, que suena a jazz. Como Monk. Como Bud. Como Bird. No hace falta añadir más.


Una palabra que llega desde la noche de los tiempos. Bix. El fantasma de un cornetista muerto hace más de tres cuartos de siglo. Recuerdo algunas entrevistas, conversaciones con músicos de jazz en las que, de repente, alguno, muy mayor ya, decía:


- Yo llegué a tocar una vez con Bix Beiderbecke.


Y lo decían con un tono como de estar en misa, casi de susto, como si dijeran:


- Un respeto, que yo he comido con la reina de Inglaterra.


¿Qué tenía este hombre, que pasó como un meteoro por el mundo del jazz, para que se le siga recordando con ese respeto? Bix, la gran esperanza blanca. Como tantos otros, una personalidad compleja con una amiga peligrosa: la botella. Los locos años veinte. La Ley Seca. Y Bix bebía, bebía y bebía. No sólo fue un músico legendario. Fue un bebedor legendario.


Bix. Siempre me gusta recordar esta anécdota. Cuentan que, en una de sus “malas rachas”, sin un duro, acosado por la depresión, se refugió en casa de un amigo. Cuando este amigo regresó a su casa después de un corto viaje, se encontró a un vecino en el portal. Éste le dijo: “Su amigo lleva varios días tocando hasta las cinco de la mañana”. El amigo de Bix, horrorizado, contestó: “¡No sabe cuánto lo siento! Está pasando un momento difícil, pero ahora mismo voy a hablar con él seriamente, no volverá a ocurrir, se lo aseguro”. El vecino, sorprendido, exclamó: “¡No, no, no me ha entendido! Por favor, no le diga nada. Deje que siga tocando”.


Y es que, fijaros, Bix era tan bueno que los vecinos preferían oirle tocar en vez de dormir. El flautista de Hamelin del Chicago, años 20. ¿Será verdad esta hermosísima leyenda urbana? Ojalá. Ojalá lo sea.


1927 fue el gran año de Bix. Aquí os lo dejamos, con el grupo de su amigo Frankie Trumbauer. La banda es buena, aunque me parece que Bix, aún contenido, va por delante años. Decadas. Siglos. O así me lo parece a mí. Esto es “I’m coming Virginia”, y el breve toque mágico de Bix comienza en 1:28, más o menos.


Leon Bismarck “Bix” Beiderbecke murió en agosto de 1931. La causa oficial de la muerte fue neumonía y edema cerebral. Lo que le mató fue la bebida, especialmente el alcohol ilegal trasegado durante la Prohibición. Tenía 28 años.



domingo, 30 de noviembre de 2008

El conde Lucasnorr y Patronio


Acaeció una vez que estando el conde Lucasnorr tomando el su cubata, fabló a Patronio, su consejero, en esta guisa:


- Patronio, acércate, ome, que hemos de fablar.

- Senior conde, que me place, pues e quería io, en aqueste momento, servir a los vuestros entendimientos con un enxiemplo que...

- Patronio, a aquesto iba. Eres asaz coñazo, Patronio. Hasta el mi culo estoy de que desme la brasa con tus enxiemplos. Asín que despídote. ¡Hala, hállale moraleja a aqueste asunto!

- Cagüen las mis muelas.


P.D.: Es que le cogí manía cuando lo tuve que leer en el cole.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Qué cosa es la vida

Estaba yo el otro día tomando un café (irlandés, claro) con mi amigo Mario Benedetti, cuando me dijo:


- ¡Qué cosa es la vida, Troglo!


Fijaros qué frase. Y yo me dije, si esta frase la dice Belén Esteban, todo el mundo llegará a la conclusión de que es una simple y una idiota. Pero si la dice Mario Benedetti, todo el mundo se pone a pensar en los misterios que esconde esa frase, y en todo lo que implica, y en lo profundo que es Mario Benedetti.


Así que, cuando Mario Benedetti fue un momento al servicio, aproveché para irme sin pagar y dejarle el marrón. Creo que era lo justo. Por listo.