sábado, 14 de marzo de 2009

Portadas que me gustan


Una de las portadas más delirantemente alucinantes de la historia del jazz. Y yo creo que la foto es de verdad de la casa de Thelonius Monk o, al menos, así me la imagino yo, je, je.


Si ampliáis la foto y buscáis bien, veréis que hay un loro escondido en algún sitio. Es normal en los ecosistemas en los que hay abundancia de güisqui de garrafa, como aquí.

jueves, 12 de marzo de 2009

Puerto Rico

“Puertoo Ricoo, my heart’s devotion...”


¿Cómo? ¿Nunca habéis estado en Puerto Rico? Pues no sé a qué esperáis, la verdad. Sois una panda de baldaos, coño, sólo vais al Carrefur. Mi loro Puto Bocazas y yo, tras una más que generosa ración de whisky de garrafa nos hemos trasladado mágicamente allí. Y aquí estamos, sorbiendo unos cubatitas para que nos quite el efecto del whisky, je, je.


Calorcito casi de noche tropical en los madriles (ya sé que exagero, pero estoy trompa, ¿qué pasa?). Para ambientar, vamos con el saxofonista boricua David Sánchez, que tocó en su día con la United Nations Orchestra de Dizzy Gillespie, y luego ha grabado bastante. Así como hay latin jazz con más latin que jazz, la mezcla del tío Sánchez es bastante equilibrada, con una tendencia muy jazzy. A mí me mola.


Y el tema, nada menos que el “Lamento borincano”, superclásico de la tierra. Como no váis a Puerto Rico ni nada, pues no sabéis que los ritmos típicos son la “bomba” y la “plena”, y este “Lamento” es una plena, canción del pueblo y sus desdichas. Pero no suena como cuando la canta Caetano Veloso, no.


Acompañan a David su pianista de cabecera, Edsel Gómez, John Benitez al bajo, Adam Cruz a la batería, y los percusionistas Pernell Saturnino, Richie Flores, Juan Gutiérrez y Tito Matos.


Por cierto, ¿a qué no sabéis dónde me compré yo este disco? Pues sí, en San Juan de Puerto Rico. Porque yo lo valgo, ja, ja. "Boorinquéen, la tierra del edén,..."





miércoles, 11 de marzo de 2009

Portadas que me gustan


¡Aarghff! ¡Vaya semana de tanto currar! No puedo ni vigilar al loro, y se ha hecho ministro. Ya sabía yo que acabaría mal.


Hablando de otra cosa, me gusta esta portada de la odisea jazzistica del señor James Rushing, visitando sitios tan emblemáticos para el jazz como Nueva Orleans, Chicago, New York o Kansas City.


¡Corre, Jimmy, que pierdes el tren, je, je!

martes, 10 de marzo de 2009

Delirio laboral esperanzador

- ¡Prrttt! ¡ZZzmm! ¡Señor Escafoides Pandehigo, por favor, acuda al despacho del director! ¡Señor Escafoides Pandehigo, al despacho del director!


El siniestro aviso de los altavoces hizo que todos los trabajadores de la planta giraran acongojados la cabeza hacia el cubículo donde transcurría la absurda vida laboral del chupatintas de tercera Escafoides Pandehigo. En los tiempos que corrían, esa llamada no podía significar nada bueno. Sin embargo, Escafoides se levantó muy tranquilo, se ajustó la corbata, y se dirigió al despacho del director.


- ¿Da su permiso?

- ¿Eh? ¡Hombre, adelante, Escafoides, pase, pase! ¿Qué tal está?

- Bien, señor Flatulencias. ¿Y usted?

- Bien, bien, pero siéntese, je, je. ¿Qué tal su señora?

- Soy soltero, señor Flatulencias.

- ¿Ah, sí? Je, je, claro, claro. Usted era aficionado al fútbol, ¿verdad?

- No, señor Flatulencias.

- ¿No? ¡Qué raro! Ejem, ¡je, je! Bueno, bueno. Pues verá, amigo Escafoides. Quería hablar con usted porque ya sabe cuanto le apreciamos y valoramos su trabajo en esta compañía. Así que le voy a echar a la puta calle.

- ¿Cómo dice?

- Ya sabe, Escafoides, je, je, la crisis...La empresa no va bien. Este año incluso he tenido que dejar de hacerme los calzoncillos de oro. No sabe cuanto le agradecemos, y bla, bla, ya sabe, hala, adiós.

- Yo paso.

- ¿Qué dice?

- Que no me piro.


El director miró perplejo a Escafoides.


- Escafoides, si yo le digo que se vaya, se tiene que ir.

- De eso, nada. ¿Dónde lo pone?

- ¡Grrr! ¡Pues no sé dónde, pero así es!

- Pues yo paso de irme.


El director estaba alucinado. Nunca había visto una cosa parecida, así que llamó al abogado de la empresa:


- ¡Oiga, Picapleitos, escuche, aquí tengo un tío que no se quiere pirar! Sí, que le he dicho que a la puta calle y me ha dicho que no. ¿Qué se hace en estos casos? ¿Cómo que no lo sabe? ¿Que no hay precedentes? ¡Grrr! ¿Quiere que le largue a usted o qué? ¡Ya hablaremos!


El director colgó dando un porrazo y se dirigió a Escafoides:


- Vaya, Escafoides, confieso que nunca se nos había dado esta situación, que le dijera a alguien que se fuera a la puta calle y me dijera que no. No entra en mis coordenadas mentales, así que no sé qué hacer.

- Pues no me pienso ir.

- ¡Venga, hombre! ¿Qué es usted, un anarquista? ¡Piense en sus hijos!

- Yo no tengo hijos.

- ¡Pues en los míos!

- Usted tampoco tiene.

- ¡Piense en el bien de la empresa!

- Y una mierda. Yo no me pienso pirar.

- ¡Grrrr! ¡Esto es altamente irregular, Escafoides! ¡Vuelva a su puesto! ¡Tendré que despedir a otro que dé menos guerra!


¡Demasiado tarde! La estrategia de Escafoides corrió como la polvora entre todos los empleados y así, cuando llamaban a uno y le decían que se fuera, decía que no. Y la empresa estaba confusa y no sabía qué hacer, a ver qué hace uno en este caso, si nunca había pasado. Y don Flatulencias se tuvo que joder. Y ojalá esta historia pudiera ser verdad.

domingo, 8 de marzo de 2009

Portadas que me gustan


Me encanta esta portada. Tiene “sabor”, je, je. Jimmy Smith delante del restaurante Kate´s, en la calle 126, en Harlem, cerquita del famosísimo Apollo Teather. ¡Si las paredes de ese restaurante hablaran, cuántas historias de música y músicos nos contarían!


Foto de Francis Wolff, diseño de Reid Miles. ¿No es esto felicidad?

viernes, 6 de marzo de 2009

Historia de los funcionarios lituanos, o el materialismo al cubo

Pues me contaron que esto sucedió en Lituania, allá por los años 50. Sabido es que en Lituania siempre hace frío y nieva, y en los años 50, no me preguntéis por qué, hacia todavía más frio y nevaba más. Le podéis preguntar a Al Gore.


Pero bueno, decía que un día, que hacía un frío del copón y nevaba mucho, caminaba el funcionario Batracius Dondelinger (en la foto, con casco) por la calle de Doñav Rogeliav hacia su trabajo. Hay que decir que Batracius pegaba sellos en los documentos en el Ministerio de Chorinización y Judiandas del Pueblo. Llegó a su mesa y se encontró con que ya estaba por allí su compañero Violín Lamelauzis, cuyo trabajo consistia en despegar sellos de los documentos.


- Salud, camarada Lamelauzis. ¿Cómo estás?

- Salud, camarada Dondelinger. Pues la verdad es que tengo frío. ¿Y tú?

- Yo también. Y, además, tengo hambre.

- Pues yo tengo sueño. Y sed.

- Pues vaya plan, camarada Lamelauzis.

- Algo falla, camarada Dondelinger. Si el Estado proveyera a nuestras necesidades, no tendríamos tantas, digo yo.

- Desde un punto de vista materialista y dialéctico, así lo creo, camarada Lamelauzis.

- Hablemos con el camarada Burocraitis para exponerle nuestro caso.


Y allá que se fueron, al despacho del camarada Burocraitis, ya que este era burócrata de segunda, mientras que Batracius y Violín lo eran de tercera.


- Camarada Burocraitis, querríamos discutir unos asuntos importantes de práctica política. Resumiendo, que esto es un asco.


A lo que respondió el camarada Burocraitis:


- A mí dejadme en paz, que no es mi santo.


Esta respuesta dialécticamente poco ortodoxa alienó bastante a los funcionarios Dondelinger y Lamelauzis.


- ¿Qué podemos hacer ahora, camarada Dondelinger?

- La huelga es el arma del proletariado, camarada. Propongo que no demos ni chapa hasta que nos hagan caso.

- Pero, camarada, si vivimos en la dictadura del proletariado y somos, a su vez proletarios, si hacemos huelga, ¿no la estaremos haciendo contra nosotros mismos?

- Bueno, pues haremos huelga contra nosotros mismos hasta que nos hagamos caso.

- ¿Y no será peligroso, camarada Dondelinger?

- Camarada Lamelauzis, yo, con lo jodido que estoy, casi me apunto a unas vacaciones pagadas en Siberia.

- ¡Hombre! digo, ¡camarada!, pues también es verdad.

- Pues hala, vamos a no dar chapa.


Y los funcionarios Dondelinger y Lamelauzis se pusieron en huelga. Pero como el trabajo de uno consistia en deshacer el del otro, el ponerse en huelga lo único que provocó fue una espectacular subida de la productividad, por lo que el Estado les concedió un par de palmaditas en la espalda y la Medalla Insigne Al Mérito En El Currele, que lo que hicieron los funcionarios fue comérsela sin más, porque tenían una gazuza auténticamente eslava.


Esta falta de respeto patriótico les valió a los dos unas vacaciones pagadas de 20 años instalando semáforos en el Círculo Polar Ártico, que les decepcionaron un poco, porque no eran como en el folleto.


Y eso fue lo que pasó, más o menos.

jueves, 5 de marzo de 2009

Portadas que me gustan

Esta me la recordó el otro día el amigo Armando. Sencilla, rotunda en su mensaje, y con un poquito de sentido del humor, je, je.


Podéis pinchar en la imagen para verla más grande, resalaos.


- ¡Y podéis dejar algún donativo, tacaños!


Disculpar esta intervención extemporanea de mi loro, Puto Bocazas, que siempre mete baza aunque nadie le pregunte. Aunque el caso es que tiene razón, qué coño. Aflojar algo, que tengo que comprar güiski para loros.